Los amantes alemanes

Alberto Ernesto Feldman   

Los amantes

 Escena primera

El fondo,  que alguna vez fue jardín, de una casa suburbana  en clara decadencia.  Sólo tierra y algunos yuyos. Adelante, izquierda, una parrilla  desvencijada  y oxidada , que muchísimas veces reunió a  diez o doce personas y hoy oficia de patíbulo, rodeada por gran  cantidad de libros  apilados  en desorden,  esperando su turno para  ser  incinerados.

Una delgada columna de humo y un penetrante olor acre dominan la escena.  Adelante, derecha, un cúmulo de cenizas y madera carbonizada  con una pala  clavada en el centro, sugiere un túmulo mortuorio  y revela,  junto con los rostros tensos y patéticos de los personajes, que están  entrando en la ancianidad, y  más que  descartar  objetos que no tendrán ubicación en el pequeño departamento al que  se mudarán próximamente, parecen estar al  final de un proceso hogareño de purificación  por el fuego.

A foro, centro,  en la descascarada pared, una ventana. Debajo de  ella hay dos viejas reposeras  semiocultas  por los  libros.  Al comenzar la acción, llega a  través de la ventana la voz de  Carlos Gardel  cantando “El día que me quieras”.

  

Osvaldo:  (Arrojando  libros a la parrilla, previa  rápida mirada a los títulos) Margui,  quemando  libros  me siento  terrible,  volvimos a la  Edad Media o a  Hitler, pero no tenemos   tiempo…no podemos hacer otra cosa. Se nos vino todo   encima…  ¡Ahora no quieren los libros ni regalados!  Todos tienen poco espacio, y nosotros  tendremos  menos… ¡Qué humillación, los compran por papel!

Marga:     (Sentenciosa,  mientras también arroja  libros)  Hace  muchos años que te decía  que  era  hora de desprenderse  de algunas  cosas viejas, antes  se  podían vender … bueno…por  lo menos,  no es  quema de  brujas…¿verdad? (lo piensa mejor)  ¿o también?…

Osvaldo: (Ignorándola, toma  un libro  al azar)  ¡El  Arias Paz! …¡Qué  grande, el romántico de las motos! …(lo abre y lee) : escuchá,  Margui : “…la relación con su dueño,  es íntima, ya que los mecanismos se llevan casi en el regazo, además hay que tener en  cuenta  un factor psicológico derivado de la forma de montarlas…” Margui,  ¡Es un   poema   de Amor!… ¡Este poeta  enseñó Mecánica de motos a generaciones!…

Marga (despreciativa)   Te hubieras casado  con él;   lástima, ahora sí  se puede;  pero habría  que ver si  te hubiera hecho la comida,  lavado los calzoncillos, pagado  las cuentas…

Osvaldo: (dominándose, solemne)  Don Manuel Arias Paz murió hace  medio siglo…  ¡No seas  irreverente  con este hombre que a través de su libro me enseñó  el  oficio que,  por suerte,  pudo remplazar  a lo que no me dejaste ser!…

Marga: (con furia) ¿ que yo no te dejé ser?… ¡Habrase visto! …  ¿Y los huevos del señor?… ¿Dónde estaban?…

Osvaldo: (conciliador) Bueno…rebobinemos…¡Mirá  qué  lindo lo que dice acá don Manuel: “… mi  mayor satisfacción es ver mi  texto,  no prolijamente  alineado en el estante de  una biblioteca, sino abierto y manchado de grasa en un banco de trabajo…”

Marga:  (irónica) ¡Ah,  eso sí que lo aprendiste bien;  grasa y aceite  sí que hubo en abundancia  por  estos lados; aquí sí  que coincido con tu…(mordiendo la palabra)   maestro!…  También te enseñó  a traer todos los  fines de semana a esa banda de famélicos, borrachos y músicos de cuarta, que por años invadieron esta casa y convirtieron mi  jardín en  este  páramo, aplastando todo con sus motos y sus botas; claro, ¡el  muy  querido Osvaldito era para ellos mecánico y asador, y  además  tío Patilludo!… Después  se iban de parranda  todo el fin de semana con sus máquinas, pero la estúpida   se  quedaba  sola como una ostra,… ¡limpiando todo  el desastre  que dejaban!

