“Pis y caca. El enmascarado no se rinde”

Modesto el Grande

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Pis y caca. El enmascarado no se rinde“. Con ese título, un escritor argentino escribió en la revista Humor Registrado un panegírico del triunfo de Carlos M3n3m sobre Antonio Cafiero en la interna del Partido Justicialista, a pesar de que había apoyado públicamente la candidatura presidencial del ex ministro de economía de Isabel Martínez, concurriendo a los actos proselitistas y poniendo la cara en cuanta situación se presentara. Por supuesto que eso, pocas semanas después, no le impidió al escritor pasarse, con armas y bagajes, a apoyar a Carlos Saúl en su ascenso hacia el comando de la década que tuvo la impronta de Domingo Cavallo. Claro que hoy el ubicuo escritor se alista en las huestes oficialistas, habiendo recorrido un camino casi calcado al del también ubicuo e inteligente Aníbal Fernández, quien, además, militó católicamente al lado de Eduardo Duhalde. Va de suyo que estas historias son prolijamente tapadas por todos los interesados, incluido el grupo clarinete, harto favorecido con una ley propiciada por ellos mismos para que el Estado Nacional (o sea toda la gilada que componemos, entre muchos millones más, vos y yo) se hiciera cargo de sus deudas en dólares, por créditos tomados en el exterior. Y… adiviná quién era ministro de Duhalde en esa época. Fijate, si no lo sabés por tu juventud o no lo recordás por tu vetustez o, directamente, por desinterés. Los que ya transitamos los dos tercios de la vida –o más- ya vimos esta película varias veces. La más grotesca fue cuando una presidenta ganó las elecciones por el 62 % de los votos y, un par de años después, al ser volteada por un golpe de estado, los mismos que la eligieron miraron para otro lado o, peor aún, apoyaron y participaron de la asonada marcial. La masa, el pueblo, esa entelequia de proteico y a veces imprevisible e indescifrable actuar, cree haberse rebelado, en buena parte, a la ideología dominante, apostando su hartazgo a los que interpreta como los Martín Karadagian (buenos), en contra de los que ve como los Tufic Memet (malos), pero no aprecia que ambos participan de la misma troupe, del mismo grupo teatral que no tocará un solo hilo de la estructura económica dependiente, pues “trabajan” para la misma clase dueña de la estancia. El mismo perro, aunque con otro collar. Por eso, otra vez, el enmascarado no se rinde, dice.

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