A Mariano Rajoy

Julio Fernández Peláez

Mr. Ra and Joy

Las 2,39 h. de la madrugada. Salgo a la calle y hace un sol de carallo que excita el cutis. El oxígeno de la vegetación vespertina llena de optimismo mis pulmones. En dos zancadas estoy en la playa de Samil. Allí un grupo de ilegales canta a grito pelado una muñeira al tiempo que descorcha cava del bueno para celebrar que todo les va bien. Hay una cola enorme para entrar en la librería (antes restaurante-bar) y comprar toda clase de libros para devorarlos luego mientras se practica el sexo debajo de un pino. Un contratista ambulante va ofreciendo trabajo fijo con un megáfono. “Mínimo 2.000 euros, 14 pagas, un mes de vacaciones y 35 horas semanales”. Pero como no hay nadie que lo necesite, Dios nos bendiga, nadie le hace caso. Y en plena ría, un hospital ambulante (antes crucero) navega pizpiretamente portando en su seno a todos los enfermos de alzhéimer de este país de ensueño.

Un pensamiento fortuito cruza mi cabeza: somos la hostia. Y quien diga lo contrario es que no es capaz de ver más allá de la negrura de la noche. La prueba está en que los mejores once jugadores del mundo lo hacen en nuestro país, y con eso basta para formar un equipo de rompepelotas. Y con eso basta para confiar en la televisión, que es quien retransmite los partidos. Y con eso basta para confiar en usted, presidente de España (y por consiguiente de la televisión).

Señor Rajoy, estoy orgulloso de cómo nos gobierna. Antes, con otros presidentes, faltaba la ilusión, las ganas de salir adelante. Todo era morriñoso, apagado, triste. Pero desde que usted dio órdenes de cambiar el telón del cielo, ¡carallo! Vaya cambio.

Ahora el sol siempre luce en su zénit rodeado de un cortejo de jubilosas gaviotas. Y aunque todo el mundo sabe que se trata de un sol pintado de amarillo sobre una tela de seda imitación, lo cierto es que la gente lo agradece, porque a la gente lo que le gusta es ver lo que desea ver; así de sencillo.

Corro con extrema alegría por la playa y saludo efusivamente a los bañistas, a la señora que come un helado mientras se toca el clítoris, al caballo blanco que pasea detrás de mí a la espera de un terrón de azúcar, a la cotorra que juega con el pico con una pelota de trapo, al turista ruso que se fuma un peta mientras dispara su pistola al aire para no aburrirse, al grupo de senadores que en pleno recreo han tomado un avión para hacer castillos en la arena, y a usted mismo, Mariano (no se esconda detrás de una roca, que sé que tiene en su mano un cubo amarillo lleno de marisco).

No hay nada por lo que quejarse. Corren vientos de prosperidad en todos los ámbitos, especialmente en la literatura, donde los relatos de ficción son tan abundantes que constituyen la primera industria de futuros. Como le digo, nada por lo que quejarse. Si acaso le pediría -más que nada por pedir algo- que me recordara cómo me llamo.

Sí, no ponga esa cara, que no es tan extraño, a mi vecino le pasa lo mismo, y a mi señora también. Y a mi perro. De hecho, de un tiempo a esta parte, y por lo que he podido comprobar, mucha gente en este país no sabe cómo se llama, ni quién es, ni de dónde viene, ni qué hace aquí.

¿Qué hago aquí, señor Rajoy? No lo sé. No lo sé. Es como si estuviera, como si estuviera… borracho (pero sin haber bebido). O mejor dicho, como si me faltara algo, una letra en mi nombre, una sílaba en la palabra de mi lugar de nacimiento, un número en los zapatos… Me miro al espejo y me parece que algo que tenía, ahora ya no lo tengo. Quizá sea la nariz, o una de las cejas, o la nuez de la garganta. ¿Cómo saberlo si ya no sé ni cómo me llamo?

Y sin embargo, no me importa, porque sé que soy enteramente afortunado. Porque sé que, salga a la hora que salga a dar un plácido paseo, siempre existirá ese maravilloso cielo lleno de gaviotas alrededor de un fabuloso sol amarillo y brillante.

 

6 Respuestas a “A Mariano Rajoy

  1. Made in juliopez! Maravilloso, desgarrador y “mu” triste, ese sol no calienta. Felicidades, amigo.
    María José (una vez fue Leola)

  2. muy buen ejercicio. pero se me hace duro pensar que los hp pinten cielos y pongan soles. mucho menos si el hp es gallego.
    no se si ud lo sabe pero para ser un politico verdaderamente hp indispensable la galleguidad.

    • Cierto: pero verás que hay una pugna por descollar entre los pperos. Los valencianos no les van a la zaga, por ejemplo. Y qué decir de los políticos madrileños.
      Y de gallegos solo añadir que hay muy grandes y admirables gentes también allí, aunque no llaman la atención de la misma manera.

    • Gracias. Viejo refrán: Uno no es de donde nace sino de donde pace.
      De cualquier modo, aquí en Galicia lo que hay es mucha retranca. Aunque no tanta como en Zaragoza. Por lógica, entonces, la auténtica galleguidad hay que buscarla en Aragón. De donde, por cierto, salieron execelentes políticos.
      En cuanto a los cielos pintados… no hay tela para tanto.
      Salud!

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