Sueños perdidos (II): ¨Un hombre, casi un dios¨

Francisco José Segovia Ramos

suenosperdidos2

Óleo de Juan Antonio Galindo

 

Se lo llevaron de su hogar un día en que jugaba con sus amigos, y le dieron un uniforme. Y después del uniforme le dieron un fusil. Le dijeron que era un soldado, un hombre, casi un dios. Llegó el primer combate, y la primera bala que disparó. Su primer muerto, caído a unos pasos de él, lo contempló con los ojos vidriosos y la sangre manando de su pecho abierto. Entonces lloró por vez primera, y por última vez. Hubo más balas, y más muertos. Le volvieron a decir que él era el niño soldado, el hombre, el dios que tenía poder. El engranaje de la máquina, que había convertido el juego infantil en el mortal juego de la guerra, sonreía satisfecho.

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