Fábulas del crimen: ¨Matar por la camiseta¨

Diego M. Rotondo

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Se llamaba Frank Kersen, tenía 24 años, y vivía en el condado de Derbyshire, Reino Unido. En agosto de 1912, a raíz de las vergonzosas derrotas del equipo de fútbol al cual seguía, tomó la decisión de cortarles las piernas a los jugadores…

Frank compartía con su padre, Will, la misma pasión por Chaster FC, un equipo pequeño de tercera división que sólo era conocido dentro del condado. No faltaban a ningún partido y siempre estaban dentro del grupo de fanáticos más escandalosos, alentando al equipo con bombos, banderas y cánticos amenazantes hacia el rival.

Tanto Frank como su padre eran tipos bonachones y entrañables, queridos por amigos y vecinos. Siempre estaban al pie del cañón cuando alguien necesitaba un favor, iban a la iglesia regularmente y ayudaban en las colectas solidarias. El problema surgía cuando jugaba Chaster FC, o más precisamente, cuando perdía… De repente, ambos se transformaban en subnormales, y eran capaces de romperle la cabeza a cualquiera que osara criticar a su equipo, aunque fuera un amigo, un familiar o el capellán de la iglesia…

Y Chaster FC venía acumulando derrotas cada vez más deshonrosas. Las carcajadas de la hinchada rival se hacían oír en todos los partidos. Los jugadores se patinaban, se tropezaban entre sí o hacían goles en contra. En un principio habían sido un equipo prometedor, con jugadores hábiles que convertían goles magistrales, dándole al club muchas posibilidades de ascender de división. Gracias a esa maestría que habían sabido demostrar en sus buenos tiempos, se habían ganado fanáticos devotos como Frank y Will, quienes mantenían la esperanza de ver alguna vez a su equipo jugando en las grandes ligas…

Pero la mala administración de sus dirigentes desencadenó incontables problemas económicos en el club. Llegó un momento en el que ni siquiera podían pagar la cuenta de luz del estadio y tuvieron que vender a los mejores jugadores para saldar las deudas acumuladas. De ahí en más fue una derrota tras otra, hasta terminar en el último lugar de la tabla, casi al borde del descenso.

Frank tenía una novia, Victoria, de 18 años. Victoria aborrecía el fútbol y veía con gracia, y algo de lástima, el fanatismo exacerbado de su novio. Su padre, Tomas Robbinson, era fanático de Hawkins United, el gran rival de Chaster FC. Por eso Victoria prefería que Frank no se cruzase con él; tenía miedo que Robbinson hiciese algún comentario despectivo sobre el equipo y Frank enloqueciese…

Entre mayo y agosto de 1912, Chaster FC perdió doce partidos consecutivos. Frank estaba furioso, gritaba, lloraba y rompía todo a su paso. Era capaz de moler a palos a cualquiera que alentase a los equipos rivales. Iba de un lado a otro de su habitación, golpeando las paredes con los puños e insultando a los jugadores. Frank estaba especialmente irritado con dos de ellos: los defensores Peter Jameson y Barton Lieber, quienes, según él, daba igual que jugasen con o sin piernas…

En el último partido de la copa Midlands –en el que Chaster FC enfrentaría a Hawkins United– Frank increpó a los dos defensores mientras ingresaban al club, los insultó y les advirtió que les cortaría las piernas si no ponían cojones durante el partido. Frank estaba solo en ese momento, y al no haber un grupo de bravucones que lo respaldara, los demás integrantes del equipo lo rodearon y lo molieron a palos, hasta dejarlo casi inconsciente; luego lo arrastraron rumbo a la entrada del club y le advirtieron que no volviese a aparecerse por ahí.

Mientras caminaba cojeando por las calles adyacentes al Club, con la sangre brotando de su nariz y de su boca, escuchando el coro victorioso de los goles que le hacían a su equipo, Frank Kersen tomó una decisión…

La noche del 27 de agosto de 1912 es conocida como “La noche negra del fútbol inglés”. Los policías que ingresaron en las instalaciones de Chaster FC no se imaginaban la escalofriante escena con la que se encontrarían. En la cancha principal, yaciendo en sus respectivas posiciones, hallaron a cuatro integrantes del equipo: el portero Ian Barrow, el mediocampista Ian Dickinson, y los defensores Barton Lieber y Peter Jameson. A todos les habían amputado las piernas a la altura de las rodillas y se arrastraban en el césped apoyándose sobre sus codos. La escena era dantesca, casi surrealista. Los jugadores habían sido mutilados por Frank Kersen, quien un par de horas antes los había atacado con un hacha mientras se duchaban en el vestuario del club…

Más de cincuenta policías se movilizaron para buscar a Kersen. No lo hallaron en su hogar,  su padre dijo que había pasado la noche en casa de su novia. Cuando los agentes ingresaron en la propiedad de los Robbinson -que se hallaba con la puerta entreabierta- se encontraron con otra barbarie: Victoria, su padre y su madre yacían masacrados en medio de la sala. Los tres tenían heridas de hachazos en el torso. A Frank lo hallaron arriba, en el cuarto de Victoria, ahorcado con un cinturón amarrado a una barra que sobresalía del techo, llevaba puesta la camiseta con el escudo y los colores de Chaster FC

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