Piel a piel

Manuel Jorques Puig

Srrgyt sabe que a estas alturas del año (cuando principia el otoño y empiezan a caer las hojas de los árboles) ella hace acto de presencia. Nunca se ha preguntado dónde pasa el resto de los meses; seguramente porque intuye la absoluta imposibilidad de averiguarlo. Lo cierto es que al igual que la lluvia, al igual que las tardes que se van poblando de bruma y al igual que el progresivo declive del color de las cosas del mundo, ella regresa con todo lo que es ella: con su belleza, con su misterio, con su fugacidad de relámpago.

 

Ya no le cuesta tanto distinguirla de las otras. Al principio esa tarea le ocupaba casi todo el tiempo, y alguna vez no la pudo encontrar por mucho que la buscó. Esos fueron años duros y tristes. Pero el análisis minucioso de cada uno de sus encuentros le ha permitido discernir ciertos patrones en su conducta: tiene querencia por los bares de diseño moderno; bebe cócteles de colores imposibles servidos en vasos enormes; cruza y descruza con sutileza las piernas, sentada siempre sobre un taburete alto; mantiene la mirada perdida en los espejos; tiene una forma peculiar de sonreír.

 

Así que Srrgyt comienza su ronda de exploración. Estamos a principios de octubre, todavía las noches conservan el recuerdo del calor veraniego. Recorre lugares donde la gente bebe en silencio bajo inmensos chorros de luz; donde la música ocupa el lugar del aire; donde los gestos y las miradas conforman un lenguaje que hace falta conocer para no sentirse en medio de la nada. Un lunes de lluvia enardecida la encuentra. Ahí está, se dice, al fin. Sentada en su taburete alto, la mirada perdida en el espejo que hay detrás de la barra, bebiendo de un vaso enorme que destella todos los matices del rojo y del naranja y del azul. La llama. Ella se vuelve y sonríe con ese particular dibujo de sus labios. No, esta vez no es Laura, ni Bárbara, ni Victoria, ni Mónica. Qué más da; Srrgyt siempre suelta un nombre al azar con el fin de atraer su atención. Tiene el pelo negro y lustroso; los ojos muy oscuros; las manos pequeñas y huesudas. Tiene una voz delicada y unos labios finos y tirantes. Tiene un cuerpo menudo y unas piernas delgadas que cruza y descruza con sutileza.

 

No les hace falta hablar. Ya se sabe que en lugares como ese la gente se comunica con otros signos. Se marchan juntos, levemente abrazados, y buscan un taxi bajo la lluvia. Al llegar a casa de Srrgyt, ella vuelve a sonreír. Siempre le dice que le gusta su casa, que le encantan las lámparas, los cuadros, el papel de las paredes, el cabezal de la cama, el color de las sábanas. Cuando Srrgyt le quita la ropa (esta vez ella es tímida y algo indecisa) ya no cabe ninguna duda. Su piel, su hermosa y dulce piel, la piel de siempre.

 

Por mucho empeño que le ponga, y aunque ya el sol luzca en lo alto del cielo, Srrgyt termina por dormirse. Han hecho el amor sin pausa, han agotado toda la reserva de besos y caricias que han podido acopiar desde la última vez que se vieron. Cuando Srrgyt despierte, ella ya no estará allí. Se habrá desvanecido como un sueño que cada año se renueva en un nombre diferente, en unos ojos y unos labios y una nariz y unos pechos y unas caderas diferentes. En una misma y a la vez diferente mujer. Y cuando Srrgyt se levante de la cama y mire entre las sábanas y las ropas esparcidas por el suelo de la habitación, hallará su piel, esa hermosa y dulce piel, la piel de siempre, la piel que muda como una serpiente y que renueva bajo otra apariencia para volver a aparecer cuando principia el otoño y las hojas de los árboles comienzan a caer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .