GENARA Y SOBRI: ¨De Chicho a las Mamachicho¨

Miguel Villa

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—Sobri, mingita pollino.

—No me entero.

—¡Ay, qué hombre este, nunca que entera de ná! Que me aburro sobri, que la tita se aburre más que Bigote Arrocet buscándose una arruga. ¿Te has fijado en el tío cenutrio? Tiene la cara más estirada que el preservativo de un elefante. Que como lo tenga todo igual… Así está la Campos de gozosa. Porque esa goza, fijo. ¿Y las farmacéuticas del barrio? ¡Se estarán forrando!

—¿Tú crees que Edmundo la descoyunta cada noche y ella se gasta un pastizal en analgésicos para el dolor articular?

—¡Ni que estuviera chalá! En viagra, jomío. Ese hombre ya tiene una edad y si no utiliza ayuda farmacológica… Porque la tita la ve muy mujer y dudo de que se conforme con uno los sábados. Esta va a ser de uno cada mañana y dos si me da la gana. Así que el pobre tendrá que andar todo el día con el piticlín en presenten armas. Ya ves: empezó haciendo charlotás en la tele y termina comiéndole la charlota a una de la tele.

—¡Tita!

—¿Qué pasa, jartino? Soy una mujer de mi tiempo, lo del misionero ya pasó a la historia. Para disfrutar del asuntillo sexual no hay postura menos pecadora ni edad, acuérdate de la duquesa. Además, menos pecado son dos buenos tracatrás que llevarse el dinero del ciudadano a un paraíso fiscal. Eso sí que tenía que estar castigado con el infierno eterno y no toquetearse un poco una calurosa noche de verano. ¡Virgen de la tempestá, si te sobas algo el chichi, tu alma a las llamas va! ¡Santa Juana la lagarterana, si lo más normalito que ha tenido el clero católico era el padre Mundina, que se dedicaba a abonar las plantas en la tele! Los demás van de amenaza en amenaza. Que te echas una amante, pues al infierno de cabeza; que te tocas en la ducha, pues a las llamas; que se te corta la mayonesa, pues también condená por si acaso. ¡El caso es tocarnos las teresas! Porque, claro, la condena parece ser inventada para las mujeres. Los hombres no, ellos solo van al infierno si matan salvajemente o algo. Maltrato, borracheras infames y demás taras mentales pasan desapercibidas para Belcebú. ¿Y los que obligan a huir con sus asquerosas guerras a la población, son condenados al infierno? ¡No, jomío, no! Ha dicho uno con sotana, de cuyo nombre prefiero olvidarme, que eso es una invasión y que no son trigo limpio. ¡Claro, carapeo, trigo limpio son todos los que habéis tenido que apartar del cargo por dedicarse a tocar los cuerpos que no debían! La tita comprende que hablen del trigo porque ellos del sucio saben un rato largo. ¡Por Santa Chinita, la descalcita, si huyen con lo puesto y los niños en brazos! ¿Cómo van a atacarnos, a biberonazos? Esto con la fe católica, con las otras no sé porque las desconozco. Pero dudo que sean más permisivas.

—Ahora comprendo que estés aburrida de la vida, con las aberraciones humanas que nos acechan…

—No, jardino, no es eso, es la tele.

—Claro, sacan esas imágenes de miles de personas huyendo y se te parte el alma.

—Sí, pero no.

—Otra vez, que no me entero.

—¡Ay, qué sobri este! Que sí se me parte el alma, pero no es eso lo que me aburre.

—Me lo explique.

—¡La tele, jartino, que es una porquería! La tita no encuentra nada que la entretenga. ¿Hay derecho a que tengan tantos canales para que te repitan la misma cosa una y otra vez? ¡San Alcanfor el alfabetizador, si he llegado a aprenderme diálogos completos de “La que se avecina”! ¡Estábamos mejor cuando teníamos solo dos canales! Aquella sí que era una buena tele y no la de ahora. ¿Recuerda el menejuelo lo primero que vio en la tele?

—Sí, claro. Llegué del colegio lleno de ilusión y comenzaba “Flipper”. Me encantaba.

—A la tita también le gustaba mucho. Aquel delfín era listísimo. Sabía de todo el tío golondrino, era como Punset sin la marañona de pelo.

—¿Punset te recuerda a un delfín?

—No, jomío, a un ornitorrinco. Una mezcla de muchas cosas que te convierten en un animal sosillo. ¡Donde esté una buena ballena…!

—Te veo muy puesta en fauna.

—Sí, jartino. Tanto documental de la 2 me está dejando a la altura del comandante Cousteau.

—¿Por lo entendido en fauna marina?

—No, jardino, encogía. Tantas horas de sofá no son buenas para mantener una postura erguida y aerodinámica.

—¿Aerodinámica?

—Sí, sobri, barriga abundante y tetas descolgás oponen mucha resistencia al viento. Me volvía loca “Mundo Marino” Aquel canijo recorriendo los mares, aquellas maravillosas imágenes de todos los peces habidos y por haber, aquella espectacular voz del narrador y aquellos ayudantes jovenzuelos que se llevaba el muy macareno, con su bañadorcito apretaito y t’ol pechamen pelúo a la fresca marina. ¡Me ponía…!

—¿Alegre?

