DYONISOS PORTFOLIO: Rancho Aparte, de Marcos Ordóñez


From DYONISOS PORTFOLIO hoy rescatamos este breve delirante surgido de la mano dionisíaca de Ordóñez, Marcos Ordóñez. 

Nos van a besar todo lo santamente besable después de disfrutarlo. 






O el haiga rosa. ¿Volveré algún día a ver el haiga rosa? Magenta, más bien. Lo veo, lo veo ahora, sorbiendo, como si fuera un helado, la luz de aquel atardecer de verano en la playa de Badalona, a la salida de un concierto de Gato y las Estrellas de Gracia, en el pleistoceno pre-pre-pre-olímpico, antes de que todos comenzaran a decir (sin inmutarse, como si fuese la cosa más normal del mundo) una palabra tan horriblemente cursi como “Pebetero”. Pe-be-te-ro. Haiga Rosa contra Pebetero. Llamando a Haiga Rosa. Conteste, Haiga Rosa, y facilite sus coordenadas. El haiga rosa (magenta más bien) varado en la arena, y aquella familia gitana que se resistía a dar por terminada la fiesta. ¿De dónde carajo lo habrían sacado? No tenían guitarras, ni bongós. Cantaban, daban palmas, y el haiga rosa era su insólito y monumental instrumento de percusión. Rítmicos golpes en las puertas, en el techo, en el capó. No les hacía falta nada más para montar una fiesta, para seguir la fiesta bajo las palmeras. Olor a mar calmo, a humo de maría (Yo tengo tres/ Marías”), a churrería, a buñolería cercana. Se podía creer en otra Barcelona. Lejanísima: Los gitanos del Portal y de Hostafranchs, con trajes claros y pedrería y dinero fresco de la venta de caballos, entrando, como califas, en la madrugada del Rigat. La pareja de niños gitanos (nunca diga “gitanitos” en mi presencia, por favor) de los Tarantos, entrando en una perfumería del Paralelo, para pedir, sonrientes, con las manos extendidas y en cuenco, diez céntimos de brillantina. Palmera verde, haiga rosa, rostros morenos, brillantina pre-olímpica: una imagen casi cubana, casi tropical. Y el verde y el rosa-magenta y el casi bronce encendido aleándose, como un perfecto combinado, en la copa dulcísima de aquel atardecer, reflejándose en los ojos brillantes (“Yo tengo tres/ Marías”) de Iris y Big Joe. ¿O era Pussy? No recuerdo mis ojitos gachones.  Allí se quedarían, en aquel cuadro, aquel souvenir con luna y barquitos de lámina de corcho, sobre aquella arena. Una lágrima cayó en la arena, etcétera. Tracatrá.


Marcos Ordóñez, Rancho Aparte, Ed. Destino, 1997

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