La esfinge de Gizeh

Por Eva Mª Cabellos

evamcabellos11

Quién no ha visto alguna vez la foto de la esfinge de perfil con la gran pirámide de fondo. Para mí es la más apropiada para identificar a ese pueblo que ha conquistado a tantas personas. Egipto, el misterio y las leyendas que le rodean junto a sus construcciones han hecho de este pueblo y su historia algo muy especial.
En la pared de mi habitación siempre tenía aquella foto, cuando la miraba soñaba con poder verla al menos una vez en la vida llegando incluso a convertirse el tema de Egipto en una pasión desbordante, o como me dicen a veces, una obsesión.
Unos años atrás pude realizar aquel viaje tan esperado y puedo asegurar que cuando vi por primera vez la esfinge de Gizeh quedé deslumbrada, a pesar de su deterioro por el paso del tiempo y el hecho de haber sido utilizada por el ejército de Napoleón para sus prácticas de tiro a finales del siglo dieciocho o primeros del diecinueve; aunque, según algunas investigaciones y escritos de antiguos historiadores, se cree que para entonces ya no tenía su nariz. Con sus setenta y dos metros de longitud, veinte metros de altura y catorce de anchura se muestra imponente en su intento de alejar a todo aquel que intente perturbar el descanso del Faraón.
Construida en la dinastía IV por Kefren, algo que también está en duda pues se dice que tal vez fue el hijo de éste quien la construyera en honor a su padre, tiene a sus pies un templo datado en la misma época, que hay que cruzar andando por un estrecho pasillo de poco más de un metro de ancho, el cual te lleva hasta ella. Por él vas lentamente con impaciencia, porque a pesar de haberla visto desde fuera, deseas poder observarla más de cerca. En ese momento, según esperábamos, nuestro guía –llamado Sayed–, un hombre bajito, regordete, con gran corazón y un amor especial a la historia de su país, me dijo:
–Al parecer puede ser más antigua aún de lo que cree.
Yo, acostumbrada a escuchar las miles de leyendas que rodean la esfinge, pregunté:
– ¿Esta vez por qué?
–Al parecer encontraron erosiones producidas por el agua y no por la arena, aunque no sé, son muy similares las dos.
Estaba claro que aquella se convertiría en una de las muchas teorías que rodean a la esfinge. Es curioso que una simple estatua, llamada por las gentes del lugar Abu el-Hol (el padre del terror) y tallada en un montículo natural de piedra caliza, pueda provocar tantas teorías y misterios en todo aquello que la rodea. Sólo la «estela del sueño» a los pies de la esfinge, mandada construir en la época de Tutmosis IV por la promesa que le hizo ésta en sueños de convertirle en rey si la liberaba de la arena, es lo único que se tiene seguro del cómo, cuándo y por qué. Por fin llegamos al exterior y desde aquel lugar, a pocos metros de ella, pudimos observar su imponente figura imaginando cómo podría ser en la época de los faraones, con todo su esplendor. Poco a poco te vas acercando al borde y estiras la mano con el gran deseo interior de tocarla, algo imposible, pero aun así lo intentas. Todo el mundo, incluido tú mismo, empieza a hacer fotos de todo tipo para poder «inmortalizar» el momento. En aquel primer viaje las fotos fueron normales, típicas, pero cuando estuve por segunda vez, por suerte con el mismo guía, nos acompañaba un representante de la agencia, un muchacho joven, delgado y algo asustadizo. Sayed nos pidió que hiciéramos todo aquello que nos pidiera y sin saber muy bien por qué así lo hicimos. Después de algunas posturas extrañas y las bromas oportunas pudimos ver unas fotos con efecto realmente simpáticas, eran este tipo de fotos que guardas como si de un tesoro se tratara pues, a pesar de ser sólo una foto, tienes la sensación de haber podido tocarla, o en algunos casos haber podido besarla. Felices por la experiencia fuimos saliendo de allí hacia la siguiente visita, no sin antes mirar atrás para observar a la esfinge por última vez, momento en el cual una voz interior te asegura que volverás a estar allí, en ese mismo lugar, mirándola mientras ella te hace la promesa de vernos de nuevo. Algo que te queda claro después de ir a Egipto: es que la magia y el misterio lo envuelve todo y si te dejas llevar puedes incluso sentirlo, empezando a comprender por qué hay tantas y tantas teorías sobre este país, especialmente en cuanto a la esfinge de Gizeh. Pero si de algo estuve segura fue de la grandiosidad en la época de los faraones.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s