Buenos días. Me voy a dormir (II)

Estefanía Farias Martínez

Mudanza

16 de junio de 2009

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9: 05

¡Buenos días!

Se suponía que hoy no tenía que trabajar, pero me acabo de encontrar un e-mail de Mieke en el correo. Tenemos una reunión de planificación. Ayer a última hora decidieron que acudiera, por eso no me avisó antes. La idea fue de la directora, Mieke no estaba de acuerdo. Qué amable, me lo aclara para que no queden dudas. La directora piensa que si me integro haciendo este tipo de cosas mis compañeras no se sentirán tan incómodas. Hay que reconocer que la diplomacia no es un talento de esta gente.

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9:09

La reunión es a las 10: 30.

Tardo como una hora en llegar.

Me toca correr.

Ya te iré contando cómo va la cosa.

Encima me ha aconsejado que lleve algo, dice que eso daría buena impresión. Pensaba coger un paquete de galletas. Mejor compro unos bombones en el super que hay de camino a la biblioteca. ¿A quién no le gusta el chocolate?

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10: 11

Me quedan varias paradas.

Voy a llegar tarde.

Me tiene intrigada qué demonios pinto en esa reunión.

No voy a entender nada, será como en El guerrero 13: un blablabla incomprensible.

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10:45

Llegué justita de tiempo, pero no fui la última, aún faltaban dos.

Mieke estaba en la cafetería.

De lo de la reunión se ocupaba ella.

No me dejó ni tocar.

Le enseñé la bolsita de bombones y contuvo su decepción. Me recomendó que lo dejara para después, de postre.

A lo mejor esperaba una tortilla de patata.

Sobre el mostrador había una tarta de manzana de cuatro dedos de alto. Aquí les gusta mucho, a mí me parece incomible. Pura mantequilla, galleta, trozos de manzana y canela a espuertas, para paladares exigentes. Ella la miraba como si fuera una exquisitez y casi al oído me comunicó la feliz noticia: lo que sobre de la tarta me lo puedo llevar a casa.

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10:57

La reunión va a empezar.

Ilse me ha pasado el programa. Esto va de incrementar los ingresos, generar clientela y dar movilidad a los productos.

No sé por qué oír hablar así de los libros me da dolor de estómago. Seré rara.

Cuando salga te cuento.

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11:15

Se han puesto a discutir sobre una cosa que se llama work-shop.

Hay dos bandos, por un lado Ilse y, por otro, una gorda que tengo al lado. Es enorme. Se llama Femke.

Ninguna levanta la voz. Como trifulca es aburridísima.

Creo que ganó Femke, Mieke y la directora se pusieron de su parte.

Ilse tiene buen perder.

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11:32

Esto no acaba.

Femke se puso de pie, es altísima, y trajo otra tarta.

No dejan de comer.

Y la tal Femke por lo visto tiene el colesterol alto y el médico le ha prohibido de todo, pero ella dice que ya reventará cuando toque. Meterse en una dieta para viejos a los 50 le parece deprimente. Eso he entendido.

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12:03

La reunión terminó. Están todas muy contentas.

El bombón sólo me lo cogió Carolijn y sin mucha convicción, las demás lo rechazaron. Se iban a almorzar.

Hoy no trabajan ni Mieke ni otras dos, que supongo que ya conoceré. Aunque como no abren hasta la una, Mieke ha decidido que la ayude a sacar de las estanterías algunos de los libros que vamos a jubilar.

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12: 45

Lo de algunos era un eufemismo.

Llenamos tres cajas.

Me acaba de soltar.

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13:15

Voy camino del autobús.

En la puerta de la biblioteca me encontré a una compañera de la academia.

Me miraba como si fuera una rareza en aquel barrio.

Nunca fue una mujer amable, ni siquiera educada. Era demasiado fría.

Qué trabajo le costó sonreír.

Aunque cuando se recuperó de la impresión se volvió charlatana. Con las cuatro palabras que sabemos las dos, porque ella es turca, se hizo entender. Vive enfrente de la biblioteca y su hija mayor había entrado a pagar una multa. Como el error fue de la niña, era de ley que la bronca se la llevara ella.

Me asomé por el cristal y vi a Femke muy enfadada. La niña gimoteaba y ella permanecía impasible. Tenía en las manos el libro que la cría había devuelto. Por los gestos me dio la sensación de que no se trataba sólo de una multa.

Como la niña tardaba demasiado, la madre me pidió por favor que me acercara a echar un vistazo.

No hizo falta.