—Más que Falete imitando a María Jiménez. Siempre me han puesto los hombres de torso velludo, donde hay pelo hay alegría. También me gustaba “El Hombre y La Tierra” ¡Lo que aprendimos del quebrantahuesos! Que nos ha venido de perlas para entender a Rajoy. ¡El caso es descangallarnos los huesos a base de recortes! ¿Y cuándo Félix fue a las Américas y casi se lo come una anaconda? ¡Me dirá el sobri que no pasó miedo!

—Sí, daba impresión verlo.

—Pues es lo mismito que la tita siente cuando ve a Montoso haciendo alguna gracieta.

—Mucha gracia no hacen sus comentarios.

—Pues igual que la anaconda. “Curro Jiménez”, esa sí que era una serie de las buenas. ¡Qué pedazo de hombretón! Trotando por Sierra Morena y la tita negra de no poder catarle. El Algarrobo no me gustaba tanto, era más de pueblo que las amapolas. Con cuerpo de leñador jubilao y cara de marido de “La Ramona”, poca revolución hormonal despertaba. El Estudiante sí, ese tenía dos o tres buenos pases. Pero mi Curro… ¡Ay, mi Curro!, siempre trabuco en mano, quitándoselo a los ricos para aliviar el sufrimiento de los pobres. ¿Quién va a hacer ahora de Curro Jiménez, Christine Lagarde y su fondo monetario internacional? Esa, en todo caso, protagonizaría “Los Miserables”. ¿Y aquellas maravillosas novelas en las que nadie osaría jamás decir papacito? Grandes obras y maravilloso actores. ¿Imagina el sobri a Carlos Baute haciendo de Papá Goriot? Pues la tita tampoco. Los “Estudio Uno” también eran espectaculares. Lo más laureado del panorama actoral pasó por la tele. José Bódalo, Elvira Quintillá, Ismael Merlo, María Luisa Ponte, Agustín González, Paco Rabal, Alberto Closas y tantos que saldría una lista interminable. Ismael Merlo era tan bueno que llegó a protagonizar en teatro “La Casa de Bernarda Alba” ¿Imagina el menejuelo a Mario Casas haciendo “Cinco horas con Mario”? Pues la tita tampoco, a no ser que haga el papel del difunto.

—A mí me gustaba “Skippy, el canguro”

—Y a la tita “Pipi Calzaslargas”. No sé por qué siempre que veo a Soraya Sáenz de Santamaría me acuerdo de ella. Es lo mismo que me ocurre con “Embrujada” y Esperanza Aguirre. ¿Recuerda el sobri “Un millón para el mejor”?

—No, la verdad.

—La tita tampoco, soy escandalosamente joven. Pero decían que era un concurso buenísimo. “Reina por un día” tampoco lo recuerdo. Supongo que si fuera hoy, lo ganaría María Dolores de Cospedal.

—Un concurso que me gustaba mucho era “Cambie su suerte”. Lo presentaban Joaquín Prat y José Luis Pécker. La primera parte era la típica de preguntas y respuestas, pudiendo optar a la segunda sección que era un espacio de variedades en el que también se podía ganar dinero. ¿Lo recuerda la tita?

—¡No me voy a acordar! Aún se habla de un escote hasta los pies que lució Rocío Jurado. Hoy sería ideal para que concursara Pedro Sánchez.

—¿Le ves con escotazo y tacón de aguja?

—No, jomío, más bien le veo de Lagarto Juancho. Lo digo por la suerte, mucha no le luce. Inteligencia, tampoco. “Los Chiripitiflaúticos” también era muy divertido. Con su Locomotoro haciendo equilibrios, la so lista de Valentina, el tontorrón del Capitán Tan y el soso del Tío Aquiles. ¡Mira, igualitos que el gobierno de Rajoy!

—“Cesta y puntos” me aburría.

—A la tita también. No era para nuestra edad y Daniel Vindel era tan culto que resultaba marisabidillo, algo que es difícil de perdonar en un hombre. La que me tenía enganchá era “Cañas y barro” ¡Virgen del santo camión, que pedazo de dramón! José Bódalo estaba impresionante y Manuel Tejada pa’ comerlo. Ahí prácticamente descubrimos a Ana Marzoa y Victoria Vera. De la primera nunca más se supo, Victoria Vera se convirtió en una gran actriz y también en un icono del destape televisivo en la época post-franquista. Con esta serie aprendió la tita que perchar no es colgar las camisas en el armario. Los conflictos personales y sociales que se reflejaban en ella hoy serían dignos de cualquier partido político. Del PP, sin ir más lejos. Aunque también en Podemos han tenido su “Tío Paloma”. Sobri, ¿qué habrá sido de Victoria Vera?

—Pues no hace mucho la vi en “Mira quien baila”

—Y, ¿qué tal?

—Bailando.

—¡Coñe, eso ya lo sé, ni que la tita fuera tonta! Digo ella en su mismidad.

—Tan bella y elegante como siempre. ¿Te gustaba “Los Gozos y Las Sombras”?

—¡Uf, otra serie que me tenía enganchaísima! Carlos Larrañaga más malo que un dolor de chichis y la dulce y calentorra Charo López. ¡Qué mujer, toda ella era una constante incitación a la lujuria! A la tita, lo que la tría loca perdía era “Historias para no dormir”. ¡Virgencita de la faba, la tita se cagaba! Era ver aparecer a Narciso Ibáñez Menta y aliviarme sola. ¡Qué hombre, qué voz, qué careto! Hacía de malvado como nadie. Que me decía mi madre “nena, acuéstate o luego tendrás miedo en la cama”. Y la tita callaba por prudencia pero pensaba: ¡Coñe, acuéstate tú cuando dan “Señoras y Señores”, que luego sueñas con el Ballet Zoom y te despiertas toa mojá! Siempre veíamos la tele juntas. Papá hace tantos años que falleció que llegué a pensar que mi madre había nacido viuda. A mamá le encantaba Paco Valladares. ¡Qué hombre, era capaz de recitar “La Chica ye-ye” con todo el sentimiento! ¡Ay, jomío, ya no quedan actores como aquellos! ¿Imagina el sobri a Elsa Pataki haciendo de Teresa de Jesús? Pues la tita tampoco. Esa fue otra serie llena de talento. Concha Velasco estaba genial y la ambientación no tenía tacha. No era necesario ser creyente para dejarse llevar por la gran historia que se contaba. Aunque en algún momento la tita creyó sentir la llamada.

—¿De la fe?

—¡Home, no va a ser de Vodafone! Esos solo llaman para joerte la siesta. ¿Y la Eurovisión, sobri? ¡Menudo tostón!

—Ya, yo me dormía.

—Y media España, jomío. Mira que han ido buenos cantantes. ¡Y con orquesta en directo! No como ahora que la música es enlatada, pero… tostón me parecía, tostón me sigue resultando. No puedo con ella, el “guayón iní, de puan” me sigue poniendo mala. Esto va a ser envidia o algo, nosotros teníamos que haber ganado todas las ediciones y con Rosa, dos veces. ¡Que se joan! Cada vez que veo cómo nos ningunean en las votaciones, me acuerdo de la madre del topo.

—¿La señora Gigio?

—No, topota madre.

—“625 Líneas” también era un buen programa.

—Sí, jartino, nos alegraba la tarde del domingo. ¡Y ya había llegado el color! ¡Coñe, que nos enterábamos de todo lo que darían durante la semana! Claro que, de aquella, teníamos dos cadenucas. Si lo emitieran hoy, estarían tres días para relatarnos la de veces que van a repetir “Aquí no hay quien viva”. Era buena serie, pero, jardino, de tanto repetirla, estoy deseando que los rematen a todos. Que la tita no sabe si es falta de imaginación o deseos de explotar a la gallina de los huevos de oro. ¡De cemento tengo yo los ovarios de aguantarles! “Crónicas de un pueblo” también tenía su aquel. ¿Lo recuerda el sobri zalamero?

—Claro que sí. Contaba la vida cotidiana y problemas de un pueblo de Castilla.

—Sí, jomío, con las fuerzas vivas de la época: cura, maestro, alcalde y cabo de la guardia civil. ¡Vamos, los que antes lo mangoneaban to! Afortunadamente los tiempos han cambiado y ahora solo nos mangonea el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y cualquier soplagaitas con dinero y ganas de tocarnos la ídem en la bolsa. No es que fuese una serie para quitarse la braga, pero entretenía lo suyo. Algo así se tenía que emitir en México.

—¿Eing?

—A ver si así Enrique Peña Nieto se entera de cómo es el país y sus costumbres. Dicen que es un ignorante de mucho cuidao. Comenta la gente en las redes sociales que no sabe situar nada en el mapa. Parece ser que Cantinflas era muchísimo más espabilao. El personaje, no el actor. ¡Bah, se ve que está ocupadísimo acompañando a su estrafalaria señora a almacenes de desguace de moda!

—¿Viste mal?

—¡Uf, peor que la cerdita Pegyy! La tita ha visto a vendimiadoras con mucho más glamour. El caso es que él es guapete. Con cara de tonto, eso sí. Lo que no sé es si esa cara de fumao ya le venía de serie o se le puso cuando se les escapó El Chapo Guzmán. Hay que tener valor para no enterarse de que están construyendo un túnel bajo la ducha. ¡Y eso que era una prisión de máxima seguridad! Esta debe de ser la herencia que les hemos dejado.

—¿La falta de medios?

—No, jomío, la de la chapuza propia de Pepe Gotera y Otilio.

—Te veo muy puesta en el tema mexicano.

—Sí, jartino, la tita es una mujer de su tiempo y le gusta estar informada de lo que ocurre en el mundo. ¡Y ahora que voy a tener un enviado especial en la zona…!

—¡Qué me estás contando!

—Sí, vinagrito, un informador de primera mano para mí solina. El marido de una conocida, que se va a México a trabajar. ¡Pobre hombre, me da cosa de él! Es tan bueno, tan amable, tan dulce… Ella no, ella es una lagartona de mucho cuidao. Esa, a la media hora de partir el marido, ya se estará destrozando viva con las bolas chinas. Ya sabes que a la tita no le gusta hablar, pero dicen de ella que le gusta un revolcón más que a Juan Carlos una buena cacería.

—¿Insinúas que es ninfómana?

—¿Yooo…? ¡Santa Nerea que no menea me libre! Eso sí, pilingui, fijo. Con su marido, pero pilingui.

—La has puesto tibia en un momento.

—¡Qué dices, caracandao! La tita la adora, no la soporto, pero la quiero con devoción mariana. Por La Virgen, digo, no se vaya a pensar el sobri que la tita babea cuando ve al presidente en el plasma. A ver, para una oportunidad de vacacionear en los caribes no voy a buscarme una enemistad.

—¿Te ha invitado a su casa?

—Sí, jartino, a Cancún.

—¿Y la pones verde?

—La tita no se vende por un viaje al paraíso. Como máximo, la besaré, agradeceré todas sus atenciones y respetaré al marido. Otra cosa es que él no me respete a mí y tengamos un aquel. Tiene su puntito el medio kilo. ¡Es tan cuqui! Dicen que tras ese cuerpito de miniyo se oculta una tomasona…

—¡Pero, titaaa!

—¡Coñe, que la tita bromeaba! ¡Ay, qué hombre este, no pilla una broma ni haciéndole un esquema! El sobri debería visionar los antiguos programas de Nochevieja, a ver si con las apariciones de Martes y Trece le va cogiendo el puntito a la cosa humorística. Aquellos sí que eran programas. ¡Coñe, si hasta llegaron a emitirlo en directo! Que la tita recuerda a Mayra Gómez Kemp dándose una guarrá de las buenas. ¡Qué gran presentadora! Ella y Jordi Estadella fueron los mejores presentadores del “Un, Dos, Tres” que Chicho jamás pudo soñar. Fue un concurso familiar irrepetible. La cosa comenzó con Kiko Ledgard como presentador y Valentín Tornos como Don Cicuta. Aquel Cicuta que hacía Valentín era una auténtica genialidad. Era una crítica irónica y sutil de los representantes más puritanos, pedantes y arcaicos de la época llevándoles hasta el esperpento. Don Cicuta se oponía al libertinaje que comenzaba a asomarse en la tele y se empeñaba en que nadie sobrepasase los límites de la decencia, el buen gusto y la austeridad. Era como Rajoy, pero con traje de enterrador. Dicen que sacó al actor del olvido para encumbrarle. Es lo que tiene la tele, si destacas, te lleva a la popularidad en dos chuminetes.

—Yo deseaba que llegase el sábado para ver “Aplauso”.

—¡Virgen del tafetán, ahora me dirá el sosoman que le enloquecía “La juventud baila”!

—No, tita, era el conjunto del programa. ¿Qué insinúas, que soy más soso que un chotis con Esperanza Aguirre?

—¿La tita? ¡Líbreme San Nemesio, el adefesio! Aunque el sobri reconocerá conmigo que bailando no es Giorgio Aresu. En cuanto al programa, la tita está de acuerdo con el sobri. Fue el mejor espectáculo musical de todos los tiempos. No hubo artista que no pasase por él. ¡Coñe, si hasta salieron los niños de “Verano azul” haciendo el gorila!

—¿Esa no era Melody?

—No lo digo por eso.

—Pues tampoco lo pillo.

—Lo deje el sobri, ya sabe que el humor de la tita es solo para inteligentes. Qué guapísima salía Silvia Tortosa de presentadora y que buenas imitaciones hacía. Lo único… bah… por decir algo… que hubo una temporá que teníamos a los de Abba hasta en la sopa. No sé si es que se habían sacado un bono o que aprovecharon el viaje para grabar hasta cuando se lavaban el fandango y así amortizar la cosa. Porque ese programa ¡tuvo que costar un pastizal!

—Pues, no sé.

—El resto de España tampoco, sobri. En aquella época no se rendían cuentas del gasto. Bueno, tampoco es que ahora… De no ser por la prensa, no nos enteramos de que los sobres aún están en uso.

—Ya, ahora nadie escribe.

—¡Déjalo, sobri! Ya no quedan programas musicales, ¡ni uno! Exceptuando “Qué tiempo tan feliz”, claro. Pero ese no cuenta, ahí solo van las viejas glorias a recordar su pasado. Porque presente tienen poco y futuro… Que el otro día salió Camilo Sesto y me puse mala.

—¿De la alegría?

—No, jomío, de la impresión. ¡San Camilo de Ottox que me puso gratis Botox, está irreconocible!

—¡Claro, el tiempo no perdona!

—Sobri, tú… Un niño, jomío, ¡parecía uno de “Los niños del maíz”! Que al principio pensé que habían despedido a la Campos y estaban emitiendo “El curioso caso de Benjamin Button” Pero no, jardino, ¡era él! Con doscientos años menos, la nariz de un mochuelo enamorao y una expresión en la cara que no parecía ser de este mundo. ¡San Pere el Leoncio, casi me da un soponcio! Que no fui la única sorprendía, estaba Teresa Campos apretada en la silla que no se atrevía a soltar un peillo por si el cantante se le desmontaba como un Mister Potato. ¡San Jalapeño, el norteño, tuve más pesadillas aquella noche que cuando veía “Mis terrores favoritos”! No me sentía así desde la primera emisión de “300 Millones”.

—¿Veías ese programa? ¡Pero si lo daban de madrugada!

—¡Claro, jomío, la tita lo veía todo… para luego criticarlo! Siempre quise ser la Ferrán Monegal con dos buenas tetas. Ya sabe el sobri que mis melones… Hablando de melones, los de Sabrina Salerno, bate que bate, en una gala de Nochevieja marcaron una época. Hoy los únicos que vemos son los recauchutados de Paz Padilla en las Nochebuenas de Tele 5. Esta mujer tendría que hacerse unos retoques o algo, no puedes tener unas tetas de 25 años y los canales de Marte en las comisuras de los labios. ¡Mujer, sé coherente! O joven o envejecía, pero las dos cosas juntas, ¡no, jartina, no!

—¿Recuerdas “Noche de Fiesta”? Eso sí que era para darlo a gritos.