Osvaldo: (ofendido) Vos no venías con nosotros porque no querías;  yo te  lo pedí siempre,  hasta  que me  cansé de tus negativas,  todos iban con sus parejas, yo era el único solitario,  siempre tenías  excusas, (en falsete)  “¡no quiero faltar a la misa del  padre  Kurtz” , o  “…me  da miedo la velocidad”,  pasando por:  “en moto,  no… no  creo que sea  decoroso  que  una mujer  abra las  piernas así!…”  A propósito… ¿ya averiguaste cuándo es  decoroso  que  una  mujer abra las piernas así ?…

Marga:  (indignada,  dominándose) Te olvidaste de un pequeñísimo detalle, ¡teníamos dos hijos chicos!… ¿querías repetir la historia de tu viejo, que recorría el mundo con su moto y dejaba seis meses cada año a su familia en banda?… ¡Así, con una idiota que  aguanta, cualquiera es bohemio!… acordate de tu madre, la pobre petrificada  frente al  televisor;  al final la ponías frente a  la heladera y así se quedaba  las  veinticuatro horas!

Osvaldo: (dando cátedra) No confundas las épocas;  en aquel entonces,  mi  madre estaba   hecha  unas  castañuelas,  los chicos podían haberse  quedado con ella,  tenía todo el   tiempo y  se llevaba muy  bien con ellos, y  vos podías  haber venido conmigo,  pero no;  tenías  miedo de que ella ocupe tu  lugar…   y  no querías compartirlo con nadie…

Marga: (entregada) ¡No entendés nada,  todavía no sé si sos un pelotudo o un hijo de puta  pero  por ese delirio que tenés  todavía con las motos, me inclino por la pelotudez;  mirá que sos grande…, ¡Terminá  ya  con eso, que ahora las motos son  armas para los motochorros!. . . Ah,  fíjate  que se  te cayó algo del libro,  ¿es una foto?…

Osvaldo: (la levanta con rapidez  y, trata de desviar la atención) ¡Que injusta que sos;  eso que decís  de las motos, es  como echarle a los  paraguas la culpa de la lluvia!…

Marga : (le arrebata la foto) ¡No te hagas el idiota!:  ¿Quién es esta mujer?…

  

Escena segunda

 El mismo lugar  de la escena anterior.  A medida que se van caldeando los ánimos, los personajes aumentan la velocidad y la violencia  con que arrojan a la parrilla los  libros, que caen dentro de  un  gran hueco, invisible al público,  que los conduce  debajo del  escenario.

 

Osvaldo: (se recompone) No es nadie que no conozcas; es  Ilse, mi primera pareja. Yo mismo te conté  toda la historia antes de casarnos, y te mostré  fotos  de ella  antes de romperlas,  no  sé cómo ésta  vino a parar aquí… ( se arriesga,  aprovechando que Marga no tiene puestos los anteojos) Mirala  bien, vos  tenés   buena  memoria,  ¿la reconocés?…

Marga:  (mira la foto con displicencia) Es cierto,  tenés  razón,  esos  ojos celestes  y esa cara de gringa no se  pueden olvidar así nomás,  pero esta mujer tiene cincuenta  años,  y esos  automóviles son de los noventa…  que yo sepa, nos casamos  en el  sesenta y  ocho!

Osvaldo: (ensaya una  ridícula defensa)  ¿Desde cuándo  sabés  tanto de automóviles? Y  ya que lo sabés  todo,  ¿qué es lo que   se  ve  detrás:   ¿ La catedral  de La Plata o la  basílica de  Luján? …

Marga:  (desbordada)  ¡No puedo creer  lo que estoy  viendo  y oyendo… ¡ el  Jinete Solitario  tenía compañía y  yo, la Cornuda Mayor del  Universo, hacía las ensaladitas y ponía la  mesa para  el asado  con  sus  amigotes…, ¡Cómo se matarían de risa!…  (con un quejido) ¡Me quiero morir!…

Osvaldo: (insensible) ¿Para qué?,  cada cosa a su tiempo,  si ya se fueron casi todos y quedamos  nosotros,  testimoniemos,  escribamos  la historia…

Marga: (ansiosa) ¿Ella también?…

Osvaldo: (lúgubre) Ella también, hace  diez  años.

Marga:  (desalentada) No esperaba  nunca  competir con un fantasma … ¡Qué papel de  mierda  me  reservaste en esta historia!…

Osvaldo: (afirmándose) Yo no te reservé ningún papel, vos te lo ganaste:  son años y años de   no perderte la  misa, de no faltar al  té con las Damas de la parroquia ni  a  las amenas conferencias del padre Kurtz. Por si te olvidaste,  te recuerdo que  esas reuniones también te ocuparon dos tardes a la semana durante quince años, hasta que  él  se volvió a su país

Marga: (justificándose) Supiste siempre que yo era creyente, y si no te interesaba  la Religión, y  yo no compartía ni tus amigos ni tus salidas “turísticas” de fin de semana,  también tenía derecho a tener alguna  vida  social  en este  entorno tan  hostil y  aburrido!  Osvaldo,  ¡son más de   cuarenta  años en este pozo!

Osvaldo: (sigue firme y agrandado)  Está bien, vos elegiste; ¡Los dos elegimos!…

Marga: (con amargura)  ¡Qué buena compañera de cama debió ser  Ilse!… Yo nunca te pude satisfacer… ni vos a mí…

Osvaldo:  (soslayando esto último)Ah… allí…,  ella no era ninguna  maravilla…y yo tampoco, pero  estar juntos era mitad placer y mitad alegría, nos  reíamos mucho.  Ya no me acuerdo cuando fue la última vez que  vos y yo nos reímos juntos… pero  me acuerdo de cada una de las salidas graciosas de  ella, de  sus juegos de palabras, de su risa fácil,  de  su dificultad con el idioma y de  su miedo  a  la oscuridad ¡Disfrutábamos  tanto con sólo estar juntos los fines de semana!…

Marga:  (despectivamente) Seguramente no tendría ninguna obligación familiar. ¡Así, yo  también  hubiera podido  trabajar de geisha!…

Osvaldo: (con calma ) No, no hubieras podido.  Y  tenés  razón,  no  tenía obligaciones  familiares: fue la  única sobreviviente de un accidente en el que murieron sus dos  hijos y  su marido, y sin embargo,  nos volvimos a encontrar y siguió apostando  por la  alegría de la  vida hasta el final. Y ya que estamos  en tren de  confidencias, tengo que decirte que la foto de ella,  que   por cierto voy a  conservar, no  la saqué ni  en La Plata ni en Luján; lo que se ve  es la  catedral de  Munich.  Cuando supo de su mal,  Ilse quiso volver  al  lugar donde había nacido. Se quedó  allí:   me dijo que había amado en   castellano,  pero   quería  morir en  alemán. Me echó.  Volví solo. Para vos,  inventé  que  había ido con los muchachos hasta el  Brasil  para probar unas   máquinas  nuevas en la ruta… ¿te acordás?… A esa altura te  creías cualquier cosa… o  nada te importaba…

Marga:  (tosiendo y lagrimeando) ¡Basta Osvaldo, hay demasiado humo! Voy adentro a  preparar  unos mates y   vuelvo…   ¡Terminemos con esto!

  

Escena tercera

El mismo lugar.  La tarde está  cayendo,  ya se ha quemado todo. Marga y  Osvaldo están  sentados en las reposeras, tomando mate en silencio, reconcentrados en sus pensamientos.  La débil  columna de humo que se eleva de la  parrilla se extingue  gradualmente hasta desaparecer. Pocos libros rescatados están apilados cerca de las reposeras.

