¡Qué díficil es ser diva!

Estefanía Farias Martínez

Drag Queen

-Carola. ¡Qué no llegamos!

-Ya estoy casi.

-Venga mujer, que son las ocho y media.

-Me visto en un momento. Ya salgo.

Gustavo siempre con prisa. La oficina estaba a cinco minutos y no abría hasta las nueve, pero se ponía histérico enseguida. Llevaban viviendo juntos más de un año y no había cambiado nada, seguía siendo igual de impaciente. Muy responsable para el trabajo aunque no tanto para los ensayos. La de horas que tuvo que pasar enseñándole a moverse. Tenía el porte, el cuerpo y el encanto, andaba muy bien, pero bailaba con tan poca gracia. Aunque había que reconocer que verle transformarse en Tatiana era un verdadero espectáculo. Bien maquillada, subida a aquellas plataformas de infarto, con su atuendo de Lolita, vestidos cortitos luciendo piernas y culo, muy provocativa, saliendo al escenario como si estuviera ante un público entendido. Aunque Gustavo no era una loca, si lo veías por la calle resultaba muy masculino y con aquel vozarrón de ultratumba tan sexy, pena que fuera tan bajito. No tenían nada en común, ni siquiera coincidían en los gustos, jamás se habían fijado en el mismo hombre. A Gustavo le iban los cachas y a él los elegantes.

-Ya estoy. Ves, cinco minutos. Te lo dije. Hombre de poca fe.

-¡Vámonos! Ya desayunamos allí.

Otra vez a correr escaleras abajo. Gustavo delante atacando los escalones de dos en dos. No había manera de hacerle subir al ascensor. Decía que se había quedado encerrado en uno de niño y les tenía pánico, así que todas las mañanas bajaban a la carrera tres pisos. Cuando volvían por las noches, muy agotados, le dejaba subir solo y él se metía en el ascensor, con cargo de conciencia, pero entraba igual. Aunque luego se quedara esperándole en la puerta para ser solidario.

-He estado pensando en tatuarme el perfilador.

-¿De ojos o de cejas?

-De labios. Mis cejas están bien, me las depilo, ya lo sabes, y los ojos, no me atrevo.

-¿Para que quieres tatuarte los labios?

-No te hagas la loca. Mira que labios tengo, son un asco, demasiado finos. Yo quiero tener unos labios decentes, si tampoco quiero parecerme a la Jolie. Es que odio tener que pintármelos todos los días.

-Pero si sólo lo haces para las actuaciones, exagerada, o ¿Vas a ir a trabajar con esa pinta? No duras ni media hora. El capullo de Fernández te echa a la calle de una patada en el culo. Si no le da un infarto antes, cuando se entere de que tiene a un maricón trabajando para él.

-Es verdad. El tío es del Opus, sería un escándalo. Le echan a él del gremio. ¡Contratando maricones!

-Que bruta eres. No grites que estamos llegando.

-Ya me callo. Pero hablo en serio Gustavo. Llevo dándole vueltas al tema desde hace mucho. Lola se lo hizo y le queda genial.

-¿Ella te metió la idea en la cabeza? Otra que no piensa. Céntrate, Carola. ¿Te acuerdas de Silvia?

-¿La mújol?

-Esa misma. Se lo hizo y se quedó así.

-Es que ella fue una cutre. La tienda del gordo, por Dios. Si da grima solo ver el sitio y cuando se te acerca, sudoroso y grasiento, con la aguja en la mano, me pongo enferma sólo de recordarlo.

-¿Fuiste con ella?

-No, con Raúl. Quería tatuarse una rosa en el hombro, pero salimos de allí por patas y el gordo chillando.

-¿No te han dicho que duele muchísimo?

-Si, pero para estar guapa hay que sufrir. ¿No gritas tú como una cerda cuando te haces la cera? Además yo me lo voy a hacer en una clínica de cirugía estética.

-Eso te va a costar un huevo y parte del otro. Allá tú.