—No me lo recuerde el sobri. ¡Qué programa, señor, que programa! Un hipnotizador que no hipnotizaba, unos cantantes que no cantaban y unas presentadoras que no se hablaban. Lo que nunca llegué a entender era lo de los desfiles en bañador. ¿A qué fin, al de mostrar la mercancía? ¡Santa Nacha, que manera de enseñar cacha! A veces pienso que la calidad en imagen que ganamos con el color la perdimos en contenidos. Porque “El hotel de las mil y una estrellas”…

—De ese no me acuerdo mucho.

—Era una chuminá que presentaba Luis Aguilé. Lo único que se salvaba era una maravillosa escalera que formaba parte del decorado. ¿Te puedes creer que en lugar de retirarlo por rancio lo liquidaron por un falso desnudo de Eva León? No se quitaba ná, todo estaba al servicio de la imaginación del espectador. Se ve que el censor de turno se había levantado palote aquella mañana. Otra cosa, la tita no se explica.

—“Sumarísimo” también era malo con ganas. Otro invento de Lazarov. Cogían a famosos, llegaron a juzgar a doña Rogelia, y los sometían a un juicio sumarísimo que no tenía sentido. Era mediocre, vulgar y chabacano. Lo único que merecía la pena era Nené Morales.

—La tita recuerda a esa señorita, ¡qué mona era la jodía! Luego se hizo famosa anunciando unos estropajitos de níquel. ¿Y lo de “La hora de…”? ¡Santa Antolina, la más tontina, qué horror! Unos escenarios naturales sin ninguna relación con lo que se cantaba, unos bailarines que se descoyuntaban y el zoom de Valerio que nos ponía la cabeza como un bombo. ¿La hora de? Sí, de cortarse las venas con la segaora.

—“Verano azul” fue una buena serie.

—Sí, sobri, pero cometieron dos errores. El primero matar a Chanquete. ¡A quién se le ocurre! ¿No lo podían haber mandao a Suiza con una buena cuenta opaca? No, jomío, era mejor liquidarle y joernos vivos. ¡Mareee… aquel domingo lloré más que cuando se me murió el grillo! Lo tenía en una jaulita de plástico blanca y roja, Tomasito le llamaba. ¡Qué bicho más feo! No se le ocurre mejor cosa que ahogarse en un vaso de güisqui, ¡mi primer güisqui! Que estuve traumatizá durante años, por eso me hice abstemia.

—Mira, te sirvió para apartarte de la bebida.

—Sí, jomío, no hay mal que por bien no grille.

—¿Y el segundo error?

—¿Cómo dice el menejuelo?

—Decías que con “Verano azul” cometieron dos errores y solo enumeraste uno para terminar llorando por el grillo de los webs.

—¡Ah, sí! Repetirlo, sobri, año tras año, ¡hasta la saciedad! Llegué a desear que se fueran todos por un barranco, bicicleta incluida. Todavía es el día de hoy que oigo el silbidito de los pompones y siento deseos de estrangularme con la batamanta. Luego recuerdo a los peperos en bici y se me pasa. ¡Que se estrangulen ellos con los tirantes de Aznar!

—¿Usa tirantes? Yo pensaba que solo utilizaba su mal café para dar la nota.

—¡Home, supongo que Fraga se los dejaría en herencia! ¿Cuántos programas infantiles hay ahora? Dime, sobri, ¿cuántos?

—¿Ninguno?

—Así está la juventud: agilipollá con los videojuegos. Nosotros crecimos con María Luisa Seco y Los Payasos de la tele y bien lustrosos y espabilaos que salimos. Me destetorraba viva con “El Monstruo de Sanchezstein”. Incluso fui una vez al instituto de investigación nanomolecular…

—¿Eso existe?

—No sé, sobri, no interrumpas a la tita cuando está desvariando.

—Disculpe, su Altagracia.

—Pues eso, que fui en busca de un marido así.

—¿Querías un marido monstruoso?

—No, jardino, uno al que le dijera “Luis Ricardo, cantidubi, dubi, da” e hiciera lo que a mí me saliera del chichi.

—Y, ¿qué tal?

—Me miraron muy malamente. Yo creo que fue envidiosa y de la gorda porque a la tita se le ocurrió primero que a ellos. ¡Les den dos chuminos negros! , ya me haré yo uno con cuatro alambres y el motor de la tostaora. “El Circo de TVE”, ese sí que fue un programa de éxito durante años. Empezaron cantando “Susanita tiene un ratón” (yo también tengo uno que hace años que no come y… bueno, este es otro tema) y acabaron con “Dale, Ramón, chuta más fuerte para ver si metes gol” (entera, quisiera que me chutaran a mí, ¡entera!). Otros crecieron con Leticia Sabater y así terminaron.

—¿Estrábicos?

—No, jomío, ninis enteros, una generación perdía. ¡Y estériles!

—¿Tú crees?

—¡Home, seguro que fue oírla gritar “al mediodía, alegría” y cortárseles la nata! Siempre que esa mujer sale en la tele, dan ganas de cortarse algo. La última vez que la vi explicando con todo detalle cómo se había recompuesto el himen, sentí deseos de cortarme las venas con la nariz de Rossy de Palma. ¡Qué se ha arreglado el chichi! Pero, carabandurria, ¿qué pasa, que lo tenías dao de sí? Pues será de darte con el palo de la fregona porque no creo que se te rifen los hombres. ¡Que si el miembro era grande, le hacía daño! Pepino te aconsejaron como alivio, jamía, pepino y no calabacín. ¡Que volvía a ser virgen, clamaba! Pues qué bien, elevaremos plegarias a Santa Lucía de la cabeza vacía y a San Paco, nunca cato un aparato. ¡Hasta los dibujos animados de antes eran mucho mejores!

