El circo del mago

Miguel Rubio Artiaga

Elefante

Los trapecistas,
actuaban sin red
porque tenían alas.
Los saltimbanquis
eran una familia
de canguros
y un grupo de ranas.
Un león, con sus rugidos,
hacía que los domadores
se subieran a sillas
a cuatro patas.

Los payasos
iban cambiando
según las ciudades,
lo único fijo,
es que fueran concejales
y nominados alcaldes.
A la izquierda,
en la entrada a la carpa
había un puesto
que vendía tomates
y huevos podridos
en canastas.
Los elefantes, ingrávidos,
danzaban ballet
con zapatillas voladoras,
en los pasos
mas complicados
se ayudaban con la trompa.

El mago, era El Mago,
se paseaba entre el público
haciendo juegos de cartas
y mágicas adivinanzas.
Pero su truco estrella,
tomaba forma mas tarde
cuando los espectadores,
al ir a pagar algo,
echaban a faltar las carteras.

De funambulistas, las ardillas,
de forzudo, una torre
humana de hormigas.
Una boa, el tragasables.
El escapista, nunca aparecía.
De malabaristas tres pulpos.
Al hombre bala hacía tiempo
que dejaron de buscarle.
Tragafuegos, un borrachín.
La delfina más coqueta, una sirena.
El chimpancé de contorsionista.
Un loro como jefe de pista.
¡Empieza la Función! ¡Pasen y vean!

—–

Poema del libro “Versos élficos”, de Miguel Rubio Artiaga

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