Buenos días. Me voy a dormir (IV)

Estefanía Farias Martínez 

biotex 8

18 de junio de 2009

9:25

¡Buenos días!

Ya estamos sentados en el tren.

El viaje dura 30 minutos.

Estos paseos a Ámsterdam siempre son iguales: bajamos del tren a buscar el tranvía, llegamos al consulado, papeleo, café a la salida y volver a la estación dando un paseo. Sin hacer más paradas. Llegamos antes de las diez y a las 12 y poco cogemos el tren de vuelta.  Creo que es la sexta vez que venimos. La primera fue a registrarnos en el consulado como residentes en Holanda, la segunda, a por la fe de vida  de mi padre para que pudiera cobrar la pensión, la tercera a corregir mi fecha de nacimiento en el pasaporte, la cuarta a recoger el pasaporte con esa bendita foto de delincuente común y la quinta otra vez a lo de la fe de vida de mi padre. A eso tenemos que venir todos los años en pleno invierno. Son las visitas más cortas sin paseo ni nada, Ámsterdam en febrero es como ir a Alaska, con tanta agua por todas partes el viento gélido se te mete en los huesos.

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10: 05

Tuvimos que esperar un poco para coger el tranvía, pero ya vamos camino del consulado. Por lo que están planeando hoy toca recorrer el mercado de los chiringos, es muy famoso, pero nunca me acuerdo de la calle. Es de esas larguísimas, llena de tiendas de todo tipo, los dueños ponen tenderetes en la puerta y te venden allí sus mercancías o sólo los ponen de cebo para invitarte a entrar. Otra de esas maravillas de las que nos habló mi hermana, a mí me recuerda al mercado de los sábados del pueblo, igual de confiable. Ya hemos ido dos veces y no sé muy bien a qué, lo único que se atreven a comprar son especias y piedras. Cuarenta minutos recorriéndolo para una compra que hacemos al principio de la calle. Pregunté. Se llama Albert Kuip. Lo que menos me gusta del plan es que toca café en el antro de los mafiosos rusos. No soy exagerada, es que tienen toda la pinta, son cuatro mesas, siempre está vacío y te miran como si estuvieras interrumpiendo algo, ah y hablan en ruso o similar. El café es horrible, pero está muy cerca del consulado y a dos pasos del mercado.

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10: 17

Estamos en la puerta del consulado, es de ésas que pesan tanto que hay que tirar con las dos manos, encima tiene resorte y se rebela. El consulado tiene tres plantas. Nosotros vamos a los bajos del edificio que es donde atienden al público. Es una sala pequeña, no suele haber mucha gente. Hay tres ventanillas y una siempre está cerrada.

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10:29

El hombre que nos atendió escuchó la explicación de mi padre con paciencia y un desinterés total. Con las prisas faltaban las fotos, sólo se podían hacer en una tienda allí cerca. En Holanda usan fondo gris para las fotos de carné y pasaporte y en España lo quieren blanco. Rellenaron los papeles y a falta de las fotos hasta los firmaron. Toca correr.

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10:48

El sablazo ha sido considerable. Un par de listos con su fondo blanco. El único problema es que tanto mi padre como mi madre tienen el pelo demasiado blanco y al ver las fotos parecían espectros. Les dieron un poco de color a las caras para suavizar el efecto. Volvimos a la carrera y ahora a esperar dos semanas.

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10:58

En el antro de los rusos.

Pedí un chocolate. Me lo dieron de bote.

Al salir de aquí guardaré el móvil, en el mercado no lo saco. Luego te cuento.

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11:30

Gracias a Dios se cansaron a mitad de camino.

Como era pronto decidieron explorar.

Llevamos un rato dando vueltas.

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11:32

El primer día que vienes a Ámsterdam es como entrar a Disneylandia. Las casitas estrechas, con una fachada de tres metros en la que sólo cabe una ventana, los canales, las barcazas vivienda, las bicicletas por todas partes. Te topas con algún coffee-shop y te parece muy alternativa la idea.

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11:34

El segundo día te das cuenta de que las caras son las mismas, mucha variedad cultural, pero están repetidos. El encanto pintoresco se le va a la ciudad. A los parques de atracciones no se puede ir muy a menudo.