La cría salió sonriendo. Femke seguía maldiciendo, Ilse bajó toda apurada y cogió el libro para comprobar lo que Femke le estaba explicando. Las dos miraban a la niña como si fuera la semilla del diablo, pero ella ya estaba con su madre contándole que todo salió bien, no tenían que pagar el destrozo.

No conseguí entender qué le había hecho al libro, ya me enteraré mañana.

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13: 37

Pasé por la puerta del Corrosia. Es una sala de exposiciones. Está dedicada al arte moderno, expone obras de artistas holandeses. Estaba abierto y era gratis pero cuando vi el folleto no me apeteció entrar.

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14:13

Creo que ya te conté que este país está lleno de museos, pero no te confundas, no todos son como el Rijkmuseum o el de Van Gogh. Aquí llaman museo a todo. No digo que algunos no sean curiosos, pero les falta historia. El verano pasado me llevaron a un pueblo pequeño, más al norte, al museo de un pan muy famoso. Son una especie de rebanadas redondas esponjosas que saben a plástico y las venden en el super. En Ámsterdam hay uno dedicado a cuadros de gatos de todas las épocas. Y aquí en el centro tenemos un museo arqueológico, una muestra de restos de botes de madera de no sé que época, de cuando esto no existía.

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14:25

Acabo de llegar a casa.

Me voy a comer.

Luego te sigo contando.

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15:20

Ya estoy aquí.

¿Te he contado que donde vivo no existía antes de los setenta? Era un lago de agua dulce, en la desembocadura del Rhin. Dentro del lago hicieron varios diques y drenaron el agua. El dique que se corresponde a esta zona concreta se terminó en los cincuenta. Tardaron más de veinte años en transformar el fango en tierra edificable. Vivimos a tres metros debajo del nivel del mar. El drenaje tiene que ser continuo, si no el agua llegaría hasta el primer piso. Por eso estamos rodeados de diques, para prevenir inundaciones, no para que haga bonito. Nuestros grandes enemigos son las ratas almizcleras porque perforan los diques. Nos mandan un reporte anual de animales capturados, no los matan, los deportan. Tienen un acuerdo con Suiza para que los reciba.

Se puede sentir el agua moviéndose por debajo de la casa. A mi madre la tiene paranoica porque no sabe nadar.

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16:00

Al principio de llegar, mi hermana nos llevó a la playa que hay aquí cerca, y eso no era una playa. La arena era gris. Luego nos llevó a comer a un pueblecito de pescadores y fue otra decepción porque, en el puerto, el mar parecía un mar normal, las olas, las algas, pero olía diferente, le faltaba algo, como si le hubieran quitado la personalidad.

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17:05

Últimamente parezco una marmota. Si intento ver una película por la tarde me duermo y por la noche también. Supongo que necesito usar un poco más el cerebro, se me está atrofiando. Las clases de holandés eran muy elementales. Me entusiasmé cuando me cambiaron de grupo. A la semana no notaba la diferencia. Los profesores eran tan ecuánimes que el ritmo lo marcaba el que más dificultades tenía para aprender. Aprobé los tres teóricos, todo era cuestión de lógica y memoria, pero sigo sin saber hablar y apenas entiendo cuando me hablan. Ver reducido mi vocabulario a la mínima expresión me mata.

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17:50

Hoy empiezo a dar clase de holandés a mis padres. Un tuerto enseñando a dos ciegos. Como profesora soy muy paciente, los adolescentes problemáticos se me daban bien, además soy capaz de enseñar cualquier cosa aunque no la domine del todo. Cuando estaba en la escuela de minas daba clases de álgebra, mis alumnos aprobaban y yo suspendía, no me preguntes por qué. Eso de que sean padres en realidad me da terror, esto puede acabar fatal. Es una medida de emergencia, lo de entenderse por señas tiene un límite. Mi padre se defiende un poco con el inglés, pero aquí no es un recurso muy útil. Si con que aprendan lo básico sería suficiente, al menos de momento.

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17:57

Desde que nos quedamos los tres solos era consciente de que la tele era indispensable para facilitar la convivencia. Al llegar aquí solventamos ese escollo gracias a las series, en inglés con subtítulos en holandés. A mí me toca hacer de traductora simultánea, menos mal que encontré el canal de sci-fi y les tengo viendo las seis temporadas de Angel, la secuela de Buffy caza vampiros, es fácil de traducir, no tiene mucho argumento y Dios bendiga a los anuncios publicitarios, los aprovecho para hacer resúmenes y que no se me pierdan. Lo del cine es otro drama. Porque pasa igual. Mi hermana nos trae del vídeo club y de vez en cuando alguna película con subtítulos en español, pero generalmente están en inglés y hay que verlas haciendo pausas cada quince minutos para que pueda traducir, por contexto. Los gritos no faltan, la paciencia no es una virtud en esta familia.

