Salvadores

Rafa Sastre

Ideas

Primero vinieron a visitarme los salvadores de patrias. Antes de que pudieran abrir la boca, les dejé cristalinamente claro que yo tengo tres: el Mundo, el Fútbol Club Barcelona y mi familia. En cuanto al Mundo, les comenté, es evidente que no hay quien lo salve, y si existiese ese superhéroe, ya se encargarían los poderes fácticos de eliminarlo por la vía rápida. Respecto al Barça, no necesita salvación, es precisamente ese equipo el que cada semana nos conmuta la pena del aburrimiento a los aficionados al balompié. Y por lo que atañe a la familia, que es mi única patria verdadera, nos vamos apañando, gracias. Estos vendedores de banderas y donantes de conflictos se miraron entre perplejos y contritos, me ofrecieron un panfletillo (que terminó en el cubo de la basura) y se largaron con viento fresco.

Luego aparecieron los salvadores de almas. Inme­diatamente, les rogué, en su calidad de espe­cia­lis­tas, ayuda urgente para encontrar la mía, que me había abandonado el miércoles de la semana anterior llevándose una maleta repleta de amores, odios, ren­cores, frustraciones, anhelos… Precisaba recuperar mi espíritu y todos sus sentimientos, pues ahora sólo era un vagabundo sin memoria y con la mente plana. Pero no debían ser unos especialistas demasiado competentes, el único paliativo que me ofrecieron fue la tarjeta de su puñetera cofradía con un número de teléfono en el que aseguraban que recibiría la asistencia anímica necesaria (tarjeta que por supuesto también acabó en la basura). Como vendedores de humo que eran, se desvanecieron silenciosamente.

Al cabo, llegaron los salvadores de los salvadores. Me cayeron simpáticos desde el principio y los invité a pasar. Después de unos tragos, no tuvieron reparos en confesar que ellos tampoco salvan a nadie de nada, pero que disfrutan esparciendo su mensaje de la trascendencia del individualismo, de la imprescindible deserción del rebaño, de la relevancia y significación de la diversidad y del formidable peligro del pensamiento único. ¡Éstos sí eran buenos vendedores! Tan buenos eran que les compré su máquina de elaborar ideas, me arremangué y me puse a escribir este cuento.

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Del libro Sueños y desatinos, de Rafa Sastre. Col. ACVF Relata 6.

Autorización exclusiva para Periódico Irreverentes por gentileza del autor y de ACVF Editorial

© 2015, Rafa Sastre y ACVF Editorial

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SastreRafa Sastre nació en Valencia. Tras licenciarse en Económicas, comenzó a trabajar en el sector financiero.

Enamorado de la música, especialmente del jazz de los años cuarenta y cincuenta, también es aficionado al cine y a la fotografía. Sin embargo, es en la literatura, su vocación tardía, donde ha sobresalido. Algunos de sus relatos han sido distinguidos en concursos, y otros han aparecido en antologías colectivas. Forma parte del grupo literario Generación Bibliocafé y edita la revista mensual Valencia Escribe.

Es un admirador de la obra del ruso Antón Chejov, el irlandés Oscar Wilde y el español Juan José Millás, entre otros autores.

De talante perfeccionista, su estilo es incisivo e imaginativo, conciso y lúdico.

Jazzesinato fue su carta de presentación: un sorprendente primer libro de relatos. Sueños y desatinos, su segundo libro de relatos, confirmó a un autor decidido a reinventarse, a divertirse escribiendo y a que nos divirtamos leyendo.

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