—Sí, me divertía mucho “Don Gato”.

—¿De qué iba?

—No recuerdo, pero me gustaba mucho.

—No te acuerdas.

—Pues no.

—Pero te gustaba.

—Pues sí.

—¡Tócate los bimbollos! “Los Picapiedra”, esos sí que eran dibujos instructivos. ¡Coñe, hasta te enseñaban cómo usar un elefante pequeñín si se te estropeaba el aspiraor! O como utilizar un pájaro carpintero para escuchar el nuevo disco de Malena García. Que me acuerdo que fui un día al zoológico y…

—¿Tuviste el atrevimiento de pedirles un pájaro para oír el último éxito de Lolita?

—¡Ni que estuviera rematá! Esa hace más de veinte años que no graba ni el “Hola, don Pepito”. Fui a distraerme y al pasar por el recinto de los elefantes me encuentro con que un mamotreto estaba recogiendo con una pala la caca elefantina. ¿Sabe, el sobri, los mojones que suelta un elefante adulto? ¡Virgen del Rocío, que poderío! ¡Pero si la montañona era más alta que Pablo Motos! Total, que le dije al mediohuevo: oiga, don usted, ¿por qué no coge un elefante por la cola y lo usa para aspirar la cagaona? ¿Se puede creer el sobri que el tío Iscariote hizo intención de insultarme? Menos mal que la tita es de reacciones rápidas y antes de que saliera de aquella bocona un exabrupto, le metí la docena de plátanos que llevaba para los monos. Sobri, contén esa respiración de orco, la tita no piensa contarte cómo reaccionaron los primates al verse sin merendola.

—¿Viste unos dibus llamados “Vaca y Pollo”?

—Sí, jomío. ¡San Juan de los mondongujos, vaya dibujos! Aquella vaca con todas las tetonas por delante liándose a chorro limpio de leche contra el pollo. ¿Eso qué enseña a los niños, que aparte de llover café en el campo, también puede llover leche en la pollería? Mira, sobri, la tele ya no es lo que era. Todo iba más o menos bien hasta que llegaron las privadas. Comenzaron a emitir y se jodió el invento. Porque lo de “Las Mamachicho” y aquella cancioncita… Vamos a analizarla.

—No, gracias.

—Sobri, no contradigas a la tita.

—Si es que…

—He dicho que analizamos esa mierdaletra y la analizamos.

—Lo que diga la tita.

—Veamos: “Tócame Chicho si mamá no mira porque si nos ve no nos va a dejar. (Normal, no querrá ver a su hija como una pilingui cualquiera). Tócame Chicho si mamá no mira porque si nos ve nos va a hacer casar. (¡Ay, que me escogomorcio viva, a ti no te casa ni el padre Apeles!) Mamá, Chicho me toca (¡Claro, lo vas pidiendo a gritos!) me toca cada vez más. (Esto ya parece vicio) Mamá, Chicho me toca, me toca, me toca… Defiéndeme tú” (¿Defenderte, de qué? ¡Si llevas deseándolo desde que empezaste a mover las plumas del culo!) ¿Tú crees que esa chuminá da imagen de cadena seria? Pues, jomío, fue la insignia de la cadena durante años. Además, la rima es penosa, yo creo que quisieron decir “Chicho, tócame el chichi” y no se atrevieron. ¡Home, algún programa se salva, pero la mayoría…!

—¡“El Hormiguero” está muy bien.

—¿Te puedes creer que una vez me llamaron?

—¿Del programa de las hormigas?

—Sí, jardino. ¿Has visto que carita de habichuela tiene el presentador? ¡Ay, qué poquita cosa! Un revolcón con él tiene que dar menos gustito que dormir con un Gusiluz. ¿Y despertarse y encontrártelo roncando, con los pelillos tiesos y esa expresión de pistacho pasado de tueste? Eso tiene que destrozar la libido más que ver a Pablo Iglesias con la melena el viento. Ya sabes que tienen un concurso en el que preguntan “¿sabe usted qué es lo que quiero”? y si contestas “regalarme el coche del hormiguero” te dan un cochazo. ¡Con las ganas que yo tenía de que me tocara algo! Escribí al de Nescafé (ya sabes que la tita tiene la tensión más baja que Alaska sin tacones y si no me tomo mis buenos cafés, no puedo con las tetorum), al de Avecrem (que no sé ni lo que sortean, pero siendo gratis, como si es una gallina clueca), al de La Central Lechera para apadrinar una vaca (es que me acordé de la puji y…) y hasta al de Los pingüinos susurradores. Y nada, oye. Ya en su tiempo quise ir “Al precio justo” ¡Coñe, desde casa lo acertaba todo! Lo que no tenía muy claro era lo que haría si me tocaba el escaparate completo, helicóptero incluido. Pero bueno, la tita es una mujer de recursos, ya vería la forma de colocárselo a algún ayuntamiento. Pues me contestaron oye, me pidieron currículo y foto. Lo mandé y hasta hoy. Yo creo que se asustaron con la foto.

—¿Qué pasó, mandaste una recién levantada?

