Buenos días. Me voy a dormir (III)

Estefanía Farias Martínez

pasaporte español

17 de junio de 2009

7: 30

¡Buenos días!

Estoy tomándome un café.

En quince minutos tengo que salir corriendo.

A las 9 en punto debo estar en la biblioteca. Antes, incluso.

Hoy voy con taper para el almuerzo: un sándwich de carne, un plátano y un paquetito de galletas de chocolate. También he metido un botellín de agua en el macuto, hace mucho calor estos días y me deshidrato con facilidad. Es que lo hago todo a destajo.

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8: 21

Ya hice el cambio de autobús.

Me encontré a Carolijn en la estación, allí hago el trasbordo.

La muy zorra ni siquiera me saludó.

Se hizo la loca.

Hay que ser estúpida, porque tendrá que seguir el camino largo hasta la biblioteca para poder esquivarme y luego hacerse la no te vi.

A veces no entiendo a estos holandeses.

Ellos dicen que son sencillos y directos, a mí me parecen unos maleducados.

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9:05

Pues no, siguió el mismo camino que yo, manteniéndose a tres metros por detrás, esperó a que me bajara del autobús y luego bajó ella. Pero sus cálculos fallaron, la puerta aún estaba cerrada y tuvimos que esperar la una al lado de la otra, sin hablarnos, casi diez minutos. Ella ya no podía rectificar y me divertí observándola, estaba muy incómoda. Cuando se encendieron las luces se abalanzó sobre el timbre y al abrirse la puerta salió disparada hacia el interior. Yo iba a tres metros, andando despacio. El día empezó bien.

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10: 32

Cuando solicité el puesto aquí estaba entusiasmada con la idea de trabajar en una biblioteca. Es el tipo de ambiente en el que me he sentido siempre muy a gusto. Me pasaba horas y horas en la de la facultad, la conocía tan bien como la bibliotecaria. Sin embargo, en ésta básicamente soy un mozo de almacén. Llevo una hora cargando y trasladando libros. Y siguen mandándome carros. Mieke está desaparecida. Tengo la impresión de que de esto se ocupaba ella, a veces me mira como si le estuviera quitando el puesto. Ella sólo se dedica a la sección infantil y a vigilarme.

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10:45

Me han impuesto una tarea nueva en la cafetería. Ahora venden tarta de manzana. Yo sólo tengo que cortarla y dársela al cliente, avisando antes a alguna de ellas para que la cobre. Cuesta 50 céntimos, demasiado capital para entregarme esa responsabilidad. En casi dos horas sólo han pedido una.

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12:16

Acabo de tener un altercado con Mieke y me ha mandado a una pausa para almorzar. Estoy en mi rincón. En mi planta hay dos ordenadores para que los clientes hagan sus búsquedas, yo estaba en la sección de suspense, colocando los libros de dos o tres de los autores que más gustan. Había una señora en uno de los ordenadores, a mi espalda. Me llamó y yo acudí. Me señaló una referencia que estaba buscando. Leí el nombre del autor y el título y dio la casualidad de que lo acababa de colocar, así que se lo di. Ella se fue muy agradecida, pero Mieke apareció muy seria. La próxima vez tenía que avisar a Ilse para que se ocupara de la situación. Todas las consultas debían pasar por ella, así se evitaban errores. Alterar el orden natural de las cosas podría provocar el caos.

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12:22

Tampoco le gusta que coma sola en la entrada trasera del edificio; ella preferiría que me subiera a la tercera planta a comer sola en la mesa de reuniones. Yo le enseño el paquete de tabaco y problema resuelto.

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12:25

Mi atuendo es otro factor de conflicto. Ellas van todas con el traje azul del uniforme; unas, falda; otras, pantalón. Mieke preferiría que me vistiera más formal, pero yo me he preparado mi propio uniforme: unos pantalones de comando finitos, una camiseta pegada y unas deportivas. Para hacer mi trabajo es lo más práctico y además estoy monísima.

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12.38

Se me acabó la pausa.

Tengo que entrar.

A ver qué me encuentro.

Se supone que la marabunta está a punto de aparecer, eso tiene a todas revueltas.

