Polvos ilegales, agarres malditos (XV)

Fernando Morote

La escurridiza

Imagen de la película “La Escurridiza”

—Mejor vamos al cuarto.
—Aquí es más rico.
—Me resbalo en este sillón.
—¡Sigue!
—Te gusta que te vean los vecinos por la ventana.
—Nadie ve.
—No estoy seguro.
—¿Te importa?
—No.
—¡No la saques, maldito!
—Perra…
—¿No te gusta acaso que sea una perra?
—Le has mostrado las tetas al vecino de al frente, ¿verdad?
—Mmm…un par de veces.
—¿Y el culo?
—No te voy a decir.
—Por qué.
—No quiero que te pongas celoso.
—Perra…Con quién has estado mientras yo estaba fuera de la casa…
—¡Sólo cáchame, bastardo! ¡Haz tu trabajo!

———-

———-

La divertida sobremesa del ceviche y el arroz con mariscos elevaron su espíritu. Emprendió una persecución alrededor de la terraza. Gloria lo provocaba, se detenía, amagaba ir por un lado y salía por otro.

—¿Vamos al mueble? —le susurró al oído, cuando por fin la atrapó en un rincón, al lado de una enorme maceta que alojaba una lustrosa oreja de elefante.

Sentados en el mullido sofá de anchos cojines cuadrados, Judas hizo saltar los botones de su blusa y le enterró la cabeza en el esternón.

—¡Eres tan rica!
—¿Por qué no tomamos algo más fuerte? —propuso Gloria.
—Buena idea. La cerveza helada me está congelando los huesos.
—Creo que mi papá tiene guardada una botella de cognac.Subieron al estudio.
—¿Vamos a la Feria del Hogar?

Judas se preguntó de dónde había sacado Gloria esa extravagante idea en un momento tan poco afín, sobre todo considerando el hecho cierto de que tras ignorarlo o incluso despreciarlo en ocasiones anteriores, ahora se mostraba dispuesta a pasar un rato entretenido con él.

—Hay un concierto bacán esta noche —explicó Gloria.

Con tal de no perder su oportunidad, Judas aceptó. Tuvo que regatear duro hasta conseguir un taxista que no lo desplumara con la tarifa. La zona del evento estaba colmada de jóvenes haciendo largas filas para comprar entradas. Se sintió cansado de sólo ver el esfuerzo que deberían hacer para ingresar. No tenía idea de quiénes iban a tocar. No hallaba de qué conversar. Gloria parecía empezar a aburrirse.

—¿No prefieres visitar los stands? —preguntó Judas, tras varios minutos de incómodo silencio.
—Demos una vuelta, si quieres —musitó Gloria— Y después regresamos a ver si esto se descongestiona un poco.

Judas suspiró aliviado. Empezaron a caminar. Metros adelante, Gloria divisó entre la multitud un grupo de amigos. Con agitación soltó la mano que no sin explícita reticencia se había dejado tomar.

—Espérame un ratito —dijo—, voy a saludarlos y vengo.

El puñado de muchachos abrió paso para recibirla. Movido por un reflejo condicionado, Judas dedujo que las risas y bromas de bienvenida estaban relacionadas a él. Se sentía como un bulto que los tipos de la mudanza habían olvidado a propósito. Minutos más tarde, el grupo rompió filas y se dirigió ruidosamente a la boletería del concierto. Gloria volteó a mirarlo y levantó su mano tímida para hacerle adiós de lejos.

 Judas torció los labios, buscó en su bolsillo y recordó que había ahorrado algo de dinero. Se secó la frente y partió rumbo a cualquier parte, a la caza de una cantina.

———-

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .