ESPECIAL CHOMSKY: Noam Chomsky

Juan Patricio Lombera

Noam Chomsky, en su conferencia titulada “Yo soy Kinda”, no sólo hace un repaso de la historia de algunas intervenciones militares estadounidenses, ya sea utilizando sus propios medios como en Haïti, haciendo un bombardeo selectivo como el que sufrieron Kinda y su familia en Libia, o a través de esbirros mercenarios como fue el caso de la contra nicaragüense. La justificación de estas agresiones consiste en evitar un futuro e hipotético ataque a su propio país por parte de los regímenes que se le oponen. Sea cual sea el método, el resultado final de esas intervenciones es siempre el mismo, sangre, miseria  y desolación para la población “ayudada” en nombre de la “libertad”.  Sin embargo la prensa de Occidente, que analiza y destaca todas las justificantes de esas intervenciones, oculta o se olvida en muchas ocasiones de la segunda  parte de la historia. Tal es el caso de Kinda. Una muchacha que vio morir a su hermana Rafa y a su amiga Rasha durante los bombardeos de Tripoli de 1986 y le escribió una carta a Reagan preguntándole porque lo había hecho. Un periodista se interesó seriamente en la historia y quiso publicarla en su medio, pero este no le dio la acogida a la historia de Kinda. En cambio, meses atrás, sí se hizo una amplia divulgación de la historia de Natasha Simpson víctima de un ataque terrorista supuestamente de origen Libio.  
Podríamos pensar que la historia de Kinda, que tuvo un emotivo encuentro con Chomsky, es un caso aislado, en el que la prensa internacional no habría sabido  sacarle el jugo  a la historia. Sin embargo, el más terrible efecto, como nos recuerda Chomsky es que de estas pequeñas historias cotidianas tergiversadas se nutre la historia oficial y es capaz de acabar convirtiendo a Woodrow Wilson en una especie de héroe de la paz. Incluso grandes autores como Stefan Zweig han destacado la lucha de este hombre por conseguir una paz definitiva en el planeta. De lo que no se suele hablar mucho con respecto a Wilson es de que el  fundó la doctrina que permite atacar a un enemigo para evitar ataques futuros (empezando en 1918 con la revolución bolchevique) y que él, que tanto defendía la libertad de elección de los pueblos, no tuvo remordimiento en disolver la asamblea haitiana cuando esta, en una votación democrática, decidió no firmar un contrato que daba amplias ventajas a los americanos. No solo impuso su contrato sino que restauró parcialmente la esclavitud. Sin embargo, eso tampoco se menciona cuando se habla de Wilson. Después de los 20 años de invasión norteamericana que se sumó a  un vomitivo régimen colonial francés, el resultado está a la vista de todos. Haiti es el segundo país más pobre de Latinoamerica y un temblor que apenas haría daño en Chile, se vuelve en el caso de la isla en una tragedia de dimensiones bíblicas. 

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