—¿Está el sobri llamando bruja del amanecer a la tita? Pues se equivoca el cenutrio, la tita tiene un despertar de hada del paraíso. Yo creo que les asustaron los melones.

—¿Les mandaste una foto de la frutería? Claro, pensarían que te confundiste de concurso y que lo que pretendías era participar en alguna tontería con Arguiñano.

—¡Desde luego, sobri…! Era una foto de medio cuerpo, que llevaba una blusa monísima algo escotadilla. ¡Bah, pensarían que mis titas iban a poner a la audiencia más caliente que Pedro Sánchez a Susana Díaz!

—¿Tú crees que la hace arder?

—Sí, jartino, de rabia. Y a este concurso, que no había ni que escribir… ¡Mira que no habrá gente a la que llamar! Pues llaman a la tita.

—¿Has ganado un coche? ¡Vaya suerte que tiene la menejuela! Pero, ¿tienes carné? Pues cuando fuimos a Galicia no hiciste intención ni de bajarme la ventanilla. ¡Claro, era mejor conservar las energías para soliviantar a los agentes de tráfico!

—Se detenga el sobri, que patina. La tita no conduce nada excepto el carrito del mercamoñas. ¡Y mi trabajito me cuesta! Que mal hechos están los jodíos, no hay manera de que vayan recto. Que el otro día no atropellé a una anciana porque le lancé una bolsa de magdalenas. Ya sabes cómo es la ancianidad: no pueden con la cadera pero pierden la dentadura por cualquier chuminada que sea gratis. Se tiró la tía a atraparla como Casillas en sus tiempos mozos.

—Si no conduces, no sé para qué quieres coche.

—¿Qué coche?

—¿No acabas de decir que te tocó un coche en la tele?

—Sí, bueno… no

—¿En qué quedamos?

—Que me puse tan nerviosa, ¡coñe, no encontraba el sujetador y no era plan de salir en la tele con la teta ombliguera!, que les respondí “lamerme las nalgas y el ojo entero” ¿Qué quieres, sobri? Tengo una edad muy mala.

—Supongo que de esa cadena jamás te volverán a llamar, estarás en la lista negra.

—¡Mira cómo lloro! ¿De dónde me iban a llamar, de “La Ruleta de la Tontuna”? A ese concurso no va la tita ni harta de amoníaco. ¡Qué malamente me cae el presentador! Le veo tan prepotente, tan macho alfa, que me saca de mis tetillas. Ya cuando salía en “Esta casa era chumina” no podía con él. Cuando aparecía, maza en mano, dando gritos y golpeando los muros, me recordaba a un Gorila con falta de sexo. ¡Qué pena de hombre, con lo buenorro que está y lo echa a perder en cuanto mueve una pestaña! Antes voy a “Saber y Ganar”, si es que consiguen desembalsamar al presentador. Dicen que hizo caput cuando Nefertari tuvo su primer período y desde entonces lo tienen metido en salmuera. Que le olerá lo de abajo…

—¿No te gustaba “Farmacia de guardia”?

—Sí, jardino, me encantaba. ¡Menudas risas que me echaba con el marido de la farmacéutica! Eso sí era un picaflor y no Ortega Cano. La que nunca entendí fue “Los ladrones van a la oficina”. Mira que salían buenísimos actores, pero la tita nunca le pilló el puntito.

—En lo que hemos avanzado mucho es en la información meteorológica, ¿no le parece a la tita?

—Sí, jomío. Antes aparecía Mariano Medina con una mierdamapa y no daba una. Si te decía que habría borrasca, ya sabías que podrías ir a la playa con total tranquilidad. Ahora tienen unos medios técnicos que me dejan muerta en la bañera. ¡Mare lo que aciertan! Te dicen que va a llover a las cinco y veinte y antes de las ocho ya aparece la primera nube. Lo que no termino de entender es la actitud de Roberto Brasero. ¿Por qué siempre sale corriendo y se va con la misma prisa? ¿Adónde va? ¿Ha dejado la cena en el fuego y teme que se le pase de cocción? Esto va a ser cosa de las hemorroides, saber que la gente está deseando que te pires para que salgan las hormigas tiene que escocer mucho el culodatrás.

—¿Tú crees que hay celos profesionales?

—¿En la tele? Más que en la familia Flores, acuérdate de los líos entre tía y sobrinas por un vestidito de nada. A mí lo que me tiene totalmente esmenejuelá es “Gran Hermano” ¡Con lo que me gustó la primera edición! Pero, jardino, después de tantas… ¿De dónde sacan a esa gente? ¿Qué hacen, un casting para encontrar a la flor y nata del frikismo? ¡San cipote de Tolomeo, que pedorreo! A ver, que el otro día estaba una exconcursante (no me extraña ni un chumino que la expulsaran) relatando con todo lujo de detalles como se limpiaba el ojete. Decía, la muy homínida, que se pasaba de veinte minutos a media hora, dedo enjabonao, dale que te pego para dejarlo más lustroso que los baños de Isabel Preysler. “No sabes, decía la atapuerquense, lo que sale de ahí” ¡Claro, jamía, es la cloaca! ¿Qué esperabas encontrar, diamantes? Lo siento por Mercedes Milá, siempre me ha resultado más grata que un chuletón con patatas, pero su programa ha decaído más que la vida social de Espinete. ¡Santa Juanola, la tontorola, si lo más educativo que tiene esa cadena es “Sálvame”!