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11:36

El tercer día te da la sensación de que eres el extra de una película que nunca terminan de rodar. Han pasado meses y apenas han avanzado las obras que estaban en marcha o las están haciendo en la calle de al lado, pero como son todas iguales casi no se nota.  Ya te aburre chocarte a los mismos españoles, o serán otros, qué más da, intentan montar en bicicletas alquiladas y hacen el mismo recorrido que todos.

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11:40

Nos hemos metido donde no debíamos.

Veo chinos por todas partes.

He avisado a mi padre. Como van charlando no lo habían notado.

Esto no me gusta.

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11: 42

No tengo nada contra los chinos, pero me asusta ver muchos juntos y por estas calles parece que no hay nadie más.

Nos miran demasiado.

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11:47

No creo que estemos en el barrio rojo, aunque tampoco sabemos cómo es ni dónde está. Yo había oído que las putas estaban en escaparates y atendían a los clientes en sus cubículos con la cortina cerrada. Hemos visto tres cubículos de esos rellenos con negras gordas semidesnudas, más bien parecían empotradas, dudo que se pudieran mover y el cliente no sé dónde se iba a meter. Desde luego glamour cero.

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11: 57

Encontramos la salida enseguida.

El barrio de los chinos estaba al lado de la estación.

Tenemos 10 minutos para comprar los billetes y encontrar el andén.

El tren sale a y diez.

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12:19

Nos entretuvimos en la máquina.

Ahora a esperar a menos veinte.

Por lo menos estamos en el andén bueno.

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12:30

La ventaja es que ponen el tren antes y nos podemos subir. Lo que nadie te cuenta de este país es que hay que adaptarse hasta a las aceras. Están en pendiente y te abren los tobillos, te duelen las rodillas y a mí me dan agujetas en los meñiques, como si mis dedos de los pies quisieran agarrarse a la superficie para no caer. Será cosa de acostumbrarse.

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13:00

El viaje de vuelta siempre es muy tranquilo, por la hora vamos prácticamente solos.

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13:10

En cinco minutos en casa.

Los tres agotados.

Ya me han dicho que hoy no hay clase de holandés.

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13:20

Teníamos una llamada perdida en el teléfono.

Otra en el móvil de mi padre.

Es de mi hermana.

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13:25

Por lo visto hubo un tiroteo en la estación central de Almere, justo a la hora que solemos volver. Pero como lo perdimos y llegamos media hora después, mi hermana se puso histérica. No se le ocurrió pensar que nos bajamos una parada antes. La semana pasada hubo otro tiroteo en el parking del gimnasio al que va mi cuñado. Creo que el mundo perfecto que nos vendieron tiene algunas fisuras.

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14:15

Holanda es muy pequeña y todo está cerca. A media hora en tren Ámsterdam, como has visto, a 45 minutos Utrech y a poco más de una hora o tal vez hora y media Leiden, pero eso no significa que yo quiera recorrerla. Cuando vamos a Utrech siempre hay retrasos por culpa de las obras. Y una vez allí sólo nos movemos por cuatro calles, la zona de las librerías de viejo y las tiendas. El café, en el mismo sitio todas las veces. Y la primera vez que fuimos ya disfruté del exquisito almuerzo a base de sopa de guisantes de bote, la especialidad de la casa, no necesito repetir. Hay un restaurante de costillas de cerdo en el canal principal, al borde del agua. Mi hermana les llevó una vez y era fantástico, pero a mí no me llevan porque abre por la tarde y ya han estado. De esa zona a la estación hay un buen paseo y como siempre vamos cargados de libros, porque a mi padre le gustan los de arte que pesan demasiado, llegamos destrozados. Y no entienden por qué no me apetece nada ir.

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14:22

Lo de Leiden fue por puro egocentrismo mal entendido. Me puse en contacto con una de las profesoras de la universidad por recomendación de otro profesor, un italiano simpático que me publicó un artículo en su revista con dos años de retraso. Me presenté ante la profesora agitando mi doctorado recién conseguido y explicándole que sus artículos habían sido muy útiles en mi investigación. Como me enseñó mi directora de tesis: arrodíllate bien, alábales y te harán caso. Seguí sus indicaciones al pie de la letra, mintiendo vilmente. Supongo que la busqué porque necesitaba volver a ser alguien un rato.

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14:26

El caso es que me dio una cita en su casa.

