Adelaida García Morales : ¿Mercantilización del ¨malditismo¨?

Pedro A. Curto

adelaida

 

Cuando el poeta Miguel Hernández  se dispuso a marcharse de su Orihuela natal para probar suerte literaria en Madrid, a parte de recurrir al apoyo económico de familiares y amigos, solicitó la ayuda del ayuntamiento. Las limitaciones económicas que padeció buena parte de su vida, se han convertido en una mitificación, que en algunas ocasiones ha llegado a superar el propio conocimiento de su obra, que para escribir la misma, debió superar bastantes fronteras impuestas.

Mucho después, hace poco más de dos años, la escritora Adelaida García Morales se dirigió a la Delegación de Igualdad del ayuntamiento de Dos Hermanas, dónde residía, para solicitar cincuenta euros con los que ir a Madrid para visitar a su hijo. García Morales, no buscaba como Miguel Hernández, el éxito literario, pues aunque llevaba más de diez años sin publicar y su éxito fuese efímero, poseía una importante y reconocida obra. Poco tiempo después, la autora fallecía. A partir de esta anécdota, no bien clarificada, la escritora Elvira Navarro ha escrito y publicado recientemente el libro, “Los últimos días de Adelaida García Morales.”

Empecé a conocer la obra de Adelaida García Morales a través del cine. La fascinación que me produjo la película El Sur, me llevó a leer la novela con el mismo nombre, en la cual se basa. Además en el mismo tomo se encontraba otra novela corta, Bene. De la fascinación cinematográfica pase al interés por una escritura sencilla en apariencia, pero con un estilo personal lleno de complejidades y enigmas, que penetraba en las dificultades de la intercomunicación humana. De esa primera lectura pase a la novela El silencio de las sirenas, una historia de amor fou, de construcción amorosa del otro, platónica, que tantas veces se ha relatado sobre la masculinidad, pero la autora lo hace con una protagonista y sensibilidades femeninas. En La tía Agueda una voz infantil, en el recuerdo, va relatando la mirada e incorporación a un hostil mundo adulto. En Nasmiya narra las contradicciones y el sufrimiento de una musulmana española cuando su marido se casa con una segunda mujer. En La lógica del vampiro, se adentra en la crueldad a que puede llegar el arte.  En Las mujeres de Héctor, un homicidio involuntario lleva a dibujar diversos personajes femeninos en una textura de circunstancias. Y algunas temas parecidos están presentes en La señorita Medina, El secreto de Elisa o el libro de relatos Mujeres solas. Creo que se trata de una literatura intimista, llena de hondura y matices, misterios e interrogantes sobre el comportamiento humano, el amoroso en especial. Se centra en un universo femenino, melancólico y lleno de perdidas, en muchos casos de personajes situados en algún tipo de periferia. Me pareció una escritura que se asemeja a una música suave, que te va envolviendo y cuya melodía se instala en tu interior para quedarse ahí, en un rincón, sin abandonarte.

Conocí su literatura cuando ya no estaba en primer plano y no recuerdo haber leído entrevistas o noticias de la autora, por lo cual lo que más sabía de la autora era aquello que aparecía en las portadas de sus libros. Aunque se puede tender a relacionar al autor con su obra, no me pareció estar ante ninguna autora “maldita”, “ángel negro”, o cosas parecidas, por más que su estilo no fuese el que está más en boga, ya no de la literatura más comercial, ni siquiera de la considerada más seria. Su particularidad y heterogeneidad me pareció más bien atípica en la literatura española actual. Además al no ser sus libros recientes, me obligó a buscarlos en librerías de viejo, lo que me hizo darle un valor particular, como quien busca un tesoro escondido. Hace dos años, el 22 de septiembre del 2014, Adelaida García Morales fallecía y me enteraba casi por casualidad en un obituario de la prensa, pues la desaparición de la autora pasaba casi desapercibido. La noticia me llevó ante sus libros, a recordar sus lecturas, leer notas, releer algunos fragmentos, que es cuando te encuentras con esa literatura que deja poso. Encontré alguna entrevista antigua en internet y me pareció curioso que existiesen tesis doctorales y estudios sobre una autora, alejada del famoseo y los medios. Con todo ello escribí un artículo sobre lo que yo conocía de ella: su obra.

Cuando hace poco supe de la publicación de un libro sobre Adelaida García Morales no dudé en comprarlo y lo leí en apenas unas horas. La obra de Elvira Navarro y como su título indica, “Los últimos días de Adelaida García Morales”, parte del hecho “real” de los cincuenta euros, para fabricar una ficción de esos últimos días. A través de un método como el falso documental, una realizadora entrevista a personajes del pueblo que habrían conocido a la autora, construyendo un personaje en declive, marginal y estrafalario, incluso con dudosa salud mental. En otro plano, la supuesta concejala que no le prestó demasiada atención, indaga, con mala conciencia tras su muerte, en quien fue Adelaida García Morales. Todo esto con partes bibliográficas y hasta una transcripción radiofónica de la noticia de su muerte, en la que habla Alfonso Guerra, con quién coincidiera de joven un grupo de teatro sevillano. La escritora Adelaida García Morales se convierte en personaje, en la que su obra, su escritura, es lo que está menos presente.

Viene a ser ya algo habitual en cierto “mundo literario”, que importa más construir un personaje que venda, que la obra en sí. Recuerdo que hace ya unos cuantos años un autor ocupaba con su pelo largo y estilo rokero, la portada de su libro (en lugar de las solapas o la contraportada), una rebeldía de chico malo que se acompañaba en sus numerosas entrevistas y apariciones públicas. Es de reconocer que siempre ha habido una mitificación del autor en uno u otro sentido, pero ésta se producía tras un tiempo y luego de una obra, salvo algunas excepciones. Otra cuestión es el marketing para vender hasta malditismo. No deja de ser curioso que una autora a la que no se prestase demasiada atención (ignoro si ella lo quiso así o no), se haya vendido un libro sobre ella con mucha difusión por parte de una gran editorial.

A este propósito, Víctor Erice, ex-marido de la autora y director de la película El Sur, ha intervenido con un artículo en El País, cuestionando los intereses de la autora del libro: “Descendiendo al barro del negocio actual de la literatura, más de uno habrá pensado y pensará que éste uso de la persona real de Adelaida García Morales posee también una dimensión claramente publicitaria en el mercado.”

 En su novela Yasmina, su protagonista piensa en un momento de huída: “La ciudad no se hallaba desierta a aquellas horas, pandillas de jóvenes se cruzaban conmigo sin verme y algunos de ellos se reunían agrupados a la puerta de algunos locales públicos. Me sentí ajena a todos ellos y me pareció que carecía de lugar en este mundo.” Señala Víctor Erice sobre la escritora: “No fue una persona común; tampoco una fantasmagamoría. Nunca logró integrarse en la sociedad de su tiempo y eso la honra.”

Diferenciaba Francisco Umbral entre dos formas de entender el legado literario: “Casi todo el que escribe quiere quedar como estatua municipal, como rotonda pública, como salvador de la Patria.” Pero también señala algo diferente: “Quedar para siempre en la cripta de un nombre poco frecuentado. Ser el día de mañana un muerto sin señas de identidad. Un olvido pequeño. Quedar, no como una estatua, o una farola de la cultura, sino como un enigma, como un nombre que suena no se sabe de dónde, ni de qué.”  Se puede adivinar en que grupo está Adelaida García Morales.

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