—Tita, ¿a ti te parece que se aprende algo viendo ese programa?

—Sí, jomío, a vivir del cuento. Los que van de invitaos no rascan bola desde que Judas fue de cena, se puso potranco y nunca más le invitaron. Se pasan todo el santo día de chisme en chisme. Comienzan con Ana Rosa (muy fina, muy elegante, muy periodista, pero ahí tiene su sección de mamarrachás chismoseras) y siguen hasta la madrugá. ¡Está la Luna que bota fume!

—¿Eing?

—Sí, sobri, antes le pedían un amor o algo, ahora le piden entrar en “Mujeres y hombres y chichiversa”. Otros que… ¿De dónde los sacan, de “Para qué buscar trabajo si uso bien de lo de abajo”? ¿Y lo del polígrafo? Eso es para darlo a gritos con chichas apretaitos. Va una, que tú te dices “¡Ay, jamía, escrito lo llevas en la tetería!” y le preguntan “¿es verdad que ayer saliste sin bragas y las flores se mustiaban?” Y ella, con cara de no haber visto una fregona de cerca en su vida, dice “no”. El presentador, recolocándose los michelines, pregunta a la reina del cableao “Conchita, ¿qué dice el polígrafo?”. Y ella, tragando saliva, que por gana preferiría que se la tragara la tierra, responde “que miente como una perra”. ¡Y la invitada se hace la ofendía! ¡Tócate los golondrinos! ¡Pero, jartina, si hasta Rompetechos sabe que mientes!“Adán y Eva”, sobri.

—Sí, dicen los católicos que son nuestros primero padres, pero no sé yo cómo encajar al hombre primitivo en esa historia. Porque no es una leyenda más, tenemos multitud de restos encontrados. Siempre podrán decir que no eran humanos, que se extinguieron y que nosotros llegamos después. Si es que… puestos a darle la vuelta a todo…

—¡Echa el freno, madaleno! La tita habla del programa de la 4. ¡Mare, mare! Tiran a dos en una isla, ¡en bolas! Ella con las tetas tiesas (yo creo que hacen un casting de tetorum de punta) y ellos con mucha gaita y poco fuelle (otro casting de medidas mínimas, fijo). Y allí les ves, caminando por la playa, tetamen al viento y badajo al “tolón—tolón”. Dicen que les dejan desnudos para que así, despojados de adornos, lo único que reluzca sean sus valores internos. ¡Cágate, ave del paraíso! ¡Pero si en lo primero que se fijan es en cómo anda ella de copa y hasta dónde arrastra el nemeterio la manguerona! Que se preguntará el sobri cuánto tiempo están allí abandonaos, ¿dos, tres, seis meses? No, jartino, no, ¡una semana! Y en ese tiempo aseguran que encontrarán el amor verdadero. ¡Ay, que me desmeloneo! ¿Piensan descubrir en profundidad al otro en siete días? ¡Virgen de la Caridás, cuanta risita me das! Pero… pero… ¡si a una persona no terminas de conocerla nunca! Y lo peor de todo es que al final del programa salen los concursantes vestidos y la decepción es mayúscula. ¡Santa Gregoria, la triste, esa gente que mal viste! Que más de una, al ver al jalapeño empantalonao, habrá pensado “a paseo, tío minino, para ti no es mi chumino”.

—Ahora todos son modas, tita. Y andan a la envidia. Se pone de moda el humor, pues todos con serie de humor; si es terror, todos con terror y si es cocina…

—Sí, jomío, cocina hasta en la castañina. ¡Qué cansinos, por dios! “Top Chef”, “Master chef”, “Chichi chef”… ¡el caso es tocarnos los chefs! Y lo de “Pesadilla en la cocina” es para mear y mojar la braga. Se presenta el colorines, ¡virgencilla, que chaquetilla!, se pone a husmear y encuentra más porquería que en la cochinera de “Granjero busca chichosa”. El caso es que la tita, al principio, pensaba que Chicote era sordo, ¡coñe, le veía un cacharrito en la oreja y mirando a cualquier lao menos a la cámara!, y luego me di cuenta de que es el chivato ese que les ponen para ir diciéndoles “ahora ríe, ahora llora, ahora cágate en to”. Pues nada, jartino, que si no encuentra una rata muertita perdía en la nevera, halla una vieja tiesita en la freidora o un recaudador de hacienda en el extractor de humos. Que no sé si es que la gente es así de marrana o es que van ellos con las cámaras y la difunta para lanzarla al aceite enmugrecío. Porque ese aceite… ¡está más negro que el futuro de Bárcenas! Y los que llevan el negocio o le dan al morapio con alegría o se lían a tirarse los filetes antes de pasarlos por la plancha. ¡Qué haya gente pasando necesidad y esos hostiándose vivos con la vaca…! Eso tendría que ser delito, y “Casados a primera vista” también. ¿Quién en su sano juicio se va al quinto chichi a casarse con una persona a la que no descubre hasta el momento de darse el sí, quiero? ¿Quién, sobri, quién?

—Pues, no sé. ¿Cualquiera que quiere visitar gratis el caribe con garantía de divorcio al día siguiente?

—Ahí ha estado fino el sobri.

Así es la tele de hoy, jomío, una completa engañifa.

—Bueno, tita, al menos jubilaron a Las Mamachicho.

—¡Que se lo ha creído el sobri! Ahí están Chelo García Cortés, Lydia Lozano y María Patiño.

FIN

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