Primavera de mármol

Alberto Ernesto Feldman

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Espléndida inauguración de la primavera. Un deslumbrante sol y una cantidad de jóvenes estudiantes que cubren la alfombra verde desde la barranca de la Recoleta hasta la Facultad de Derecho y los parques adyacentes.

Media tarde en un lujoso café frente al Museo. Un hombre a mis espaldas, pero quien habla todo el tiempo es ella. Jóvenes los dos. Deben ser artistas, pintores o escultores. Estamos muy cerca, precisamente frente a Bellas Artes. Después, mi oído pudo especificar que se trataba, efectivamente, de un escultor y su modelo.

Ella, seguramente caribeña, muy expresiva, habla de un modo poético un castellano muy agradable y cantarín, pero su tono general es de queja.

Me acaricias el rostro pero no me quieres; es inútil, sólo estás tomando medidas, haciendo un boceto mental para tu obra; después, acaricias mi cuerpo y no te das cuenta de lo que produces en mí, solo calculas, proyectas y corriges, hasta que, frustrada por  tu frialdad, no siento otra cosa que lo que puede sentir esta mesa de mármol; no soy para ti una mujer, solo un objeto, ni siquiera un objeto de deseo, solo un objeto precursor del mármol, el origen de esa estatua que luego terminada, contemplarás hasta el cansancio y luego, ¡no lo niegues, te he visto!, besarás como si fuera ¿quién?.. ¿yo?…¿ella?…y luego te volverás a mí y me dirás que me quieres, que me necesitas, y yo sé que sólo lo segundo es verdad, porque tus labios estarán como siempre fríos como hielo…y los míos, también.

Mañana, al comenzar el día, durante horas me convertiré en una estatua de carne para que construyas la mujer de mármol que amas.

Apuremos la tarea mientras tengamos luz, mi tiempo está cerca, el gran espejo que trajiste ayer al atelier, me dice que tú mismo serás el personaje de tu próxima obra… ¡Por cierto tengo algún poder sobre ti; has cedido a mi sugerencia de esculpirte a ti mismo, estoy muy cerca de que sientas lo mismo que yo!… cuando  termines, besaré los labios de mármol que te representan, tú, como siempre, harás lo mismo con los labios  de mi doble de mármol, y luego nos miraremos a los ojos en silencio.¡Espero que algún día no lejano te despiertes y dejemos a las estatuas que se entiendan entre ellas y nosotros vayamos por lo nuestro!

Se hizo un silencio inquietante y me incomodé como si estuviera compartiendo la mesa con ellos. Esto es demasiado para mí, no me hace feliz el haber escuchado a estos dos seres con sus cuerpos y sus almas en conflicto justo hoy, 21 de septiembre. Llamo al mozo, me levanto y me voy. ¡Qué mala manera de promediar la semana!… bueno por lo menos escribiré algo que se llamará “Primavera de mármol”.

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