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18:06

También tenemos el canal internacional de televisión española, pero sólo le sirve a mi madre para pasar la tarde viendo programas que no ha visto en su vida. Por la noche se harta de la tortura y quiere innovar. A veces a mi padre se le ocurre la maravillosa idea de poner el canal de música clásica y ver una ópera, mi cara de “¡No, por favor!” funciona poco, pero el que sólo pongan fragmentos y, si la quieres ver entera, tengas que pagar es estupendo. Me toca disimular. Del tenis no me libro, ni del drama si pierde Nadal o va perdiendo o parece que lo van a destrozar. La única antena de la casa está en el salón, así que sólo tenemos una televisión y no todo el mundo cree en la democracia.

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18: 20

He preparado una clase de fonética para empezar. Es que en este idioma las vocales no suenan igual y cuando van de dos en dos es peor. Esto va a ser como saltar al ruedo de rojo y sin muleta.

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18: 30

Allá voy

Te cuento cómo fue después de cenar

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21:10

Qué dolor de cabeza. Mi madre diciendo que ella nunca va a aprender a ladrar. Mi padre que jamás podrá memorizar todo eso. Y sólo hemos visto el alfabeto y las vocales simples, cuando llegué a las dobles se acabó la clase. Y esto va a ser todos los días. Iré poco a poco, pero pretendo darles clases de hora y media. Me lo he tomado en serio, espero que no acabe en divorcio.

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21: 17

Me acabo de acordar de algo muy raro que me pasó al poco de empezar a vivir aquí. Llegamos a Holanda la última semana de agosto y a esta casa en septiembre. Esto debió ser en primavera porque no hacía frío. Aquel invierno fue muy duro. El caso es que un día quise salir a dar una vuelta sola, callejear, porque íbamos a todas partes en coche y no conocíamos la zona. Llegué hasta la estación de tren, que está a unos veinte minutos de mi casa, atravesando un pequeño parque con una pista para skaters y zonas de césped con carteles gigantes de “Perros no“. El parque es como una barrera entre una parte del barrio y la otra. Decidí explorar el otro lado, crucé unos soportales y en ese momento empezó a llover, una cortina de agua. Cuando quise volver atrás no podía, no encontraba el camino. Di vueltas y vueltas, empapada. Fue una pesadilla despierta, mi eterna pesadilla, perderme. Dejó de llover de golpe y el mismo soportal por el que había entrado estaba delante de mí. Me volví a casa lo más rápido que pude. Nunca he repetido la excursión al otro lado del parque.

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21:30

La primera noche que pasé en esta casa lo hice sola y fue la misma semana de la mudanza. Nos dieron las llaves el lunes, la mudanza llegó el martes, colocaron los muebles y repartieron cajas por toda la casa, había más de treinta sólo de libros. Cada caja llevaba una etiqueta en inglés que yo misma había puesto. Los chicos que sacaban las cajas del camión nos preguntaban dónde tenían que dejarlas. Uno de ellos fue el encargado de descargar las que llevaban la etiqueta rocks y mi padre le mandaba dejarlas en el jardín, él estaba intrigado porque eran las más pesadas. Mi padre decidió saciar su curiosidad y abrió una. Cuando el chico vio una sola roca de treinta kilos dentro se quería morir o matar a mi padre. Fue divertido. Muy listo no era, yo lo había puesto en la etiqueta. Un amigo de mi hermana nos pintó el techo del salón y la cocina, se tomó su tiempo, tardó tres días. Jueves y viernes estuvimos desembalando, montando estanterías. Mi hermana vino a colaborar, pero después de la primera sesión de gritos nos abandonó. El viernes nos trajeron las camas. En la segunda planta había dos dormitorios grandes y uno pequeño, pero yo elegí el cuarto del ático que había sido el despacho del antiguo dueño. La casa es pequeña y eso me daba mi parcela de intimidad. Aunque el rellano era demasiado estrecho y para poder poner las estanterías de los libros tuvimos que quitar la puerta de mi cuarto, así que mi intimidad quedó en relativa. Ese mismo viernes, con el cuarto lleno de cajas, sin más mueble que la cama, me quedé a dormir, quería estar sola. Llevábamos casi dos semanas viviendo en casa de mi hermana. Necesitaba respirar.

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23:15

Hoy estaba charlatana, ¿eh?

Mañana entro a trabajar temprano.

El día va a ser largo porque es miércoles y los niños salen del colegio a las doce.

Ya me avisó Mieke.

El movimiento fuerte empezará a partir de la una y no parará hasta la hora de cerrar.

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23:17

Me voy a dormir.

Un beso.

 

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