Una perra de las más ardientes

Por Miguel Ángel de Rus

Él era un triunfador. Sólo bastaba mirarle la camisa azul de cuello blanco y duro, los tirantes, el rictus satisfecho, la cerveza fría que bebía, el desparpajo con el que hablaba de sus enemigos políticos en la televisión y los destrozaba, para comprender que estaba acostumbrado a machacar a sus adversarios. Era un tipo moralmente superior; un triunfador. El dueño del periódico con más capacidad de chantajear a cualquiera, incluso al jefe de Estado.
Un día contrató a una mujer que llevaba una peluca rubio platino, el rostro oscuro empolvado. El rouge de aquella mujer pintaba en sus labios unos enormes labios rojos. Es cierto que a ella le colgaban algunas arrugas del cuello, que estaba gorda, pero conocía las artimañas del placer y sus piernas estaban aún muy bien formadas.

Cuando se lo llevó a aquella habitación de un hotel de mala muerte él tenía las vías respiratorias infectadas de polvo blanco. Forcejearon alrededor de una cama inmensa y quién sabe si limpia. Él se lanzó a sus pies, la descalzó y comenzó a lamerlos.
–Podéis quedaros con todas vuestras muchachitas vírgenes, dejadme a mí las zorras viejas, expertas, con zapatos de tacón alto y culos inmensos que saben cómo tratar a un perro.
Pidió el champagne más caro. Bebieron durante horas, la mujer le tapó los ojos y lo ató desnudo a la cama, hacia abajo, le dio fuertes manotazos en sus nalgas, le insultó del modo más denigrante, como él solía hacer con sus adversarios. Estaban borrachos cuando ella sacó del maletín de él un consolador que hubiera servido bien para una yegua y se lo introdujo por el culo hasta provocarle espasmos. Después le orinó en la cara y él llegó al máximo placer. Gimió como el perro que era.
Cuando ambos estuvieron agotados, ella se sacó la dentadura postiza y se echó a dormir a su lado. Había hecho un buen trabajo.

Unos meses después, comenzó a circular por la capital el vídeo del egregio periodista enculado, orinado, escupido, insultado y abofeteado. Lo supe cuando el escándalo casi se había desvanecido; yo me había evaporado del país unas semanas antes, con el dinero suficiente para vivir el resto de mis días gracias a aquel sucio trabajo, con maletines llenos de billetes como para comprarme un amante jovencito, hacerme una dentadura postiza nueva, y adquirir por fin buenos rouges, como los que llevan las top models más putas.
Me gustaba Hollywood, habían elegido un buen sitio para esconderme. Pero algo me hacía pensar que algún día ese sucio pervertido saldría de su agujero y volvería a ser el mismo bastardo que había sido toda su vida,
Tenía claro que jamás regresaría a mi país. Estaba mejor lejos.

Anuncios

4 Respuestas a “Una perra de las más ardientes

  1. De Rus es un satírico nato, el juvenal de nuestros días, el denunciador de la corrrupción de los poderosos. Excelente relato, potente mala leche. Hay que decir las cosas bien, sí, pero además hay que decir cosas. Inmortalizado queda el poderoso de dudosa moralidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.