A Gustavo se lo presentaron Lola y Julián, ellos conocían a todo el mundo. Acababa de llegar a Granada y había tenido muchos problemas para encontrar un piso decente, su etapa como refugiado en casa ajena había caducado y estaba desesperado. La primera impresión fue divertida. Un mazacote de ojos negros, pelo oscuro, demasiado corto –luego descubrió que era tan grueso que mejor no se lo dejaba crecer, parecían cerdas-, muy moreno de piel y muy peludo. Su boca era bonita, labios gruesos y bien definidos. Le estrechó la mano con tanta fuerza que se la dejó dolorida durante un buen rato. Estaba inquieto, nervioso y le cayó bien, así que le ofreció la habitación que su último compañero de piso había dejado libre hacia tan solo unos días. Gustavo estaba tan agradecido que sólo unas semanas más tarde le consiguió trabajo en su oficina, pagaban bastante bien, así que el chico resultó una inversión perfecta.

Lo de montar el grupo fue idea de Lola. Tardaron semanas en preparar la primera actuación. Él confeccionó el vestuario. Tenía una Singer nuevecita y muchas ideas. Había visto Priscilla tantas veces. No tuvo tiempo para lujos pero aquel modelito minifaldero de color verde pistacho, lleno de lentejuelas, fascinó a Gustavo y para él hizo un vestido largo, azul pavo, con muchas plumas. La canción nunca se le olvidará, Waterloo, fue un desastre, estaban descoordinados, la música casi no se oía, a Tatiana se le olvidó la letra y movía la boca como un pez apunto de asfixiarse. Menos mal que el público les ignoró por completo, si no les matan. El dueño del local se negó a pagarles y volvieron a casa convencidos de que no habría otra actuación. Sin embargo, Lola seguía insistiendo. Les ayudó a elegir un repertorio más amplio, la canción del debut quedó descartada. Cada vez que la escuchaban les entraba el pánico escénico. Lola había sido gogó de discoteca y les enseñó algunos movimientos y ensayó con ellos hasta conseguir que decidieran volver a probar. Lo hicieron y no les fue mal un tiempo. Por lo menos se subían al escenario, cantaban tres canciones y con suerte cobraban y se iban a casa ilesos. El dúo daba algo de pena pero se divertían con los preparativos, se decepcionaban durante las actuaciones y volvían a casa cansados y frustrados.

 Hasta que apareció Yuri. Se acercó a hablar con ellos al terminar su presentación. La noche había sido floja, el público muy frío pero educado. Aquella japonesita de metro y medio se plantó delante de ellos.

-Quiero unirme al grupo.

-No es por nada pero eres una tía.

-Qué listo. Ya lo sé.

-Tatiana no seas burra. Déjala hablar.

-Vale guapa. ¿De donde has sacado esa idea tan estúpida?

-¿Quién ha dicho que una tía no pueda ser una dragqueen?

-En eso tiene razón, Tatiana.

-Mira guapa ¿Tú te has visto? Eres muy bajita. No tienes ni pecho ni culo ni piernas. Encima esa cara, tan fina, tan transparente. Ni de coña.

-¿Sabes bailar?

-Carola estás loca ¿A nosotras qué nos importa eso?

-¿Cuántos dúos de drags has visto? Como mínimo son tres. Lo hemos hablado muchas veces, nos hace falta alguien más.

-¿Por qué ella?

-Porque está loca y eso es bueno. ¿Tú crees que cualquiera va a querer unirse a nosotras? Si somos patéticas, Tatiana.

-Os he visto varias veces y no sois tan malas, pero el número es flojo.

-Ya está intentando subírsenos a la chepa. ¿Ves?

-Qué la dejes hablar, Tatiana.

Y Yuri expuso como toda una profesional cada una de las ideas que tenía para mejorar el espectáculo. Era inteligente y tenía las cosas tan claras que unos minutos después la habían aceptado y no sólo eso, sino que se había convertido en la directora artística del grupo. Desde entonces, diseñaba las coreografías al detalle, calculando que cada gesto fuera acorde con la música y con la letra de las canciones. Parecía haberles estudiado detenidamente y conocer a la perfección las posibilidades de ambos. De su vestuario se encargaba ella y siempre usaba pelucas de color fucsia porque era una fanática del manga. Se entusiasmaba y se frustraba con la misma facilidad. Era aún más inestable que ellos y eso les hacía sentirse hasta cuerdos.

La primera actuación fue la prueba de fuego para la confianza de Yuri. Había trabajado tanto en el diseño de su propio vestuario, les había hecho ensayar día tras día hasta el cansancio y tenía todo completamente controlado. La dejaban hacer con la esperanza de que le diera un aire nuevo a sus espectáculos. Eso sí, las canciones eran sagradas, siempre las mismas I Will survive, Mamma mía y Dancing Queen. No puso inconveniente. Se aseguró de que las luces fueran las correctas, de que el playback funcionara como debía. No le gustó el local, ni el aspecto de los clientes pero se portó como toda una profesional, haciendo de tripas corazón cuando escuchó los primeros insultos, las carcajadas al verlos desfilar como divas a su entrada al escenario. Se apagaron las luces, se encendió el único foco que les iluminaba y empezó a sonar la música. Durante las dos primeras canciones todo fue bien, dejaron para el final el himno y entonces pasó lo que más temían: el playback les falló. La música enmudeció a mitad de canción y tuvieron que improvisar. Fue una catástrofe, no estaban preparados y entraron en pánico. La concurrencia se transformó en una turba furiosa en segundos. Sobre aquellas plataformas era difícil conservar el equilibrio mientras intentaban aferrarse con uñas y dientes a su amado escenario, aunque se tratara de un abyecto tugurio. Con lágrimas de frustración y rabia, él vio desprenderse las lentejuelas y como acababan, en manos de aquellos animales, jirones de su vestido, rasgones profundos de difícil reparación. Esa había sido una de las peores noches hasta el momento. Volvieron a casa llenos de arañazos y moratones, cansados y doloridos, con el maquillaje embadurnándoles la cara como si les hubieran echado encima un cubo de agua. Todas despeluchadas, las pelucas intactas de milagro y las plataformas en la mano porque no podían soportar el dolor de pies. Esa noche, Yuri durmió en el sofá del salón. Hecha un ovillo, ofendida, contrariada y muy enfadada con todos. Los tres estuvieron a punto de tirar la toalla. Aunque se recompusieron rápido. Al día siguiente, con la cara lavada, descansados y bien comidos, lo vieron todo diferente. Sólo había sido un contratiempo, una mala noche, aunque desde entonces habían tenido muchas noches como aquella. Aún así seguían intentándolo una y otra vez. Eran artistas y se debían a su público.

-Llegáis tarde. Qué caras por Dios. Otra noche histórica por lo que veo.

-Marta, no te rías de nosotras encima.

-¿Por qué no os dedicáis a otra cosa? Os van a acabar mandando al hospital.

-A Carola ya le rompieron un dedo hace meses. La muy burra no quería soltar el micrófono. Ahora lo lanza en cuanto ve que se acercan.

-¿Entramos o qué? -preguntó Carola.

-Qué borde estás Carola. Cuando te pones así no hay quien te aguante.

-No os peleéis chicas. El jefe está dentro así que daos prisa.

-Esta noche tenemos ensayo. Así que nada de quedarse a esperar al de contabilidad. Gustavo, que te conozco.

-De acuerdo. Te esperaré y directo a dejarnos torturar por la loca, que hoy estará más furiosa que nunca.

-Es verdad. Le destrozaron la peluca.

-Había mechones rosas por todas partes.

-Qué cara de asesina en serie, por Dios.

-Al final la noche no salió tan mal. Yo odiaba esa peluca.

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