Fábulas del crimen: ¨El beso de Bergur¨

Diego M. Rotondo

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Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará…

Lucas 9:24

 

El 5 de enero de 1947, en Reykjavik, Islandia, la policía exhumó los ataúdes de siete jóvenes de entre 20 y 33 años que habían decidido sepultarse vivos como parte de un inusitado sacrificio. Pero la inmolación no llegó a consumarse, porque el sepulturero, a quien le habían pagado para enterrarlos y guardar el secreto, renunció a su complicidad y a último momento decidió informarle a la policía el lugar adonde los había enterrado…

12 horas después de haber sido inhumados, los féretros fueron desenterrados por la policía. Se trataba de un espectáculo dantesco: siete individuos, lánguidos y semidesnudos, yacían dentro de los féretros en estado catatónico… Al despertar de su sopor, los religiosos advirtieron que se hallaban expuestos como fenómenos frente a una decena de policías atónitos…

Los siete muchachos fueron trasladados a un hospital para chequear sus estados de salud. Salvo por la extrema delgadez que mostraban algunos, la mayoría estaban sanos, no tenían infecciones ni problemas respiratorios consecuencia de tantas horas sin oxígeno. Una vez que los clínicos les dieron el alta física, por orden del juez a cargo de la causa, los hombres fueron derivados a una clínica psiquiátrica…

Los sujetos no lograron ser identificados por la policía, no llevaban ninguna documentación encima y ningún vecino de la zona en donde habían sido enterrados logró reconocerlos. El sepulturero declaró haberlos conocido la misma noche en que acudieron a él. Explicó que le ofrecieron una importante suma de dinero a cambio de que los enterrase y mantuviese la boca cerrada…
Cinco días después de ser internados en la clínica, los neurólogos le explicaron al juez que los hombres no reaccionaban a ciertos estímulos primarios. Los siete parecían estar mas allá de sus cuerpos, no sentían dolor, no hablaban, y no querían alimentarse. Pasaban todo el tiempo en el parque, alejados de los demás internos, sentados en ronda, aferrados de las manos y balbuceando incoherencias…

El director de la clínica, el psiquiatra Gestur Freikson, reconocido en el ambiente por sus singulares tratamientos, declaró ante los medios de prensa que los hombres padecían de un raro trastorno esquizoide místico.

Durante dos meses fueron sometidos a varias sesiones de electroshock. También se les administró grandes dosis de insulina para provocarles convulsiones. Pero sus cuerpos no reaccionaron, ni siquiera se tensaron al recibir los choques eléctricos… Los jóvenes no parecían reaccionar a ningún tipo de estímulo físico; sus dedos ni siquiera se arrugaban cuando eran sumergidos durante varias horas en agua fría. Sus corazones latían 35 veces por minuto, parecían estar sumidos en un permanente estado de inconsciencia.

Freikson no lograba comprender qué demonios sucedía con sus pacientes, nada parecía sacarlos de su extraño letargo; no sentían dolor, ni frío, ni calor. Luego de someterlos a innumerables tratamientos suministrándoles toda clase de fármacos sin éxito alguno, el doctor se rindió y los dejó en paz…

El 8 de noviembre de 1947, el cuerpo del sepulturero Bergur Arison fue hallado ahorcado de un árbol. Lo que en un principio parecía un suicidio, enseguida fue descartado, ya que Bergur presentaba signos de haber luchado, sus brazos estaban rasguñados, y tenía moretones en las costillas y piernas; además, rodeando su cuerpo, hallaron varias huellas de pies desnudos…

Pocas horas antes de ser encontrado el cuerpo del sepulturero, el doctor Freikson había denunciado en la policía la fuga de los siete pacientes…

Pasada una semana de la muerte de Bergur Arison, mientras la policía realizaba un nuevo rastrillaje del terreno en donde habían sido enterrados los ataúdes, hallaron un octavo ataúd enterrado un poco más alejado de donde habían sido hallados los demás. El féretro estaba vacío, en su interior había una pequeña biblia y unas túnicas. En la solapa interna de la biblia, escrito a mano decía: «Esta sagrada Biblia pertenece al Padre Bergur Arison, devolverla a la Iglesia “Los apóstoles”, de Reykjavik, Islandia»…

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