ESPECIAL CHOMSKY: Los cuentistas

Pablo Vázquez Pérez



Llevamos inmersos, más de media década, en una revolución tecnológica que propicia la multiplicación de manifestaciones culturales de forma simultánea y cercana. Casi todas las personas que usamos internet podemos escribir, expresarnos y por si fuera poco, difundir lo que creemos o simplemente hacemos, por medio de blogs y páginas web con la seguridad de que tendremos lectores, espectadores o simplemente seguidores, ya sean miles o sólo algunos. Hemos terminado con los fanzines y pasquines impresos pero existe una multitud de voces desperdigadas e interconectadas en el espacio virtual. Leemos, escuchamos y vemos más obras literarias, musicales y visuales que nunca. Tampoco debemos olvidar las redes sociales y los comunicadores instantáneos y directos a base de pocos caracteres.
Este cambio ha motivado variaciones fundamentales en la relación entre los medios de comunicación y nosotros, receptores. Incluso ha variado la forma de relacionarnos entre nosotros mismos, con menos paciencia, de forma más inmediata y breve. Gracias a estas innovaciones cada vez leemos y mostramos más relatos cortos, microrrelatos y nanorrelatos o “twitteos” para entendernos. El auge de la imaginación en pequeñas dosis es inagotable.
Pero tenemos que observar a los verdaderos narradores de nuestra época, a esos gobernantes o representantes elegidos en las urnas, a esos grandes embaucadores que no quieren hacer recortes pero deben hacerlos. Y los proponen, los acometen y los admiten también en caso de estar en la oposición. Que prometen lo que sabemos que no cumplirán. Que se defienden entre ellos ya sea criticándose o colaborando en sus objetivos como clase política y corporativa que son.
Ellos son los auténticos cuentistas que, afortunadamente, no tienen tiempo -o no quieren- escribir sus propios microrrelatos aunque los titulares y noticias -que alimentan con sus declaraciones- suenen a verdaderos cuentos chinos.
Así que mientras podamos, lo mejor será evitar que sean narradores en la red o en cualquier medio impreso. Y no es broma, ¿o nadie recuerda los mejores cuentos prologados por Ana Botella Serrano. Los políticos ya intentan engañarnos continuamente, pero nuestra labor debe ser impedir que fabulen.
Podemos asumir que cada cuatro años votemos al candidato menos calvo para que nos pueda tomar el pelo sin demasiada vergüenza. Pero asumir que nos hagan soñar, eso no, por favor. 

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