La ciudad era bonita, muy grande, muy limpia, con un molino de viento gigantesco de los que salen en las postales de Holanda, un museo de arte egipcio, muchas librerías, muchas galerías de arte, mucho estudiante, mucho silencio.

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14:28

La profesora vivía sola en una casita como la mía, pero muy antigua. Tenía dos gatos gordos, una estantería llena de películas infantiles, para los sobrinos me dijo, y un mueblecito con cómics en el baño de debajo de la escalera.

Almorzamos juntas en su cocina. En un horno chiquito y viejo preparó dos rebanadas de pan con queso y tomate, una para cada una. Tenía una cocina de gas de esas con garfios para poner encima los cazos y las sartenes, que se enciende con un mechero largo y las llamas se desbocan cuando se escurre un poco de aceite al freír. No había visto algo así desde hacía 20 años, en el primer piso de estudiantes en el que viví en Granada.

Hizo café de recuelo y le quedó demasiado claro.

Uno de los gatos se despanzurraba sobre la mesita auxiliar donde estábamos comiendo.

Me quemé el paladar con el queso.

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14:33

Durante hora y media intentamos entendernos en un inglés apenas definible.

Ella me hablaba de su trabajo, yo de lo importante que había sido para mí.

No estaba siendo hipócrita, sólo quería que se sintiera bien.

Era una mujer de más de sesenta, con gafas redondas, rostro enjuto, piel tosca y agrietada, carecía de encanto por completo, tampoco era excesivamente simpática, lo justo. No se consideraba una eminencia en su campo, ni de lejos. Había dado conferencias en Italia, España, Inglaterra, incluso en Estados Unidos. Ya no le apetecía viajar, estaba esperando la jubilación, le quedaba muy poco. Se había metido en un trabajo de investigación por hacerle un favor a un amigo, pero le robaba mucho tiempo.

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14:35

El otro gato entró en la cocina y de un salto se lanzó al jardín por la ventana abierta que daba a la terraza.

Ella me pidió la dirección para mandarme las separatas de sus artículos y la ofrecí mi tesis, pero no la quiso porque no sabía español.

Me propuso llevarme a ver la facultad y presentarme a la profesora del departamento de Lengua árabe, me dijo que allí todas las clases se daban en inglés que si quería matricularme afianzara mi inglés primero.

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14:37

Cuando salimos  al rellano, subió una escalera empinadísima para ir a cambiarse. Llevaba un traje de chaqueta gris de lana gruesa y unos zapatos de tacón cuadrado. Mientras bajaba la escalera la miraba intentando ver qué se había cambiado y entonces me fijé: el pañuelo naranja de cuadros que llevaba al cuello ahora era de rayas y morado. Le dio tres vueltas a la llave al salir y en diez minutos, sin hablar, estábamos en la facultad. Era muy parecida a cualquier otra, como pasaba con las calles todo en silencio, apenas alguna voz de vez en cuando, eso sí la hacía distinta. Me presentó a la carrera a la de árabe, era más joven que yo y sin mirarme siquiera dijo que de acuerdo supongo, no la entendí. La profesora me indicó dónde quedaba la biblioteca y se fue.

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14:41

Pagué 20 euros por el carné, ojeé algunas revistas y me fui. Nunca amorticé ese carné porque tenía que hacer un viaje de casi tres horas para ir a buscar y a devolver los libros, pero el entusiasmo del primer día me atacó y compré un abono de tren por tres meses que tampoco usé.

A Leiden no he vuelto.

Lo que había que ver ya lo vi.

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16:15

Me quedé dormida viendo una serie de Telecinco en el ordenador. Reconozco que las veo porque es como mantenerme ligada a lo anterior. No pude empezar a hacerlo hasta que mi padre, harto de compartir el de torre que nos trajimos de casa, se fue un día al centro y se trajo un portátil, con el Windows vista en holandés. Primer escollo. Se lo habían instalado en la tienda, si lo quería en español o en inglés tardaba tres horas y mi cuñado, que fue quien le acompañó, no consideró necesario el esfuerzo. El segundo escollo apareció después de bloquear la cuenta del banco al introducir la contraseña. Demasiado grandes los dedos para ese teclado. Había dos opciones: o iba directamente a la basura o alguien acogía a la decepcionante máquina. Así conseguí mi primer portátil.

