Creatividad malsana erradicada

Estefanía Farias Martínez

creatividad

Foto: Adely Madrid

 

El coronel tenía cinco hijos varones: dos aviadores, un abogado, un ingeniero… y un escritor. La felicidad no podía ser completa.

Los padres tuvieron que empezar a enfrentar aquella terrible realidad desde muy pronto.

A los 11 años, todos los días, al salir del colegio, Juan pasaba un rato por El jardín de Ramona. A las chicas les divertía, era simpático y ocurrente y le encantaba escuchar sus historias. Aunque la aventura de Juan sólo duró unos meses. El jefe de policía le vio una tarde y cuando supo que iba a diario al burdel, llamó al coronel. Su padre le sacó de allí a rastras y para enderezarle le metió en un reformatorio, pero no funcionó. Aquella experiencia se convirtió en material para su primera novela.

Con los años intentaron que estudiara una carrera, que entrara en el ejército, que se pusiera a trabajar, nada funcionó. Su ímpetu creativo siguió su curso natural. Se rodeaba de amistades inapropiadas, desarrolló un espíritu lascivo y habilidades funestas: hizo desaparecer paulatinamente los ejemplares más valiosos de la biblioteca de su padre, sin que éste se percatara del saqueo continuado, y su endemoniado olfato le permitía rastrear el peculio de sus hermanos, por muy intrincado que fuera el escondite. La situación alcanzó tal grado de crispación que entre los cuatro elaboraron un plan para partirle la crisma al escritor sinvergüenza. La inesperada agudeza auditiva de la madre frustró aquel nuevo intento de enderezarle el carácter. El coronel, desesperado, lo enroló en el buque-escuela Juan Sebastián Elcano para que pasara un año bajo disciplina militar, alejado de influencias perniciosas. Una vez más fracasó y Juan volvió a casa con material para una nueva novela. Con la primera ganó un premio, un editor le compró los derechos de las dos siguientes, el pago fue un viaje a París, y él siguió escribiendo. Sin embargo, cuando terminó su sexta novela, los desvelos del coronel llegaron a su fin. El propio Juan encontró la solución sin pretenderlo: el matrimonio.

.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s