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13:30

Entendí a que se referían. Llegaron niños. Sólo cuatro o cinco de momento, pero abultan porque se sientan a leer y hablan entre ellos y se ríen. Mieke parece aterrada, cuando se acerca al grupo sonríe como si llevara un alambre atravesándole la mandíbula.

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13:34

La que está en recepción es una de las de ayer, se llama Elsa, igual de alta que Femke pero un poco más delgada. Las holandesas son muy grandes casi todas. Será la alimentación. Son culetonas, con poco pecho y la piel muy gruesa, se les aja muy pronto. Al parecer a las niñas les dan una medicación para retrasar la primera menstruación y que no se interrumpa el crecimiento, pero luego se desarrollan de golpe y a los treinta ya están desgastadas.

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14: 20

Entiendo más holandés del que imaginaba. Cuando me hablan a mí es más difícil porque se empeñan demasiado, pero cuando hablan entre ellas usan un vocabulario muy sencillo. Me siento como una espía, porque no dejo que lo sepan.

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14:45

Poco antes de llegar yo, pusieron un nuevo sistema para sacar y devolver los libros. Unas máquinas estilo cajero automático, donde los clientes meten el carné de la biblioteca y, al pasar el código de barras de los libros por un escáner, automáticamente figuran en su cuenta o los retiran de ella. Si los están devolviendo los dejan en una estantería y de ahí pasan al carro. También aparece cual tiene multa por retraso y hasta que no la pagan no se pueden sacar más libros.

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14: 49

El sistema tiene varios problemas. El primero, que los clientes todavía no saben cómo funciona y necesitan ayuda para el proceso. La de recepción no da abasto, para estas mujeres tres clientes brutos seguidos son un trauma. Por eso Mieke vino a buscarme para que colaborara, me explicó la complejidad del sistema y me dejó sola con unos cuantos. En vez de obligarles a hacerlo y después intentar que entendieran dónde se equivocaban, yo hacía todo por ellos y, cuando preguntaban, contestaba como podía. Menos mal que las máquinas me tapaban, si llegan a ver mi método de enseñanza me llevo otra bronca.

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14:53

El segundo problema es que el setenta por ciento de los clientes son personas de más de sesenta, muchos cegatos, otros no saben qué hacer con una máquina y otros no tienen paciencia. Pero les hace gracia la española, te ayudan a hacerte entender, sobre todo las señoras y te acaban pidiendo el favor de que lo hagas todo por ellas. Suelen ser agradecidas. Las mujeres entre los treinta y los cincuenta, mientras demuestran ser incapaces de seguir una orden básica, me tratan como si fuera una ignorante. Los más listos, los niños. Esos lo cogen a la primera. Ni siquiera necesitan instrucciones por mucho que Mieke se afane en darles la lección. Ellos toquetean todos los botones y ya está. Hombres de mediana edad casi no vienen y son demasiado orgullosos para pedir ayuda. Se pueden pasar toda la tarde haciendo la operación y no dejar que te acerques.

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14:58

El tercer problema es que el escáner no siempre funciona a la primera y a veces no reconoce los libros. Después de intentarlo un buen rato les estoy mandando a recepción a joder a Elsa, porque la máquina 1 tiene el día tonto. Tampoco te creas que hay tantos clientes, habré atendido a unos veinte y probablemente me toque lidiar con otros cinco o seis antes del cierre. Pero vi los problemas que tenía Mieke el primer día y los que tiene hoy, porque de esto sí que nos ocupamos las dos.

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15:15

Acabamos de tener una crisis. Una niña de unos 12 años completamente desesperada porque se había olvidado de devolver un libro y no llevaba dinero para pagar la multa. Berreaba porque necesitaba sacar otro, pero el carné se le había bloqueado. Suplicó que le dejaran coger el libro que había ido a buscar, era muy urgente. Y en un alarde de generosidad extrema Elsa la mandó a casa a por los 30 céntimos. Había varias personas alrededor y pensé que alguien le iba a dar una moneda, pero me equivoqué. Nadie la prestaba atención, así que se fue.

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16: 02

He descubierto que en la segunda planta hay sección de cine, pero sólo tienen películas infantiles y juveniles y algunas modernas para el resto. Al enfocarlo todo como un negocio la oferta es muy limitada. Además, el fin de semana pasado tuve una charla bastante frustrante con mi cuñado, por intercesión de mi hermana que traducía las lagunas de la conversación. Según él incluso la gente de la edad de su madre piensa que el cine en blanco y negro son películas pasadas de moda, aquí no se pueden encontrar más que en sitios específicos. Le faltó decir tiendas de antigüedades. Es como si todos hubieran nacido después de los sesenta o de los setenta. Lo anterior es prehistoria. El cine no se salva. Probablemente la literatura tampoco.

En este país la modernidad y la ignorancia van de la mano.

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16: 17

Sí, puedes encontrar colecciones de clásicos del cine como las películas de Hitchcock, Clint Eastwood, La guerra de las galaxias, Los piratas del Caribe y Harry Potter. O una colección de cine chino como me pasó a mí. Estaba tan contenta hasta que descubrí en casa que eran en chino sin subtítulos.

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17: 05

Otra vez la avalancha de rezagados.

Me tuve que comer el plátano hace un rato.

Me dio la lipotimia.

Llevo todo el día corriendo entre la recepción, la cafetería y las estanterías.

Se supone que tengo que estar pendiente de las máquinas mientras ordeno.

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17:13

Mieke lo lleva peor, con esos tacones y la falda de tubo corre fatal.

Me da la sensación de que no soporta a los niños.

No sé por qué se centra en ellos.

Poniendo esa cara de institutriz de internado la esquivan.

La toca perseguirles.

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17: 20

Los niños se fueron hace un rato. Y Mieke desapareció. Como casi no tengo trabajo por hacer todavía, Elsa vino a pedirme cafés para todas. Tuvieron que esperar diez minutos, hasta que terminé la sección de romántica. Los hice en plan cadena de montaje y los repartí sin preguntar. Que se los cambien entre ellas si quieren.

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18:05

Como aún había gente, estaban estirando la hora de cierre. Me escapé. No del todo. Pasé volando por la recepción, le dije a Elsa que me largaba a casa y sólo le dio para decir adiós porque aproveché que estaba liada con un cliente, intentando venderle un abono en vez del strippenkart que pedía. El strippenkart es de las palabras que aprendes más rápido. Yo la conocía porque también se usa para el autobús, es una tarjeta de cartón con diez viajes que picas al entrar al vehículo. Si haces el de ida y el de vuelta en menos de hora y media sólo picas uno. Es práctico. Cuando llegué a la biblioteca descubrí que aquí también se usaba, te permite sacar diez libros y cuesta 10 euros.  El tipo era muy cabezón y Elsa no tenía mucho futuro, pero insistía. Aquí son vendedores de nacimiento, creo que es lo que mejor les enseñan.

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18:17

Se me olvidó sacar la basura con las prisas. Me di cuenta antes de subir al autobús y en un momento de debilidad culpable casi vuelvo, pero se me pasó enseguida. Además mañana libre, tienen tiempo para enfadarse y desenfadarse. En principio yo trabajo lunes, miércoles, jueves y sábados, pero Mieke tiene que hacer algo en Ámsterdam el viernes, así que me han cambiado el jueves por el viernes. Estaré sola, por eso le ha pedido a Ilse que me dé una clase acelerada de cómo se organiza la sección infantil.

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18:30

Mieke es de esas personas que vive para su trabajo, creo que lleva en el mismo puesto desde hace años. Habla de la empresa como si fuera una forma de vida. Como si fueran un enjambre con tareas cuidadosamente distribuidas para no romper el equilibrio. Está todo tan organizado que no dan oportunidad a la iniciativa. Hasta eso tiene que estar dentro del marco establecido. La han educado así.

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18:54

Hoy estoy demasiado cansada para la clase de holandés, pero si siento precedente no conseguiré que se lo tomen en serio. La haré breve, les pondré a leer palabras sueltas. Ayer preparé una lista de vocabulario, básicamente frutas y verduras, así incluso se las aprenderán. Porque como empiece con buenos días, buenas tardes, buenas noches y me llamo fulanito, desertan.

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19:16

Ya llegué a casa.

Necesito una ducha.

Estoy de polvo hasta las orejas.

Además, así me despejo que ahora me toca saltar a la arena a que me devoren los leones.

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20:45

Al final fue una clase tranquila, a medias, la lucha contra las vocales les dejó agotados, les hacía repetir cada palabra una y otra vez, incluso escribirlas, pero aprendieron a decir tomate, lechuga, cebolla, pimiento. Mi padre piensa ponerlo en práctica al hacer la compra.

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21:00

Cuando llegamos a Holanda, mi hermana no hacía más que repetir que aquí no había nunca polvo sobre los muebles, ella lo atribuía a la humedad. Mi madre, la pobre, no entendía cómo en nuestra casa tenía que pasar el plumero a diario, le echaba la culpa a la calefacción, al jardín, a que dejábamos las ventanas abiertas. Este año mi hermana se operó los ojos, dos dioptrías de miopía en cada uno y pasó por quirófano para quitarse las gafas. Al hacerle el examen previo descubrieron que las llevaba mal graduadas desde hacía años, como media dioptría de menos. Cuando le cicatrizaron las córneas hizo otro gran descubrimiento: existía el polvo, estaba por todas partes. Le costó 2000 euros la gran revelación.

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21:36

Mi padre está un poco contrariado porque pensábamos ir el viernes a Ámsterdam y tendremos que ir mañana, no hay más remedio. Los viernes hay un mercado de libros y todavía no hemos podido verlo. Hemos estado en el de las flores, pero ése es fijo. Lo podríamos dejar para la semana que viene si no fuera tan urgente. Es que mi madre metió los pasaportes en la lavadora y están deshechos, ya no queda casi nada de las fotos. Fue un accidente tonto. Mi padre es un adicto a los pantalones con muchos bolsillos y, como aún estamos con la psicosis del extranjero, lleva encima su pasaporte y el de mi madre siempre que vamos al centro. Los mete en uno de los bolsillos de abajo. Normalmente los saca en cuanto vuelven a casa, pero ese día no sé que pasó que se quedaron en el pantalón yacabó en el cesto de la ropa sucia. Mi madre aprovechó que estábamos preparando la mesa para poner la lavadora. Él se acordó de los pasaportes cuando estaba terminando de llenar el lavaplatos. Entonces empezaron los gritos y las carreras escaleras arriba. El rescate fue infructuoso, no habían sobrevivido.

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21:47

Se supone que empecé a trabajar en la biblioteca para mejorar mi nivel de conversación en holandés, aunque casi no hablo con nadie. Pasaré allí los tres meses, pero no le veo mucha utilidad. Para conocer gente tampoco tiene sentido. Qué gente. No soy tan social. Hoy me ha asaltado una señora muy emocionada porque yo era española, quería que le diera el teléfono para llamarme y tomar café. Me quedé mirándola como diciendo de qué va ésta. No se lo di, pero me dio el suyo en el envoltorio de la bolsita de té. Lo guardé como anécdota. A los holandeses les parecemos exóticos los españoles. Aunque yo no les encajo en el perfil, dicen que tengo cara de belga, que soy demasiado blanca. A los dieciséis me pasó algo parecido. Fui a Inglaterra a pasar un mes con una familia que acogía a estudiantes de intercambio y les faltó pedir que me cambiaran, porque ellos habían pedido una española y no les gustaba la que les habían mandado, no era nada racial. Sin embargo, la italiana sí se la habían mandado como debían. Por lo menos yo me libré de los ingleses borrachos que cazaban españoles, portugueses e italianos los viernes por la noche, con los belgas no se metían.

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23: 30

Me volví a quedar frita viendo la tele.

Mañana tengo que madrugar.

Hay que estar en la estación a las 8 y media como muy tarde que, si no, nos quedamos sin parking. Aunque tenemos que coger el tren de las 9:10.

Mi padre tiene un abono anual para mayores de 65 y nos hacen descuento a los acompañantes, pero tiene que ser a partir de las 9 y hasta las cinco de la tarde. De todas maneras, tenemos que sacar los billetes y luego daremos una vuelta por la minigalería comercial de la estación que sólo tiene abiertas dos tiendas. Les entrará la prisa por si perdemos el tren y a sentarse a esperar quince minutos en el andén. Lo habitual.

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23: 38

Me voy a dormir.

Un beso.

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