Fábulas del crimen: ¨El misterio de los 11 suicidios¨

Diego M. Rotondo

bulgaria

 

 

El 11 de junio 1942, las autoridades de Pleven, Bulgaria, se vieron sorprendidas por una cadena de misteriosos suicidios ocurridos en las vías del ferrocarril…

Como si se tratase de un ritual de inmolación, once personas se dejaron decapitar por las ruedas del ferrocarril. Lo peculiar del hecho fue que todas las víctimas se suicidaron el mismo día, en una franja horaria que respetaba un patrón de números: el 11 de noviembre, entre las 11 de la mañana y las 11 de la noche, en diferentes tramos de las vías, y manteniendo una distancia exacta de 11 metros entre cada cuerpo…

La policía no halló ninguna relación entre los suicidas, sus familiares afirmaron que no se conocían entre sí y que no pertenecían a ningún tipo de cofradía religiosa que los incitase a acabar con sus vidas de esa manera.

Por supuesto el caso avivó la curiosidad de muchos detectives y matemáticos, quienes, en vano, intentaron esclarecer aquel misterio que llevaba como factor común el número 11. Sólo una persona se obsesionó con el caso hasta el final: el ex policía, Boris Stoyanov, de 65 años, quien, cuando todos los demás tiraron la toalla, siguió tratando de hallar una pista, un cabo suelto, o alguna menudencia que relacionara a cada suicida con el número 11. Boris agotó sin éxito todos los recursos de los que disponía: el acceso a los documentos personales de cada víctima, las historias médicas, los trabajos, aficiones, relaciones y gustos que tenían, etc.

El veterano investigó incesantemente durante dos años. Tal fue su obsesión con el caso, que acabó divorciándose de su esposa y mudándose a dos calles de la Estación del ferrocarril en donde habían ocurrido los suicidios.

Boris iba cada noche con su linterna a inspeccionar los tramos de las vías en donde se habían hallado los cuerpos. Se recostaba, apoyaba su cuello sobre uno de los rieles y cerraba los ojos intentando obtener algún tipo de certidumbre sobre lo que habría ocurrido allí. A pesar de que sus colegas le insistieron en que se trataba de un caso imposible de resolver, el veterano, fanático del ajedrez y amante de los desafíos mentales, continuó empecinado en resolver el caso, hasta las últimas consecuencias…

Una de las últimas noches, Boris descubrió un detalle en las vías, algo demasiado obvio que increíblemente se le había pasado por alto: el durmiente que separaba los rieles en el sitio adonde se había hallado la última víctima, estaba flojo, como si alguien lo hubiese despegado del suelo con algún tipo de palanca. Los rieles cortaban ambos extremos del durmiente y lo dividían en tres pedazos. Usando un tubo de hierro, Boris hizo palanca para levantar el grueso tablón de madera entre ambos rieles y lo quitó con facilidad; al voltearlo descubrió el número 11 escrito con tiza blanca, y debajo la siguiente frase: «resta el último eslabón…». Boris decidió analizar los durmientes en los sectores de las vías en donde se habían encontrado los demás cuerpos. Tal como lo sospechó, esos durmientes también estaban levemente despegados del suelo. Procedió a levantarlos uno por uno, tomando nota de cada número y mensaje.

Los números iban del 1 al 11. Habían once diferentes mensajes, empezando con «Primer eslabón», seguido por «segundo eslabón», «tercer eslabón», y así sucesivamente hasta acabar con: «resta el último eslabón…». Existía un patrón, y Boris lo estaba descubriendo.

A Boris le llamó la atención que la cadena estuviese incompleta, ya que el tramo en donde se halló a la última víctima coincidía justo con el primer mensaje que él había encontrado: «resta el último eslabón…». Según esa lógica tenía que faltar otra víctima más… Boris caminó 11 metros desde el primer durmiente que había separado hasta el que supuso debía ser el último… Una vez allí, se arrodilló, hizo palanca con la viga para levantar el durmiente y al voltearlo vio escrito un mensaje que decía:

«¡Enhorabuena, Boris!»…

Un día después la policía encontró el cuerpo de Boris Stoyanov decapitado sobre las vías con el cuello apoyado en uno de los rieles, en la misma posición que se habían hallado a las demás víctimas.

El misterio de los once suicidios –doce con el de Boris–, aún hoy, 74 años después, sigue sin resolverse…

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