Corazón canino (a vueltas con la expresión “dejar plantado”)

Noelia Sender Núñez

Dejar plantado

Tras un año de coincidencias buscadas en aquel parque, siempre a la misma hora, sus perros —un pastor alemán, él; una cocker spaniel, ella— se decidieron a juntar sus hocicos. De nuevo, dando al traste con la Teoría de la Evolución, el corazón del Animal resultó ser más avanzado que el del Hombre.

– ¿Cómo se llama? —preguntó la chica.

– Rex. ¿Y ella?

– Dama.

Bastaron un par de olfateos para que los canes se juraran amor eterno. Impulsados entonces por el frenesí animal, explotaron a remolinear alrededor de las piernas del chico, desplazando la tierra con sus patas hacia el centro geométrico de la veloz circunferencia. «Yo… hace tiempo… quiero decirte…», se confesaba ella sin desplazar la mirada del suelo. «¡Vengo aquí porque te quiero!». Él, que había contado los sueños en que se estremeció al oír eso —e iban ya trescientas sesenta y cinco noches—, por un instante, fue feliz. «Si me quieres, sígueme. Sino, desapareceré para siempre».

Él quiso adelantar una pierna: no pudo.

Los perros, con sus locos movimientos, lo habían dejado plantado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .