Brindis, bromas y bramidos: “Oníricos” (Final)

Fernando Morote

onirico

A VECES LAS APARIENCIAS SON CIERTAS

-Desarrollo, casi a diario, una intensa actividad onírica. Es maravilloso. Me voy, vivo en otras partes.

Soy estrella de fútbol, asesino huyendo de la ley, actor famoso, empleado violando a su jefa.

-Mi jornada es mucho más ajetreada cuando duermo que cuando estoy despierto.

Me reúno con amigos que están lejos, recibo noticias de una vieja colega, regreso al colegio, junto en una misma mesa perro-pericote-y-gato.

-A decir verdad, los sueños tal vez no revelan muchas cosas nuevas, pero refuerzan tremendamente el entendimiento de las ya sabidas.

Compañeras de trabajo que delatan confidencias, hipocresías gigantescas que son respondidas con puteadas grandiosas.

-Uno nunca advierte cuánto le impactan las cosas que ve sino hasta que las sueña.

Nativas semi-desnudas bañándose en un arroyo edénico, juegos eróticos al aire libre, coitos de pie en círculos comunitarios, niñas abriendo las piernas a su antojo despertando el apetito de los concurrentes, viejos edificios llenos de burócratas, venciendo el soroche a base de poder mental, piscinas vacías a las cuales me lanzo sin dudar.

-Cada uno sueña de acuerdo a su cultura.

Paso una brocha con mi propia mano sobre una pintura de Rafael Sanzio.

-Los sueños no son más que alivios y desilusiones.

Dirijo un equipo infantil de fútbol, me reencuentro con los muchachos de la universidad, me refugio en un cuarto abandonado del malecón, el mago con un gesto a distancia le quita la ropa interior a la estupenda chica que está sentada a mi lado, mi amigo se despierta para obsequiarme y ponerme algunas monedas en el bolsillo, la policía nos detiene y nos pregunta con cuál arma deseamos morir.

-Los sueños son extrañas y mágicas experiencias; de lo contrario no serían más que insulsas porciones de realidad.

De visita en un palacio ocurre lo de siempre: no me dejan entrar; inicio una guerra donde soy el único héroe, llevando y trayendo mensajes importantes, cruzando abismos, esquivando el fuego enemigo; asisto a un espectáculo de travestis que son nada menos que una sarta de hampones; salgo a la calle perseguido, martillo en mano, por un conserje enardecido; navego el río Rímac a bordo de una vieja cámara de llanta.

-Los sueños son una sana, necesaria y divertida forma de recuperar la cordura.

Doy un discurso en no sé qué lugar y no sé sobre qué tema, la gente viene en oleadas para verme y escucharme, empiezo a correr calato por el escenario, a muchos no les causa mayor impresión, pero algunos me avientan regalos, entonces entro al camarín de una artista que está a punto de desvestirse. Intento hacerme el gracioso diciendo: “Si quieres, puedo irme”. Casi de inmediato, agrego: “Pero si prefieres, puedo quedarme”. La mujer me mira un poco entre la risa y el desprecio, no entiendo bien su mueca, aparece en ese instante el amante, quien me lanza una mirada de paladín salvador, me deshago en disculpas, intento hacerme el cojudo esta vez. “¿Qué es esto? –pregunto- ¿Un cabaret?”. El novio ofendido menea la cabeza; cerrando los ojos responde: “Es un burdel”.

Me despierto lleno de baba en los labios. Me voy con mis sueños a otra parte.

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Una respuesta a “Brindis, bromas y bramidos: “Oníricos” (Final)

  1. Coincido: “Los sueños son una sana, necesaria y divertida forma de recuperar la cordura”. Abrazo, señor Morote.

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