Prólogo a ¨Fábulas del crimen¨, de Diego M. Rotondo

Pablo Martínez Burkett

rotondo

 

PRÓLOGO

Cuenta la historia que era práctica entre los romanos enterrar a sus muertos a la vera de los caminos y honrar la memoria del difunto con una inscripción en la lápida. Estos epitafios solían empezar con la frase “sta Viator”, que en latín significa “detente viajero”. Y así quiero empezar la glosa de los relatos que siguen: “¡detente viajero, demórate en la lectura, disfruta de estas crónicas de horror!”, porque de eso se trata, de relatos que gozosamente te harán erizar la piel, nacidos a la vera de una tumba, o muchas, porque los asesinos aquí retratados nunca han tenido problemas con la aritmética.

Hace más o menos dos siglos, Coleridge decía que era necesario suspender la incredulidad para gozar del miedo. Y si ya por entonces los autores debían aguzar los trucos para seducir a lectores, cada vez más ilustrados, por estos días de vértigo tecnológico, la cuestión de escribir relatos de terror ciertamente se complica. Sin embargo, el pulso narrativo de las fábulas que integran esta colección es garantía de buena literatura, porque su autor sabe, definitivamente sabe, cómo se trama una buena historia de miedo.

La naturaleza de los hechos narrados me impide anticipar el contenido de estas historias. Sería incurrir en el chiste de Les Luthiers al desvelar que el asesino es “Jack, el Forastero”. Pero si se detiene en la lectura de este libro, verá que trata de los horrores antiguos que fingimos haber olvidado. ¿Acaso no le asalta un estremecimiento cuando asiste a una serie de suicidios inexplicables? ¿Y qué de enfrentar a alguien sin nariz, ojos o boca? ¿O ese titubeo cuando parece que el viento mece un postigo y trae voces de un fotógrafo clarividente?

El hombre ancestral se arremolinaba junto al fuego para contar historias que le ayudaran a sobrellevar las acechanzas de fieras con dientes demenciales, el designio de dioses incognoscibles o la artera obra de demonios inmundos. Estas Fábulas del crimen son un moderno conjuro que intenta preservarnos de ese miedo a través de relatos sobre mendigos, cazadores de cabezas, boxeadores, fanáticos religiosos, caníbales, niñas homicidas y monstruos varios.

En definitiva, es una elaborada ofrenda al misterio y su autor, Diego M. Rotondo, un prestidigitador del horror cotidiano.

fábulas del crimen portadacomprar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s