ASESINATOS PROFILÁCTICOS III: Educación

Por Eva Mª Cabellos

Llevaba todo el día detrás de la caja registradora sin descanso alguno y a pesar del cansancio procuraba poner mi mejor sonrisa con palabras como buenos días, gracias, adiós, estamos para atenderles. Pero por desgracia la educación se había perdido y tan sólo recibía malas caras, desprecios e impaciencia.
Eran las nueve de la noche y estaba cobrando al típico cliente de última hora al cual puse mi sonrisa y dije “buenas noches” pero no recibí nada, solamente una mala expresión; yo repetí “buenas noches” y el contestó “date prisa”: no lo soporte más. Cogí la botella de vino, me dirigí a él y con una rabia incontrolada me puse a propinarle golpes a diestro y siniestro. Antes de que diera su último aliento y con mis manos llenas de sangre me acerqué a su oído y dije:
–Sólo bastaba con decir buenas noches.

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