¿Por qué David Foster Wallace?

Inma Aljaro

Adivine. David Foster Wallace fue:
a.   El autor de La Broma infinita, una de las obras maestras del pos-posmodernismo del siglo XX (también conocido como avant-pop) que ha dejado a las nuevas generaciones de escritores desconcertados ante la posibilidad de renovar la narrativa de un modo tan espectacular como lo hizo él.
b.   El autor de El Rey Pálido (aplíquese la definición anterior de La Broma Infinita y solo cambie siglo XX por XXI).
c.   El autor de ensayos y relatos brillantes agrupados en los títulos Entrevistas breves con hombres repulsivos, Extinción, La niña del pelo raro, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer y Hablemos de Langostas
d.   Un autor atormentado por la realidad, depresivo y en ocasiones esperpéntico, pero siempre de un modo entrañable e ingenioso, que intentó durante toda su vida comprender y explicar en qué consiste ser “un jodido ser humano”. Se suicidó en septiembre de 2008 en su casa de Claremont (California), cuando solo tenía 46 años.
e.   Todas las opciones anteriores (a+b+c+d) son correctas.

Perdonen el jueguecito. Que todo sea correcto resulta inquietante y contradictorio. Pero es que así, inquietante y contradictoria, fue también la vida de este autor estadounidense, dotado de una inteligencia sublime y en lucha constante contra la inestabilidad emocional. La mejor forma de conocerlo es, sin duda alguna, leerlo. Para quienes ya lo hayan hecho y quieran profundizar aún más en Wallace-persona o para aquellos que prefieran conocer su psicología antes de dejarse absorber por su apabullante narrativa, la reciente publicación de Conversaciones con David Foster Wallace se presentacomo una extraordinaria oportunidad. El libro, editado por Stepehn J. Burn y recientemente publicado en español por la editorial malagueña Pálido Fuego, reúne una veintena de entrevistas realizadas entre 1987 y 2005 que, a juicio de Burn, son las que mejor retratan la personalidad del escritor neoyorquino. Leerlas nos permite oír su voz, conocer su interpretación de las formas literarias contemporáneas y sentir el impacto desbordante de la cultura audiovisual en su vida. 
Pero ya me callo y, sin más dilación, los invito a un fragmento de la presentación del libro en Barcelona, por si se la perdieron el pasado 8 de noviembre en la librería La Central. Juan Francisco Ferré, ganador del XXX Premio Herralde de Novela con su obra Karnaval, nos seduce de inmediato con una anécdota sobre DFW que le ha contado el escritor Robert Coover justo ese mismo día durante el almuerzo.
[Shhh, cuidado al andar, las tablas del suelo crujen y hay personas con muy poca paciencia. Allí, allí hay un hueco, sentémonos. Shhh].
“Y entonces David aparece vestido de cowboy, con botas tejanas, gritando y comportándose casi como un vikingo con las jarras de cerveza. El mafioso, el dueño del restaurante [de Providence] al que han acudido por capricho del mismo Wallace, está cada vez más nervioso y al final les advierte: esta vez pasa, pero que ningún representante de la Universidad de Brown vuelva a aparecer por aquí”. (Risas del público).
Así era David Foster Wallace, continúa, “era una persona descontrolada tanto en la vida como con su narrativa”. Su muerte repentina, admite Ferré, le afectó muchísimo por las connotaciones que adquiere su literatura una vez conocidos los detalles de su enfermedad. Nos recomienda la lectura de La escoba del sistema, la novela con la que Wallace irrumpió en el panorama literario norteamericano, escrita cuando apenas tenía 22 años. “Es una novela muy diferente a las que hemos leído hasta ahora, es una novela alegre y por fin vamos a poder disfrutarla en español”. Es la única que aún no se había traducido al castellano y llegará a las estanterías a principios del año que viene, también de la mano de la editorial Pálido Fuego. 
El discurso de Ferré sigue absorbiéndonos. Si Wallace estaba “hambriento de realidad”, los que en ese momento abarrotábamos la segunda planta de la librería ―entre los que descubrimos a los escritores Agustín Fernández Mallo y Eloy Fernández Porta― teníamos ‘hambre de Wallace’. Así que shhhh. “David era una persona muy crítica, tanto con su literatura como con la de los demás; muy tímido y con una curiosidad extrema, capaz de absorber más de 500.000 estímulos informativos diarios para finalmente calcular el porcentaje que le sería útil. Era una especie de bulímico de la realidad: quería información, pero al mismo tiempo esa sobredosis informativa le repugnaba. Su problema con las adicciones no fue más que un intento por controlar un cerebro que estaba descontrolado”. 
Aplausos, estruendo de tablas, sillas que arañan el suelo, abrazos y manos que se estrechan entre ellas. El acto finaliza y algunos nos quedamos rumiando esa imagen, la de un David Foster Wallace descontrolado, dueño de un cerebro hiperactivo y ansioso por encontrar explicaciones a la realidad que analiza constantemente. Nos gusta esa idea porque, llámennos raros, nos estimula a seguir investigando sobre este escritor, un genio literario a quien, poco a poco y gracias a publicaciones como esta, sentimos cada vez más cerca. La admiración es, permítanme también esta subjetividad, proporcional al acercamiento. 
 
El vídeo del acto de presentación en Barcelona
 

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