Grajeas eróticas: “De los votos quebrados”

Harry Rainmaker

Orgasmo

Esa tarde, el poeta había hecho voto solemne de olvidar lo que era y tomarla con toda la pasión animal de la que se sabía capaz. Pero mientras ella se dejaba avasallar, le pidió que le susurrara palabras de amor. Y con el fino encaje de su aliento fue hilando paisajes de ensueño. El éxtasis la sorprendió navegando por increíbles geografías desconocidas. Y fue feliz.

 

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