"Bonobo" Club de carretera

Manuel Villa-Mabela
Me gustan las lecturas arriesgadas y fuera del ideario comercial. Todos mis libros los adquiero en las librerías para adultos ubicadas estratégicamente en internet. Ahí sí hay cultura real. Leo frecuentemente a Norman Sparrow. Este autor siempre preside mi mesita de noche con alguno de sus libros heréticos como aperitivo literario de un sueño profundo y reparador, dado que sus lecturas de filosofía tántrica-cuántica basadas en las experiencias de intercambios de fluidos entre seres vivos, sea cual sea su naturaleza, alimentan mi espíritu y abren horizontes insospechados a mi famélica voluntad por la aventura erótica y la transgresión de las normas convencionales del sexo. 
 “Bonobo” Club de carretera es una de sus piezas clave, tal vez la bandera de sus ansias por los encuentros amatorios en la tercera fase. Norman Sparrow es un emprendedor de la práctica sexual sin racismos ni remilgos de ningún orden, un auténtico gurú de las relaciones entre primates avanzados. Si estuviera al alcance de mis bolsillos le contrataría de forma inmediata como “coach” de mis relaciones con afán venéreo. Me gustaría alcanzar orgasmos bien definidos, intelectuales. Eyacular para adentro tiene que ser una gozada. “Bonobo” Club de carretera me gustó tanto que me lo compré varias veces.
El libro fue editado por el Club de Ejecutivos de la Nueva Era, hermandad de ejecutivos creada sin ánimo de lucro y dedicada exclusivamente a la investigación de los factores de riesgo en el Ibex 35 y la interacción fálica con las becarias.  Se editó con motivo de la conferencia celebrada en Taswana Eje Norte, nuevo paraíso fiscal creado en el hall de un importante complejo multinacional que ha conseguido la independencia político-bancaria de su entorno administrativo, un logro en la deslocalización de los paraísos fiscales. Hablamos de un país-hall  de 2000 metros cuadrados y 400 habitantes censados. El helipuerto de la azotea es una colonia de este nuevo país-hall  solo comunicado con el mundo exterior mediante el ascensor, declarado territorio neutral por las autoridades del ramo correspondiente.

Compré el libro en una entrañable librería de segunda mano en Tarragona. No recuerdo el nombre del establecimiento. En menos de una hora acabé su contenido y me fui a comprar otro ejemplar, y luego otro, y otro más hasta agotar las existencias. Todos decían lo mismo y en las mismas páginas. Me pareció muy original.
“Bonobo” Club de carretera relata en primera persona las experiencias de un camionero libertario, un poeta del asfalto que soñaba ser “drag queen” e interpretar música española de los cincuenta. Una noche cansado ya de trastear con las luces de carretera y con las sombras de la noche decidió hacer parada y fonda en “Bonobo”. Allí la encontró. Sentada en uno de los taburetes, colindantes con la barra del bar, con las piernas cruzadas provocativamente y un vestido “kitch” con puntillitas que evocaba las mejores veladas circenses. Se acercó e intentó besarla pero se escapó de sus brazos y grácilmente sorteó todos los obstáculos levantados a su paso. “Bonobo” miró al camionero poeta y le mostró toda su dentadura resplandeciente. Nunca había contemplado sonrisa más amplia y auténtica. Apareció en escena su chulo, un domador de leones con muy malas pulgas y la cartera vacía que le puso al tanto de su negocio y de sus expectativas económicas. Hubo riña, golpes y un domador de leones saliendo impreciso por una de las ventanas del tugurio de amor. “Bonobo” saltó a los brazos del soñador “drag queen” y ambos huyeron lejos del club de carretera. Más serenos y ya enamorados llenaron de vaho la cabina del camión hasta la madrugada y se prometieron amor eterno, pero ¿cuánto dura la eternidad? Fueron localizados por el domador de leones, una patrulla de la guardia civil y una brigada de la Agencia de Protección de Animales. Ahora “Bonobo” está recluida en una jaula del zoo de Cartagena y hasta allí se ha trasladado el camionero poeta para cantarle lo mejor de su repertorio de coplas. Cuando el zoo cierra sus puertas ambos protagonistas se reúnen a la vera de los barrotes y entrelazan sus manos mientras no dejan de besarse y jurarse amor eterno, otra vez. Ahora su eternidad finaliza con la apertura de las puertas del zoo al público general, todas y cada una de las mañanas de su vida.  
El final de la historia prefiero no descubrirlo para que sea el lector quien lo disfrute mediante su lectura. A mí siempre me hace llorar el final porque es muy tierno. No suelo llorar, soy un individuo recio, recio, pero es que el final es…mejor no sigo. Desde que conocí este libro visito con frecuencia los clubes de carretera pero tengo la suerte esquiva. Las  “bonobo” apenas emigran ya a Europa y además han aumentado la vigilancia en las aduanas  sin olvidar que las vacunas que previenen contra las enfermedades por transmisión bonoba-hombre ya no pueden conseguirse mediante recetas de la seguridad social. La crisis económica puede enterrar muchas historias de amor.

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