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16:23

Y menos mal, porque aquí todo es multimedia. Cuando hice el curso de holandés las clases eran lo de menos, te daban un libro en fotocopias y un cd y a trabajar en casa. Así cualquiera aprende a hablar. El curso lo pagaba el ayuntamiento, por eso lo eligió el cuñado. Si me lo hubiera tenido que pagar yo podría haberme costado 3000 euros, eso me dijo. Y si lo apruebo a la primera, que me falta un examen, me regalan 250 como premio.

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16.28

Yo pensé que lo de la tacañería de las fotocopias era sólo cosa de la academia a la que iba, pero no. Toda la educación en Holanda es igual. Los colegios compran algunos ejemplares de los libros de texto, supongo que los edita el estado, porque si no vaya ruina para las editoriales, a los niños les dan sólo fotocopias, y el trabajo se hace en el propio colegio. Les parece innecesario que los niños hagan nada en casa. Así salen de preparados. A los once años se decide si valen para mecánicos o para ingenieros, les hacen un examen como el que hice yo a los diecisiete, ajustado a la edad claro. Y en función de las notas los distribuyen por los distintos tipos de colegios. Lo que en España se llamaba formación profesional y quedaba para los torpes aquí es la opción más común. A donde mandan a la mayoría. Los que muestran un cerebro algo más desarrollado entran a una educación secundaria que les dará la posibilidad de acceder a carreras medias. Aquí casi todas son carreras medias. Las más solicitadas las relacionadas con el comercio, es un país que se basa en vender cualquier cosa. Aunque los dependientes de las tiendas son muy antipáticos, te enseñan el producto y te dicen “si no lo quiere, adiós”, o te mandan a buscarlo a la tienda de al lado. Según mi hermana es para no molestar, pero sienta fatal.

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16:35

La universidad queda para cuatro. No tanto porque haga falta un nivel muy alto para entrar, sino porque es cara y no tiene muchas posibilidades de desarrollar un futuro laboral. A la universidad sí hay que ir para ser médico o biólogo o veterinario, lo que quiere hacer mi sobrino, y algunas especialidades más, pero pocas. Aunque no deben ir tantos porque aquí hay mucho médico extranjero.

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16: 37

Mi dentista es austríaco. El médico de cabecera es holandés y algo brutiño. Mi hermana no lo soporta porque siempre le dice que por qué le molesta por tonterías. El día que le apareció con una infección en un dedo por un corte con un cuchillo de cocina le dijo que metiera la mano en agua con biotex y ya estaba. Que eso se lo podía haber dicho la recepcionista si le hubiera preguntado.

El biotex es un jabón muy fuerte para lavar a mano, el remedio milagroso en este pueblo. Y funciona, te hierve la piel y se te quita todo.

Cuando se lo recetaron a mi padre, porque se había machacado un dedo con el martillo, se presentó en la farmacia con la nota, la farmacéutica se rió muchísimo y le mandó al super.

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16: 42

Es el mismo médico que cuando le hace la revisión anual a mi padre le dice que de qué se queja si está mejor que él y es más viejo.

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16:43

Mi padre ya nos ha dado varios sustos. La primera vez cuando sólo llevábamos aquí unos meses, se rebanó una mano con un cristal. Mi hermana estaba de vacaciones y de holandés no teníamos ni idea, era fin de semana y sangrando como un cerdo no podía conducir, tampoco sabíamos dónde estaba el hospital, así que entre mi madre y yo le hicimos una reparación de urgencia mientras nos gritaba y nosotras a él. Al final casi no se nota la cicatriz. Aunque nos pasamos con el líquido de sellar heridas, aquí alcohol no venden, y le estuvieron saliendo de la herida pelotitas como de silicona unos días.

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16:46

La segunda vez salió del baño matutino con un ojo inyectado en sangre, qué susto. Llamamos a mi hermana y vino con el marido a recogerlo para llevarlo a urgencias, con el corazón en la boca porque era muy espectacular. Sin embargo, la doctora chechena que le atendió les explicó que eso era normal si se bañaba con el agua muy caliente, que se quitaba solo. Mi hermana le estuvo chillando todo el camino de vuelta y el aguantó el rapapolvo, por no discutir decía. Pero ella se acordaba tan bien como yo del asesinato del pez. Hace muchos años mi padre compró un termómetro que era un pececito y se ponía en el agua para controlar la temperatura. Un día, para demostrarnos que no ponía el agua tan caliente, lo dejó nadando mientras se bañaba, el mercurio reventó.

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18:20

La visita a Leiden supongo que me llevó a hacer revisión de mis profesores de la facultad, de cuando estudié Filología Árabe en Granada.  Hubo de todo. En la sección de hebreo había un cura que causaba sensación entre sus alumnas, elegían su asignatura por su buena planta, era idéntico a Sean Connery. El profesor de mundo bíblico se movía como un paquidermo por aquellos pasillos, pero debía tener encantos ocultos porque un día apareció celebrando el embarazo de la profesora de hebreo, iba a tener su primer hijo con la mujer 10 del departamento.  El enanito de arameo, una eminencia, no medía más de metro y medio, era casi más bajito que yo. Me contaron que estaba muy enfermo, pero con noventa años seguía apareciendo de vez en cuando. Andaba muy despacito y sonreía a todo el mundo.

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18: 25

Sin embargo, del que más me acuerdo es del profesor de árabe de tercero. La asignatura era imposible, por lo menos yo no conseguía entender nada, aunque no era la única. Mis compañeros tenían tanto miedo a suspender que en cuanto les dieron la oportunidad hicieron un juego de manos y nos llevamos un aprobado general. El profesor era bastante informal, el día del examen de junio se quedó dormido y llegó media hora tarde. Uno de mis compañeros redactó una queja al rectorado por el incumplimiento, le amenazó con mandarla si no nos aprobaba a todos y el profesor accedió a hacerlo. Creo que fue más por la sorpresa, la burocracia nos hubiera enterrado y nos hubieran ignorado. Era un farol, pero no se arriesgó.

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18:28

El cabecilla del chantaje lo hizo por diversión, era de los pocos que dominaba la materia. Quería estudiar protocolo, necesitaba una carrera previa y eligió árabe. Le valía cualquier otra, pero se aburría enseguida. De esta también lo hizo, en cuanto terminó se fue a Madrid a trabajar. Entró a un call-center como lector de Tarot, luego se pasó al teléfono erótico y le perdí la pista. Le vi en un par de concursos de televisión, se le daban bien, ganaba premios decentes. Lo último que supe de él es que se dedicaba a la difusión y estudio del esperanto, una de sus obsesiones. Creo que llegó a director de una asociación. Era una referencia de la Wikipedia. Estaba más gordo, más calvo, mayor y ya no iba tan arregladito como siempre.

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18:30

Volviendo al profesor de árabe, era de los que toman cañas con los alumnos. A mí me solía invitar a un par de ellas cuando me encontraba esperando el autobús. Era simpático, bajito, llevaba bastón, le faltaban algunos dientes, y tenía cara de comadreja. Coqueteaba continuamente, y yo echaba mano de risitas falsas y verónicas. Miraba por el cristal del bar todo el tiempo y cuando veía que había más gente en la parada me disculpaba y me iba. Me invitó dos o tres veces. Luego empecé las clases de portugués y me tenía que quedar a comer en la facultad, así que no coincidíamos. Pasaron años hasta que volví a saber de él. Mi directora de tesis me pidió que le hiciera un favor. Me dijo que este profesor estaba traduciendo un texto lleno de metáforas de animales y se estaba volviendo loco. Necesitaba la ayuda de alguien que supiera de simbología animal en los textos árabes, mi especialidad. Ella no tenía tiempo para dedicarle. Traducción: ni tampoco idea de por donde empezar. Me pidió permiso para darle mi teléfono y que él se pusiera en contacto conmigo. No podía decir que no, así que se lo di.

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18:34

No estuvo mal al principio, fue divertido, el profesor no sabía de nada y yo le daba clases. Tenía que tomar apuntes. Llamó varias veces, me mandó el texto original y la traducción por correo electrónico. Lo estuvimos trabajando durante semanas, ya las últimas veces que llamaba lo hacía para charlar. Intentaba averiguar quién era yo, la voz le sonaba, pero no conseguía ponerle cara. Me contaba que vivía solo y quería quedar un día conmigo para cenar. Yo le esquivaba con mucha diplomacia. Una semana después de la última llamada me lo encontré en la facultad, le saludé y le dije que era conmigo con quien hablaba. Se puso blanco y no volvió a llamar nunca más. ¿Por qué? No lo sé.

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19: 30

He estado un rato revisando vocabulario, hago ejercicios con cuentos para niños, traducciones simples, bueno, no tanto. Me compré dos tochos en holandés: los cuentos de Andersen y los de los hermanos Grimm. Eran los originales, así que para niños no creo que sirvan. Hoy me leí uno rarísimo de un conejo que parten por la mitad y cada parte se va de paseo con su dueño, es muy popular aquí. Qué macabros. Reconozco que el vocabulario que aprendo en estos ejercicios es de muy poca utilidad, pero si me dedico a textos de vida cotidiana me muero de aburrimiento. Lo intento, aunque me cuesta muchísimo.

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19:33

También estuve haciendo listas de verbos, las leo en voz alta para acostumbrarme al sonido. Ilse y Mieke a veces me hacen repetir una palabra veinte veces para intentar que la diga bien. Los aplausos al final de la payasada son lo más emocionante. Lo mejor es que como cada una viene de una región diferente no pronuncian igual. Por ejemplo en el sur se les da fatal pronunciar la erre cuando va después de ge, que aquí suena jota muy fuerte, pero ese defecto es muy importante porque esa combinación es muy común en esta lengua, es como un francés hablando español, sin erres ni jotas. No se les entiende nada. En Ámsterdam pronuncian a su manera las vocales, y así por todas partes. Para mí es una diversión, me gusta escuchar las variantes fonéticas, me encantaría poder identificar la procedencia de la gente por cómo hablan. Eso lo hacía Sherlock Holmes y el Dr Higgins en Pygmalion.

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21:00

Mi hermana llamó, mañana me toca hacer de niñera cuando vuelva de la biblioteca. Ella se va a buscar al marido al aeropuerto, vuelve de Inglaterra. En invierno él coge el tren en Schiphol, pero cuando mejora el tiempo prefiere que vaya ella a buscarle. Salgo de la biblioteca a las 6 más o menos, entre que llego a casa me darán las 7 y pico, ducha, cena y tengo que estar en casa de mi hermana a las 8 y media. No suelen llegar antes de las 12 menos cuarto. Y el sábado tengo que madrugar, entro temprano. Es jornada corta, pero han dicho que va a haber mucha gente. Además, cuando cerremos tenemos que dejar listo todo para el lunes que empieza el mercado. Como vamos a ser cuatro o cinco supongo que terminaremos pronto.  Ya dormiré el domingo.

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21:15

El sábado tengo que recordarle a Mieke lo del examen del lunes, ellas ya lo saben, se lo comenté a la directora el día de la entrevista. Sí, es el 22, es la fecha que me dieron. Tengo que ir a Ámsterdam otra vez, pero lo haré sola. El examen dura apenas 15 minutos, no sé cómo serán las esperas, no conozco a nadie que lo haya hecho. Los exámenes que aprobé se podían hacer en distintas ubicaciones, unos iban a Ámsterdam, otros a Zwolle, creo que a Utrech también. A veces dependía de lo rígido que fueras con la fecha, la flexibilidad de calendario te permitía elegir un sitio concreto. Sin embargo éste sólo se hace en la central, es la validación del curso por parte de la academia, los otros tres los hacía el ministerio de educación, evaluaban tus conocimientos de historia y cultura holandesa y tu nivel de comprensión oral y escrita.  Me costó mucho conseguir que me autorizaran a hacerlo y al final me dijeron que era bajo mi responsabilidad. Son ejercicios de conversación con un profesor, sobre temas distintos, asumes un rol y representas escenas de la vida real. El otro sistema, el del portafolio, es el más común, son una colección de situaciones prácticas que van evaluando según las vas presentando y no necesitas ir a la central, una vez que lo completas los de la academia lo envían allí, después de que es evaluado lo devuelven con sus anotaciones y en una entrevista personal hacen que el alumno enmiende los errores cometidos. Es muy difícil de suspender.

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23:15

Hoy tocó serie española en la tele, en el canal internacional.

Un bodrio pero en español y eso se agradece tanto que lo demás no importa.

Te tragas cualquier cosa.

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23:20

Otra vez estaba charlatana.

Supongo que compensando lo calladita que estaré mañana corriendo de un lado a otro.

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23:25

Me voy a dormir.

Un beso.

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