Un poco de Historia y otro poquito de historieta

Alberto Ernesto Feldman

Bastón

Subí al 67 en Núñez y la Avenida, me senté y, mirando la espalda del chofer, volví, como cada vez que viajo en esa línea donde trabajé más de 10 años , a mirarme a mí mismo recién salido de la colimba, y reviví algunas cosas.   La Avenida se llamaba “ del Tejar”, un nombre casi poético, cuyo origen es fácil de imaginar,   fue remplazado por el de “Ricardo Balbín”, un famoso político   que, durante mi niñez y hasta mis treinta, era el rival de Perón. Lo conocí   cuando hice el servicio militar en la Quinta de Olivos, durante la presidencia de Illia, cuando él visitaba a don Arturo y se paseaba por los jardines, contemplando con melancolía lo que se le había escapado de las manos en varias elecciones presidenciales. Si se hubiera postulado otra vez a la Presidencia, hubiera llevado al Partido Radical nuevamente a la derrota.

Por suerte, un hombre como don Arturo Illia, fue elegido presidente, y para vergüenza de todos nosotros, principalmente para su propio partido, que no lo defendió lo suficiente, fue derrocado justamente por su honradez. Vale la pena observar el silencio que se hace sobre su lucha contra el monopolio de la industria farmacéutica extranjera; él era médico y sabía de qué trataba la cosa, fue castigado por eso. Era un mal ejemplo y había que silenciarlo. Fue más rescatado por el Teatro que por la Historia. La obra teatral “¿Quién pagará todo esto?”, de Eduardo Rovner, da cuenta cabal de su condición humana y su honestidad.

Balbín, en cambio, era un gran declamador. Hacía unos discursos hermosos, el más grande de ellos fue su “Elegía” a la muerte de Perón. Dijo, si no me equivoco, que venía a despedir “al amigo”. No es difícil imaginarlo vestido con toga, discurseando en el Foro Romano. ¡Qué bien que hablaba!,   sucedió que el País necesitaba un presidente, no un recitador.

Inmediatamente, sostenida por López Rega, el Rasputín argentino, asumió el Gobierno peronista Isabelita Martínez, gran valor,   mientras bajo su pollera, la Triple A anticipaba la Represión y la calle Republiquetas fue rebautizada con el nombre de   Crisólogo Larralde, un político cordobés. Me gustaría saber si son muchos los que conocen sus méritos.   La verdad es que tampoco muchos   conocían el significado del nombre Republiquetas.   Viviendo toda mi vida muy cerca de esa calle, recién me enteré de su significado y de su importancia viajando a Jujuy, a mis setenta años. Eran los grupos numerosos de indios y paisanos que defendían el norte de la Invasión Realista, tenían jefes destacados, como Juana Azurduy y Manuel Padilla, su marido, varios sacerdotes y hasta un descendiente del último rey Inca.

Fueron negados por la Historia Oficial, que no es mala porque se escribió en Buenos Aires, sino por los intereses económicos y políticos que defiende. Sólo Güemes escapó a la censura.

Afortunadamente, después de muchas décadas de oscuridad, solo iluminadas por el folclore,   unos pocos pioneros del Revisionismo Histórico,   Félix Luna, Felipe Pigna y Pacho O’Donell , entre otros, ponen las cosas en su lugar.

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