Marga: (En son de paz, después de un largo silencio) ¿Está caliente el agua, viejo?…

Osvaldo:  El agua está bien todavía, pero éste es el último, no quiero más. Está empezando  a  refrescar…

Marga:  Yo tampoco quiero  más, (se levanta y se lleva el mate y el termo) Voy adentro a prender  la luz, (entra a la cocina por  una  estrecha  puerta  al lado de la ventana)

Al encenderse la luz, Osvaldo  toma entre los libros rescatados  el  de  Arias Paz, saca la fotografía  y la contempla arrobado y melancólico. Marga vuelve, lo ve ensimismado  y retrocede en silencio. Entra a la casa a buscar algo y vuelve con un pequeño envoltorio entre sus manos.

Marga:  (con recelo)  ¿ Osvaldo, de verdad vas a guardar esa foto?

Osvaldo:  (con seguridad)  ¡Claro que sí; es parte de mi historia, y perdóname,  pero de una   parte  muy importante de  mi historia… quizás la más feliz!

Marga : ¡No te importa herirme,  decís  cosas que te podrías ahorrar aunque las pienses!…

Osvaldo: Lo que sucede es que a la verdad no hay con qué darle, y seríamos muy hipócritas  si  la disfrazamos sólo para no herir a alguien…

Marga: Vamos a emprender juntos  la última etapa…  ¿no es bueno que podamos franquearnos  y hablar   sin tapujos?… ¿Qué vamos  a esperar?… ¿Para qué nos sirvió  el  silencio?… No pudimos  comunicarnos  ni  con los chicos… Por eso se alejaron de nosotros…

Osvaldo : En eso estoy de acuerdo… ¡y no hicimos ningún  esfuerzo para  recuperarlos! Aleluya…por una vez coincidimos…empezamos bien.

Marga: No estoy tan segura (desenvuelve el pequeño bulto) Osvaldo,  esta joyita  es un diccionario castellano-alemán….

Osvaldo: (a la defensiva) ¡Mío no es, nunca tuve uno!

Marga : Sí, ya sé, es mío, me lo regaló el padre Kurtz…y me lo voy a quedar para siempre…

Osvaldo : ¡Nunca supe que te interesaran los idiomas!… ( empezando a darse cuenta, pregunta con temor) ¿Y qué tiene de particular ese librito?..

Marga:  ( irguiéndose al recordar) -Muchas cosas.  Él quería que le dijera que lo amaba, no  sólo  en  castellano,  quería oír también  “ich liebe dich”  y que yo buscara y supiera lo que  él me decía  en los maravillosos momentos que pasamos  juntos durante quince años;  siempre  escondiéndonos;  pero eso también tenía su encanto… No pude encontrar todas las palabras  que me dijo durante tantos años, pero estas  ramitas de lavanda que se secaron  entre las hojas son de su jardín, y  me traen todavía  el olor de su  ropa, de su  cuerpo…de su inmensa  dulzura,  de su bondad  y de   su entrega  sin reservas  casi hasta el final… ahora que lo  pienso, no fue del todo inútil   haber  vivido…

Osvaldo: (confundido)  Pero Marga,  vos fuiste siempre creyente,  y él,  sacerdote católico,  estaba  incumpliendo  sus votos… ¿no  tenían  miedo de  Dios?…              

Marga: ( serena  y aliviada) ¿Miedo?.. no,  Osvaldo;   al menos yo, no, …¡creo que estuve más cerca  de Dios que nunca!…, pero él…   tuvo una  crisis de conciencia y por eso  volvió a su país.  No me hagas hablar más. Respetémonos ahora como  no lo hemos   hecho  nunca. ¡Vamos adentro, que está cayendo el rocío y mañana tenemos un día bravo!…

Osvaldo : (tomándola de la mano) Un  pequeño  diccionario con unas ramitas secas y un  libro de Mecánica con una foto no ocupan mucho lugar, y  no hacen mal a nadie,   vamos  Marga,  vamos…

(Vuelve a oírse  la voz de  Gardel  en “El día que me quieras”, aumenta  su  volumen mientras lentamente se van  apagando las luces  y luego cesa bruscamente el sonido, mientras cae  el telón)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.