ASESINATOS PROFILÁCTICOS VIII: Sólo tuve media vida

Por Santiago García Tirado

Quise acabar con él porque no era más que materia oscura arrojada sobre la tierra. Porque entraba por todas las puertas de la suerte, incluso las que no eran suyas. No se conformaba, como el resto, con vivir una vida, sino que vivía dos. En una tenía mujer y un hijo, pagaba su cuota en el colegio de abogados, regentaba además una asesoría y se había presentado a las elecciones para presidente de un equipo de fútbol de segunda división. En la otra tenía además una querida, con la que tenía otro hijo que llevaba a un buen colegio de maristas donde aprendía alemán y los rudimentos de la vida sin escrúpulos que lo llevarían en volandas a un futuro de éxito garantizado. Como papá.

Lo he matado porque no se puede admitir que nadie viva dos vidas en tanto que otros, como yo, no ha vivido ni media.

Fui padre absurdo hasta ayer. Ahora colgaré los hábitos, y seré un padre como tiene que ser. Una de las dos mujeres me dará el sí y abrirá la puerta de mi nueva vida.

De alguna forma hay que acabar con el desorden.

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