Brindis, bromas y bramidos: “Cubículos” (I)

Fernando Morote

Bigardo

EL BIGARDO

En la discoteca. Al principio titubeó mucho, estaba muy nervioso, inseguro más bien, casi no hablaba, no encontraba tema de conversación, dos tragos, una sonrisa, alguna palabra, basta, otro trago, más trago, más trago carajo, ja, ja, oye, te iba a decir algo, ¿sí?, salud…luego vino su bailecito, aparradito, mañosito, y ya vengo, voy al baño, su par de tiritos, y listo. Antes de eso, él no hubiera imaginado nunca que en algún momento de la noche hubiese podido estar sopesando las ubres de Diácona y diciéndole audazmente al oído: “Siempre soñé con poner mis manos aquí”; tampoco sospechó que más tarde, casi montado sobre ella, le susurraría otra vez al oído: “Yo necesito una cama para conversar contigo”. No olvidaré jamás aquella noche, cuando celebramos la ordenación de mi primo Tácito como sacerdote.

———-

Tapacomprar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .